martes, 10 de abril de 2012

Campoamor..., mujer de principios


Clara no es, ni mucho menos, una más de las luchadoras de las causas de la mujer. Fue un exponente esencial para que se consiguiera el voto femenino en el controvertido octubre del treintaiuno. Aún hoy podemos decir que fue toda una proeza en una sociedad plagada de miseria intelectual, entre aquellos muros de ideología tradicional e impotencia cierta ante las desconcertantes miradas de las mismísimas mujeres. Ni las avanzadillas políticas europeas, ni las republicanas españolas, ponían la cosa fácil a un tema que hoy pudiera parecernos de risa (aunque desgraciadamente, no tanto). Eran otros tiempos y otras mentes, en un país urdido de negrura secular, no solo en las cuestiones de la mujer. Pero en el fango inconsistente de la política y la tradición Campoamor destaca con mucha fuerza y vigor intelectual. Tal vez su potente formación jurídica y su honestidad mental le hicieron ver con claridad las vetas de la injusticia más rancia, discriminativa y deshonrosa contra la mujer. Su pugna no se entiende simplemente desde su posición política, coyuntural y atinada en todo caso a su ideal, sino en base a unos principios muy fuertes contra el desagravio del género sumiso durante siglos. La madrileña no vende su alma al diablo ni por partidos ni ideologías, y piensa lo piensa, y hace lo que piensa, aún a costa de perder el púlpito del poder. Con sinceridad indolente se enfrenta a la Ken –compañera de viaje, pero con mirada diferente–, al partido y al mundo entero (si fuera preciso) para defender siempre el voto de la mujer, por encima de las ideologías; y de las consecuencias nefastas que se urdían en ese ambiente de contrariedades; que cargaban injustamente contra la causa. En un mundo de machismo incontestado, y población mayoritariamente analfabeta, la elevación de voz de la Campoamor alcanza cotas heroicidad. Quiso el destino, además, que la cosa se complicara con el debate de esas dos parlamentarias que –únicas en el Congreso, y con distintas razones– hubieron de pujar contrariamente con criterios diferentes. Rara es la vida a menudo. Contra viento y marea mantendrá Clara una exigencia que hoy nos llena de orgullo a las mujeres, pues supo defender sus convicciones con tesón, siempre apasionada, pero con una envidiable inteligencia y tenacidad por una causa que ruboriza, como es buscar simplemente la igualdad. Qué cara tuvo que pagar su valentía y sus principios, teniendo que dejar su vida desterrada al otro lado (Suiza), aunque nos dejó un legado difícil de olvidar. Su compromiso y firmes principios son, al menos para mí, toda una lección en este mundo donde tantas veces se presume por muy poco; y se envanece por demás.

QUE PARE EL TREN EN LOS PEDROCHES

QUE PARE EL TREN EN LOS PEDROCHES
Vista Parcial de la Manifestación en la Estación de Villanueva