domingo 18 de marzo de 2012

Nueva Entrega Premio Solienses

Hoy se entrega de nuevo el Premio Solienses, que está ya consagrado. Con esta nueva edición se confirma la buena acogida que tiene, que responde ante todo a necesidad de eventos culturales de este tipo y una magnífica gestión de sus posibilidades. Desde aquí quiero dar mi enhorabuena a todos los finalistas y escritores de Los Pedroches, que a diario disfrutan con el ejercicio de la Literatura y nos permiten a los demás hacerlo también. Hay que felicitar especialmente al ganador, Francisco Carrasco, que con su Taxonomía ha sabido recoger algunas de las inquietudes de nuestro tiempo y mostrarnos su forma de escribir. Todas la obras presentadas tienen mi consideración, y poco a poco aparecen autores desconocidos que escriben en nuestra tierra y de nuestro mundo con mucho acierto y sensibilidad. Sobre el premio poco hay que decir que no haya dicho. Tiene bondades de todos conocidas (y limitaciones), y es un acicate para la Cultura, aunque a veces y en las entregas se observa que el interés se circunscribe a un elenco de personas (repetido, y con determinadas características..., ¡que no tiene nada de malo, pero..!)que debía ampliarse a otros espectros (y el Administrador me dirá que ya querría él). Tampoco me gustan los criterios de selección de los finalistas, aunque ya he hablado de la legitimidad del administrador del Blog; también de esos autores que vienen con el aval de los laureles, y por ello siempre hay que darle cabida (que lo merecerán tal vez..., o no..., pero el qué dirán...). Dado que lo que se hace tiene aceptación y considerable difusión, convendría que el organizador fuera cada año un poco más allá e introdujera novedades, para potenciar diferentes sentidos y perspectivas, aunque ahora vaya sobre seguro, pero crearía más expectación a mayores segmentos de la población. La Cultura no puede ni está restringida a eso que acreditan los políticos y las editoriales, los culturetas, o personas en los márgenes de los poderes mediáticos...; creo que es más amplia y hay que saber buscar más perspectivas. Es una opinión de alguien que no tiene mucha idea y tal vez no tenga razón. Pero ya que hay alguien que busca potenciar la Cultura (que no es a nivel institucional), pues que sea con la mayor apertura social posible, con mayores criterios literarios y diversidad de población. Las fotografías y los eventos hablan de la dimensión del evento, y no hay pega que ponerle, pero tal vez si combiene una mirada analítica y constructiva para sacar conclusiones. En todo caso, la comarca se enriquece siempre y eso es lo importante. Mucho más cuando se impulsan también nuestros monumentos poniendolos en relieve, como este año en Santa Clara de Belalcázar. Enhorabuena a todos y mis felicitaciones a los agraciados.

jueves 15 de marzo de 2012

Espíritu de contradición

Hay personas que llevan dentro el espíritu de contradicción. Son contradicción pura, y se dicen de principios.., y hasta te lo hacen creer ¡Como es la vida! Tan pronto dicen blanco como negro, y argumentan el blanco, el negro y el morao. Puedes encontrarlos en la solana y a la umbría, discutiendo aquí y allá por cualquier cosa, pero siempre postulando y mostrando rebeldía. Hablan ex cátedra y ensalzan las mil verdades a medias, que hacen daño al ignorante y al ingenuo dan la media. Tan pronto dan en el clavo como en la herradura, y como argumentos nunca faltan en los aderezos de la vida, pues ya ves: contradicen y alaban a poetas; critican y secundan a científicos; odian y merodean a políticos, y un sinfín de vericuetos con desmán. Total, con decir que la vida es de colores ¡Bueno va! Porque puede uno ser hoy obispo y capellán, y mañana anarquista y un rufián; torcer y cambiar mil veces de chaqueta... y ser más listo que un chamán. Todo pueden algunos, subir como bajar, hacer amigos de albarda y hasta enemigos de odiar. ¡Que la vida es un suspiro, y hay que saber marchar! Vaya, vaya...Lo malo de esta chufla y bufonada es que hay gente poco critica y callada, gente de buena intención, pero que no dice nada y que se dejan engañar. Son de temer a diario quienes saben mentir bien, quienes malgastan el habla..., quienes dicen blanco y negro, te engañan con to su arte y hasta te esperan mañana. Hay que asentir que tienen habilidad, donosura y buen talante, pero hay que ponerse a resguardo cuando los tienes delante

miércoles 14 de marzo de 2012

Saber mirar...


Ya no sabéis mirar ni el cielo ni la tierra, ni lo de en medio, me dice el abuelo Manuel con toda su sapiencia. Y es verdad. No hay cosa que más me angustie, y entrice más mi conciencia, que dejar pasar el aura de nuestros mayores, que tanto saben y se nos están yendo. Por eso una y otra vez ando como posesa apuntando aquí y allá lo que aún oigo de la entrecortada y vacilante boca de este hombre de campo que, como muchos de nuestra tierra, miran ya el futuro con ojos vidriosos y cansinos, sin entender ya nada de nuestro mundo. Pero en el suyo son unos maestros, y con su desaparición nos dejaran al borde del abismo. Solo ellos saben mirar la naturaleza con el escalpelo de la experiencia, escudriñando arriba y abajo, desentrañando verdades irrefutables durante toda una vida. El otro día me acompañó al campo y le solté la lengua cuanto pude, porque ya es cosa de andar con tiento en rescatar un tanto de su sabia. No es tarea de un día ni aún de un año, pues habla y calla en sus adentros a destajo, sin orden ni concierto; y una se emboba en sentimientos y no atiende en fino a lo que dice, que es dispendio de gran enciclopedia. Al arrullo del camino me explica con quietud la sementera, y me abruma con derroche sobre calidades del terruño aquí y allá: que no es esto de trigal bueno, sino de cebada y garbancera, tierra áspera...; que si el musgo marca los cardinales, Niña, que eso lo saben hasta las bestias. A veces pienso que si cayera una bomba atómica y quedáramos solo cuatro (yo entre ellos, claro) no sabríamos sobrevivir como entre nosotros no quedara un abuelo. El mío me recuerda mucho y a menudo al Señor Cayo de Delibes –gran conocedor también del campo, que admiro con fruición– cuando decía aquello de que lo que hay en el campo sirve siempre para algo..., ¡Pues para eso está! (ji, ji, ji..., evidente). Del abuelo he aprendido mil cosas que me vienen ahora a la cabeza, como cuando me decía de niña con ternura que ¡Cuando llueva... vete siempre donde van los animalitos...que ellos saben, Niña! Cuantas veces me ha dicho que hay que saber mirar al cielo –sin ser meteorólogo ni señor del tiempo–, que en nuestra tierra el agua siempre viene por su camino, que nunca hace tonterías y se repite, ¡Basta con poner cuidado! De tanto oírlo me sé de retahíla sus dichos y creencias, que algo de cierto tendrán, pues si al cierzo del Norte y al calabrés del Este (vientos) le pone mala cara..., por algo será; mucha verdad guarda aquéllo de que la Sierra Trapera con gorra...no hay arroyo que no corra; o Guadiana cerrada y Córdoba abierta..., agua cierta. Si fuera mal pensada y entrometida diría con rintintín que Ni aire solano ni gente de Torremilano, pero no quiero calentar el ambiente (es broma). Manuel me ha enseñado también a mirar a la antigua la edad de las bestias, y es fundamental en mi oficio, tentándole las quijadas y apreciando los dientes de leche en las quinceñas, que parece tontería y no lo es. Quizás algún día nos acordemos del legado de nuestros padres y abuelos..., y entonces queramos correr a buscarlos, pero será inútil, porque ya no están. Se nos están yendo las últimas lenguas de los que saben. Una tiene envidia sana, también, de lo que no está en los libros. Pero hay que saber mirar.

martes 13 de marzo de 2012

Plegarias y rogativas


Vaya por delante mi perdón, que es cosa seria. Pero suena a bufa y pandereta en estos tiempos postreros de Carnestolendas. Me refiero a las rogativas que oigo se vienen realizando de forma alegre por nuestros pueblos (Añora) para que llueva. Vale que no llueve y que estamos al borde de la sequía –que especialmente sufro en mis carnes y de mi ganado–, pero de ahí a revivir los escenarios de hace siglos va un punto de diferencia. Un punto muy grande. Cuando se hace de forma sonada y con alharacas pasa de lo pintoresco a la ignominia, transitando por la ingenuidad e ignorancia que pueden algunos aprovechar a poco se lo propongan (medios de comunicación...). No juzgo para nada las creencias religiosas ni la fe de quienes hacen estas plegarias, pero entenderán bien que a estas alturas las encuentro fuera de lugar, completamente candorosas y estrictamente inasumibles. El pensamiento providencialista tuvo su tiempo y lugar, y aunque prevalezca este último hace ya tiempo que la Ciencia demostró que la lluvia cae por razones bien distintas. Obviamente, no quiero entrar en cuestiones metafísicas ni teológicas, que doctores tiene la Iglesia (y me rebatirían, con ayuda de Dios, además), pero creo que hay que guardar las formas mucho cuando objetivamente hay razones que obligan a tener cautela. A no ser que busquemos el espectáculo y la promoción de nuestros pueblos por esta vía, que no deja de ser un camino... (que no apruebo), pero para eso ya tenemos cofradías y hermandades a espuertas. Si no nos atenemos a verdades científicas, y se persiste en el intento, pues ¡ala! A salir todos a la calle cargados de santos, de cruces y con pluviales, que aún están a mano y poco hay que limpiarlos. Seamos serios y no busquemos la mascarada, que la Historia es seria y da disgustos: dice Vero que hubo una vez que de tanto rezar (s. XVII) acabó lloviendo con desmán y se inundó todo durante una semana. Pues eso.

sábado 10 de marzo de 2012

Claridad..., ha nacido


Las vacas no entienden de Domingos; ni de fiestas ni botellones. La Niña, hija de la vaca Grande, y nieta de la Escuadrilá ha sido madre. Esta madrugada se ha producido de nuevo el milagro de la naturaleza, el nacimiento de una vida que siempre te deja sorprendida, aún con la desazón del incordio y el trajín de una larga paridera. Estos últimos días barruntaba mi padre que la cosa no terciaba en recto, y desde siempre sé que tiene una vista de cuidado; que ve criar la hierba (que decimos en mi pueblo), y por lo bajilis le escuché que la cría no venía bien; que hacía extraños la Niña que no le gustaban ni un pelo. Y el pronóstico se cumplió, pero en mala hora, como siempre pasa. A las cinco de la mañana nos llamó a las niñas (como nos dice cariñosamente, aún veinteañeras) para el parto de marras. La pobre estaba sufriendo con vehemencia y en silencio, porque el becerro venía completamente retorcido y en mala pose. Ya no era posible esperar, ni deliberar a cielo abierto en el paridero de la vaqueriza con luna de rondón. Vero se puso manos a la obra, que tiene un tiento de comadrona como no he visto en la comarca; sabe y entiende más que nadie, y en la experiencia ha ganado ya cátedra. Mi padre la deja hacer porque apaña de verdad los partos difíciles, y le ayuda por detrás con auxilio de cirujano jefe. Primero probamos de pie, abriéndole los cuartos como cuñas y colocando con paciencia aquel escorzo imposible, porque ¡Dios, que mal venía! Finalmente la tumbamos para menguar el esfuerzo del animal que a la hora y media se hacía imposible. Qué sufrimiento de todos, abriendo y apretando, tirando y reteniendo, cambiando...Vero sudaba como un atleta en diez mil metros, secándola yo con tesón y sin estorbo; calmando también al animal con friegas en el cuello, mirando su rostro compungido, exangüe, sin respiración y su mirada exhausta al infinito. Qué manera de echar berrón por los hocicos..., qué tensión más dura de las carnes..., qué calma de mi padre tentando el vientre y serenando al animal. Porque hace falta tesón y calma a un mismo tiempo; parar y arrancar en un instante, penetrar bien las manos y mover con avidez, que el animal se queda trasmutado. Y suda Vero y yo agonizo en frustración completa, que no sé qué hacer..., ¡Que yo no puedo! Tiembla la noche clareada por la luna y el silencio escucha aquel dolor inmenso de la noche. Porque a la vida le cuesta nacer..., y la muerte cauta siempre espera en la sombra atolondrada. Después de dos horas bien cumplidas, por fin puso Vero la Cabeza en situación ¡Que alivio! Para tirar con fuerza y con fricción, sacando al gigantón por las dos patas. Vio el aura de la mañana nuestra sonrisa encontrando al principio de la vida, saboreando un pizco de Esperanza; tentando al destino con fiereza..., pensando que esta partida se la ganas. A fuerza de tesón y de osadía mi hermana consiguió sacar la marca de la vida. ¡Qué bicho, madre, nada me extraña en la vaca la perfidia! Es una becerra mastodonte que al sol mañero pudimos celebrarla. Padre dijo de ponerle el nombre de imperiosa, por eso de la espera y tenernos arrodilladas. Vero sentenció que ¡Claridad! por habernos hecho la luna de campaña. Y así la llamaremos a esta moza, que en el rintintín de la mañana, en poco ya se puso a cuatro patas, miraba obnubilada y casi anda. No ha dado una noche de cuidado, pero bien vale la vida esta de estampa: que se ha cumplido el milagro de la vida y una servidora se ha ganado el pan de la mañana. Acabado aquel calvario los tres nos quedamos como quietos, tomando esa pinta de aguardiente que tomamos en la gera de mañana. Es costumbre sana y buena para empezar la jornada. Aún me tiemblan las piernas, pero tengo la vista muy clara. A más de cuatro finolis, de esos de mochila en ristre, senderistas de pacotilla, y rumiantes de vaguada, les daba mañanas de éstas, con mil dolores de espaldas: ¡quieren vivir sensaciones..., y en la vaqueriza no faltan!

viernes 9 de marzo de 2012

Leer..., con pasión


Leer con pasión es también vivir con pasión e intensidad; porque la lectura, bien hecha, no nos deja nunca indiferentes. Más bien todo lo contrario. Algunas personas malinterpretan leyendo a ratos, figurando que leen, en el tiempo de ocio como un lapsus en el sinvivir existencial; otros, lastrados por las imposiciones (academicistas), leen sin deleite, a tragullo y sin ver en ello más denostación que la de un trabajo odiado; tampoco son loables las dejaciones de quienes, por ignorancia y sin adecuada formación (desgraciadamente), denostan la lectura como a un bicho raro que contagia o enferma, u otras consideraciones variopintas cargadas de ingenuidad y gracejo: como la de mi padre, diciéndome aquéllo de que voy a dejar el capital en los libros. A lo que respondo yo también con pericia, y lo dejo pensando: ¡No padre, al contrario, que compro el alma de un autor por cuatro euros! A veces (con demasiada asiduidad) no nos paramos a pesar lo que decimos y hablamos a la ligera, pues si lo hiciéramos con raciocinio nos daríamos cuenta de las barbaridades que decimos. Creo que es más que evidente que la lectura no es simplemente un pasatiempos, como quien juega a las cartas, sino una actividad vertebradora de nuestra existencia como seres inteligentes. La lectura nos hace grandes porque sirve como cuadratura del mundo, pues como decía Molesini el lenguaje es el límite del mundo, y en la medida que nuestro lenguaje se amplie o reduzca así lo hará nuestro pequeño mundo. En el mismo sentido habla Marina (sintetizando a otros, claro) señalando que la estructura de nuestra inteligencia es lingüística, y es completamente cierto, pues nuestros conceptos, expresiones, afectos, etcétera se fraguan en el horno del lenguaje; quien más lee más comprende, mejor se expresa y capta con suficiencia la carga afectiva del lenguaje; basta con escuchar a un cualquiera (que mal suena, perdón) para conocerle muy a fondo, digo yo con frecuencia. Por ello cuando leemos no solamente nos divertimos con argumentos literarios, sino que asimilamos estructuras y palabras, sentimientos y actitudes a las que quizás no podríamos llegar de otra manera. Cicerón era bien elocuente –nadie lo dudará–, y decía que para hablar bien es imprescindible leer. Son los grandes maestros de la Literatura los que nos enseñan el fondo del hombre en toda su verdad y crudeza; ¿Cómo podríamos si no entender de verdad la ambición, la fidelidad, el egoísmo, la amabilidad..., si no fuera por Shakespeare en Macbeth o El Rey Lear, a Dostoievski en su Crimen y Castigo, Unamuno en Abel Sánchez y La Tía Tula o el Pascual del ingenioso Cela? Ellos y solo ellos han sabido penetrar en los entresijos de la conciencia, en los recovecos del alma y en las cavernas del corazón. A través de ellos aprendemos nosotros, simples mortales (ilusos). Nuestra precaria existencia no nos ofrece a la mayoría más allá de ingenuidades. De forma estridente, sarcástica y elocuente sacaba rápidamente a flote Cervantes en el Quijote el tema de los libros, quemándolos con fruicción, para corregir la locura-sabiduría del pobre D. Alonso: ¡Qué lección tan magistral dada por un genio que en quinientos años no ha sido aún tambaleado de la peana de la sabiduría! En boca de D. Quijote decía el genio universal una verdad como un templo: Quien mucho lee y mucho anda, mucho ve y mucho sabe. Es cierto que hay edades y momentos, pero siempre debemos leer con satisfacción e intensidad, como algo natural y constructivo. Hoy día tenemos una suerte extraordinaria, pues nuestro tiempo nos ofrece lecturas a niños y jóvenes, maduros y ancianos con distintas profundidades, temáticas y sensibilidades. Como decía Plinio el Viejo, no hay libro malo, y hasta el peor del mundo nos puede enseñar alguna cosa positiva. No sé si convenderé a alguien sobre lo que realmente pienso, y hasta resulto pesada –como dice mi padre– aún con argumentos de otros, pero todos ellos son los que realmente han dicho lo verdaderamente importante del Mundo. La mayoría de la mayoría decimos más bien poco, y a veces mal.

miércoles 7 de marzo de 2012

Cosas del Ayer


A veces me invade la nostalgia de forma un tanto irracional y paradójica. La actual situación agraria de la comarca (de las últimas décadas), a la sombra de la COVAP y otras cooperativas que han permitido nuestro desarrollo, han dejado ya en el olvido las briegas de nuestros abuelos en el campo, los sinsabores del terruño y la ingente zozobra en la subsistencia del pasado. Sin embargo, cuando oigo a mi abuelo en las cuitas de su memoria, desvencijada y perdida, me obliga a rumiar con detenimiento lo que dice: el trajín de las yuntas alzando durante jornadas el terrón sin prisa, sin mayor prurito que el de una necesidad sin recompensa; la poda y tala de la Vera con exquisito cuidado, controlando con esmero los pies centenarios con sabia innata de un ecologista avezado; el trajín sagrado de las cavas, linares y garroberas en las hojas de arriba, sin la prieta de un salario digno, pero con la honestidad y el pulso firme de una dignidad añeja que no se medía con el peso del mezquino dinero. Hoy no se podrían pagar las geras de nuestros abuelos ni con todo el dinero del mundo. Le oigo hablar del orgullo de la pardala en el laboreo, del tiento de la sementera y de las boyada como si lo vivera en el horizonte de su mirada; con cuanta verdad me habla de la limpia de la era en el ejido de San Martín, de la parva y del engorro del encalque, que desde niño vivió con la fruición de sus antepasados como actos sagrados inmutables. Y se le tiñen de lágrimas los ojos recordando a su hermana (mi tita) de viandera en palique imperdonable para quienes esperaban con anhelo el maná de la mañana al arrimo de la mies y de la hacina. A veces el abuelo me deja cuajada con el bello como escarpias, relatándome la rispia en la montanera, sus desvelos y desmanes (que de todo había por necesidad) al despunte del sol, que sonrojan a cualquiera viendo las piaras de cochinos que hoy mantenemos a millares. Ya no comprende Manuel ni la mitad de los artilugios que tiene Vero en la vaqueriza, pero la tez renegrida y los surcos de su cara conocen mejor que nosotras, cien mil veces, la sangre de nuestra tierra.

QUE PARE EL TREN EN LOS PEDROCHES

QUE PARE EL TREN EN LOS PEDROCHES
Vista Parcial de la Manifestación en la Estación de Villanueva