La última obra gráfica de nuestro paisano (de Villanueva del Duque) Fernando González Viñas y José Lázaro acaba de ver la luz. Para Los Pedroches, un granito de arenas más en la producción cultural, que no es poco. Mi enhorabuena para estos autores que se atreven a lanzar una historia con el doble lenguaje del grafismo y texto, que tiene su miga. Aún no la he leído y carezco de criterio para valorarla en justicia, pero seguro que tiene todo el esfuerzo y la pasión que le ponen estos acróbatas del arte con entreveradas mixturas. El argumentario lo sitúan en los años sesenta, de la emigración hacia Europa, y cuentan los avatares de una generación que pasó lo suyo, mirándolo seguramente con un punto de nostalgia como vivencia personal. En estas obras los quilates más fuertes están en la pasión que se le pone por ser cosas vividas en primera persona, trasladándonos los descalabros y frustraciones de aquel tiempo, que para los más jóvenes nos parecen anécdotas sin visos de realidad; aunque seguramente no lo eran. En los tiempos que vivimos, me hubiera gustado que los autores, conocedores del percal (que dice el abuelo) de la emigración, hubieran entreverado una historia con la migración actual de los jóvenes, pues estamos en un momento en que la emigración a Alemania se reproduce, aunque no sé en que términos. Hubiera sido interesante parangonar situaciones para ver si esto de ahora tiene algo de aquéllo de entonces, salvando las distancias. Cierto que somos más cosmopolitas y tenegos whatsapp (ja, ja, ja), pero algún resquicio de los encontronazos actuales he oído, y seguramente que la cosilla hubiera tenido guasa e interés. Bueno, pues ahí está el producto de su trabajo para que lo veamos y disfrutemos con él. En todo caso, enhorabuena a su esfuerzo y pasión.
domingo, 11 de mayo de 2014
sábado, 29 de marzo de 2014
Exhaustos (AVE)
La llegada del AVE a Los Pedroches nos ha pillado desvanecidos y a contrapié. Claro que lo esperábamos de un día para otro, pero de otra manera. Después de una larguísima andadura…, después de un camino sin fin…, después de una cuesta empingorotada de muchos vericuetos…, al fin llegamos arriba desfallecidos y sin aliento. Arribamos a la cima sin resuello siquiera y sin darnos cuenta de que hemos legado, porque finalmente hemos alcanzado la meta y no te esperas el desenlace de inmediato. Aquí arriba te quedas como atolondrado y sin aliento, mirando a los lados con incredulidad y un poco de desconfianza después de tamaña empresa. El tren de alta velocidad ha sido para nosotros más que una aspiración una ilusión irreal, que hasta hemos creído inalcanzable a pesar de desearla y dejarnos la sangre en el intento. La ficción de la consecución ha sido tanta, que en los últimos envites de los políticos y coros de la Corte ya no se hacían siquiera ni reivindaciones (de cuantos, cómo, tipos…) concretas de horarios o costes, sino simplemente esperar la limosna como fuere. Los ciudadanos hace tiempo que perdimos el pulso a las instituciones, que saben bien como templar ánimos y tienen paciencia más que sobrada para soportar bravatas que simplemente se quedan en el aire. Ahora veremos el AVE con unas lentes deformantes al tenor de unas aspiraciones cumplidas, de unos anhelos minimizados, de unas perspectivas plagadas de incertidumbre…, y de un futuro que tal vez no se corresponda con nuestro retrato robot plagado de satisfacción y esperanza. En todo caso, lo que sí ha quedado demostrado es que la comarca se alzó como nunca, por primera vez unida, para luchar por un ideal que más que una quimera de fondo representó el nacimiento de cordón umbilical rubricado por una conciencia colectiva. No es poca cosa. También ha sido importante la perseverancia en el empeño, que aún teñido de contrapuntos y desengaños ha servido para fortalecer los lazos y enseñarnos que las grandes aspiraciones tienen un coste, pero finalmente se pueden alcanzar. Aparte de los objetivos perseguidos, y el sinuoso camino, también hemos aprendido mucho de los políticos, que los conocemos más a fondo y sabemos lo que son, de sus mentiras y falacias, su falta de respeto y consideración, oportunismo, manipulación y grosería. De sus aristas y angulosidades hemos aprendido bien las lides de la política y la lejanía con nuestras necesidades. Seguro que nos siguen engañando y encandilándonos en la carrera de nuestra vida con hipnotismo de serpiente, pero no será porque no conozcamos muy buen los trucos del animal, de la cesta y de la flauta. Mañana será un día histórico para nuestra comarca, aunque la gesta del AVE habrá que recordarla como una pugna al infinito durante más de un lustro. En la Estación deberían poner una exposición intemporal de esta agonía que, a estas alturas, parece ya casi histórica y sujeta al desgaste de la perspectiva. Desgraciadamente hoy, en vísperas de las primeras paradas del tren, nos encontramos exhaustos y con el sabor agridulce de un fruto que nos sabe raro al paladar. De momento carecemos de la sonrisa exultante de un gran logro, que se nos ha quedado en una mueca un tanto insulsa y desconcertante, aunque tengamos el rostro de la obra maestra de la Gioconda.
miércoles, 12 de marzo de 2014
MUJERES
A diario, ahí es cuando hay que
reivindicar el papel de la mujer. Creo que sigue siendo necesario que nosotras
apostemos por nosotras, que no sean las instituciones (o los políticos) las que
nos tengan que poner el membrete, que es lo que hasta ahora pasa, regalándole los oídos a unas cuantas que son mediáticas
y se conforman con salir en la foto. Chica prebenda para tan alta causa. Las
mujeres tenemos que estar de lleno en la sociedad no porque queremos ser
iguales, sino porque no somos diferentes, porque tenemos las capacidades
necesarias para estar en lo más alto y lo
más bajo de nuestro mundo como todos; porque somos cientos de mujeres en
las universidades y ámbitos profesionales, en la casa y el deporte, en los
medios de comunicación y en la calle. No deberíamos de tener que hacer nada
extraordinario, pues por lógica, como en el amplio espectro de la vida, donde
hay vino se bebe vino, y donde hay agua beben agua; pues si en el mundo hay mujeres todo tiene que estar no
solamente impregnado de mujeres (y encima para lo malo y especulativo), sino
constituido en esencia por una parte de mujeres. Somos nosotras, repito, las
que tenemos que parapetarnos con fuerza aquí y allá, en lo más alto de la
empresa y sus direcciones; en la escuela y los institutos aprendiendo a no ser
distintas ni distantes; en la casa y fuera de ella evitando replicar los roles
tradicionales. La discriminación de la mujer tiene mucho legado heredado, sobra
decirlo, pero para romper esa inercia debemos nosotras hacer mucho presente con
una posición destacada, inequívoca, demostrando lo que somos, y volcar nuestra
mirada al futuro sin miedos ni manipulaciones burdas. En las propagandas de
apoyo a la mujer hay mucha carátula ficticia y de escaparate, que no vale para
mucho, aunque no sobre; pero la realidad se supera con realidades, y esas las
hacemos nosotras (o no) a diario. Creo que a veces nos falta impulso y decisión
verdadera, y acaso encontremos en ocasiones en la desigualdad lugares
acomodaticios que en muchas ocasiones no se entienden; aspiraciones precarias
que se desfogan con solo decirlo y no hacer nada. El machismo que abunda por
doquier no puede ser solo cosa del pasado o de los hombres, y tal vez tengamos
que hacer una lectura un poco seria de lo que es el hombre y la mujer como
seres humanos sin distinciones de notoriedad. Queda mucho trabajo por hacer.
Claro que la tradición machista es un hueso duro de roer, pero aquí nos lo
jugamos todo si queremos que nuestra existencia cambie; sino, ya sabemos lo
queda: más de lo mismo. Hoy recordaba haciendo una retrospectiva, meditabunda
durante el ordeño, de esa España que en la historia de la Literatura te deja
helada: pareciera como si la mujer no existiera a través de los siglos y no
hubiera escrito nada entre la corte infinita de los juglares ni en los romanceros,
ni nada pintara entre la pléyade de los Rojas, Fray Luis de León, Juan de la
Cruz, Jovellanos, Cervantes, Santillana, Hita, Góngora, Quevedo, Montemayor, los Valdés, Feijoo…; cuánto cuesta traer a
la palestra alguna mujer que, quizás, fuera empingorotada por su especialísima
capacidad y sentido místico (o político, a su manera) más que literario, como Santa Teresa; o alguna preceptora
avezada en lides de otro tipo como Dª. Beatriz Galindo…, o esas pocas
contemporáneas que empiezan a alzar la voz ya roncas del desasosiego vital,
como Rosalía, o corajudas y eminentes como la
Bazán, la Campoamor o la Kent; bien
es verdad que el séquito postrero ya es contundente, pero en forma alguna
suficiente ni igualado en lances. Pero que corta presentación para tan larga
andadura. Es desde luego para pensárselo y reflexionar sobre ello. No podemos
pasar por la vida sin dejar huella en nuestra historia: no porque dé la
impresión de que no existimos, sino porque en realidad una parte importante de
nosotros en verdad no existe bajo este prisma de inferioridad admitida (o
consentida).
miércoles, 19 de febrero de 2014
COVAP, ¡ay...!
Con la verdad por delante,
siempre. Eso dice el abuelo, y me gusta el dicho hasta para lo más superficial,
porque luego todo acaba siendo un asunto más que de fondo. La cosa viene a raíz de lo más nuestro, la
leche y la COVAP (nuestra madre que rige nuestros destinos), de la que he visto
tangencialmente algunos asuntillos que no me gustan mucho. Claro que habrá
algunos que me dirán de inmediato que tiro piedras para mi tejado, pero me
gusta que las cosas se hagan con cierta seriedad y sin faltar a la verdad: aunque
sea en lo más baladí y menos sustancial. Mirando por los albores de la red, y
el paraíso de twitter he leído
algunos comentarios sobre la COPAP que me llamaron la atención; y con
curiosidad miré luego la página oficial de nuestra empresa lechera. En algunos
apartados se dicen cosas un tanto fuera de sitio. Cierto es que el aparato
propagandístico puede y debe jugar con todo tipo de recursos -faltaba más (con
sus límites)-, pero algunos comentarios están sembrados de una pizca de
gazmoñería (ja, ja, ja…). Es broma. Creo, ya de veras, que no hay necesidad de
empingorotar nuestra naturaleza de una manera tan infantil y falta de sinceridad:
ni nuestro valle es un paraíso ni es perfecto; ni todo es armonía ni creo que
sea un encuentro de huellas de raza. Ni siquiera fue un proyecto
revolucionario, pienso, más bien un aventurado resorte cooperativista surgido
de la necesidad de unos pocos sin grandes pruritos. Lo demás vino después, un
poco sin saber por dónde venía. Tampoco me gusta que se utilice con reiteración
(aunque nos convenga) el término VALLE, pues en no pocas ocasiones he leído por
ahí que el vocablo que utilizamos no es adecuado, y no hay necesidad de incidir
en una calificación geográfica que no es cierta, aunque en las pasadas décadas
se utilizara en términos un tanto romanticones, ya completamente desfasado de
tiempo y de espacio. Dice mi hermana Vero, y cualquiera de nosotros lo ve sin
ser especialista en nada, que nuestra comarca está muy bien definida y tiene
señas de identidad suficientes sin recurrir a ese nombre que puede engañar a
muchos foráneos, entendiendo que vivimos en un valle idílico, donde las casitas
son de chocolate, el paisaje están envuelto en verdores de la tierra cántabra y
los chorros de leche resuenan en el caldero con música de Ludwig van Beethoven. No por Dios, no seamos
necios. Eso no nos beneficia. En las imágenes y titulares de marketing pueden
valer las estridencias explosivas, llamativas y hasta desmesuradas, pero en el
contenido informativo debiera primar la sensatez, la sencillez y la mesura. La
verdad ante todo. Eso creo yo, que soy una pequeña vaquera. Eso dice también mi padre.
La cooperativa COVAP
“…El paraíso de la leche es el
valle de los Pedroches. Lugares perfectos para criar nuestras vacas, ovejas y
cabras (. pic.twitter.com/JNdIh90NPJ)
COVAP
Existe un lugar donde todo es armonía, un paisaje en el que hombre y naturaleza juntos obtenemos lo mejor de
cada uno. Existe una tierra de encuentro, de huellas de raza, de manos fuertes
y de orgullo forjado al frio y al sol
De hombres decididos y trabajadores, marcados por una tierra en la que
hunden sus raíces las encinas de la dehesa del norte de Córdoba, surgió, hace
ya más de 50 años, un proyecto que revolucionaría la vida de los habitantes del Valle de los Pedroches, de la
Serena y del Valle de Alcudia…”
viernes, 7 de febrero de 2014
La ilusión del Tren
El tren de la ilusión tal vez se
haga realidad bien pronto; y tal vez la ilusión del tren nos deje en la desazón
de la realidad. Nunca se sabe. Después de tantos años embargados en la quimera,
la verdad nos puede herir hasta la cristalina de los ojos. Conseguir algo que
tanto queremos y defendemos, a lo que tanto aspiramos, nos deja un tanto descolocados;
aunque simplemente sean migajas. Primero, porque sería una victoria impensable
hace décadas, y aunque se haya demorado los kirios,
y hayamos dejado hasta los sombrajos del alma, confirmaremos que aunque derrotados por los políticos (escabrosos
en sus lides) se puede afirmar que con la razón y la fuerza de la unión sigue
siendo válido el dicho popular (Pueblo unido). Esa es la primera parte que tal
vez nos satisfaga un tanto. La segunda menos, pues no será tanto como pensábamos;
menos de lo que querríamos; y nada de los que anhelábamos en Justicia. Pero
algo es algo, diremos. Desgraciadamente el sabor agridulce se puede aún amargar
bastante cuando la realidad supere la ficción, y las estadísticas del Rápido (AVE)
nos muestren sus entrañas descarnadas. Nosotros nos afirmaremos en nuestros
derechos y dignidades como ciudadanos, y asentiremos que la Justicia existe. La
pena es que desgraciadamente, me parece, el mundo en el que vivimos se mueve
por otros ruedos que a veces nos desagradan, que van mucho más allá de las
palabras bonitas y de los ideales. Quisiera equivocarme mucho. Sí. Quisiera que
el nuestras esperanzas se cumplieran en la mayor parte, pero sobre todo que el
anhelado AVE cumpliera ese papel que tanto pronostican los entendidos enfilando
cauces de progreso y desarrollo. Quisiera, claro que sí, que fuera una puerta
abierta de verdad y entrara y saliera el aire fresco a todas horas, y que tuviéramos
razones acreditadas para defender lo nuestro. Pero, sinceramente, a estas
alturas del fragor de la contienda veo mucha desilusión y desamor. Mucho
conformismo y empeño acomodaticio a lo que sea. Tal vez lo nuestro era una
ilusión; tal vez solamente era una quimera para remover los corazones y
sentirnos vivos. Tal vez todo fuera verdad, acaso cierta, y solamente nos quede
despertarnos del sueño en que vivimos. Quizás algún día, dentro de muchos años,
recordemos este combate simplemente con romanticismo.
viernes, 31 de enero de 2014
Obsesión
La semana pasada estuve de compras
en la capital, acompañándome amablemente mi amigo Rafa. No voy a decir que no
me guste comprar, que lo hago como todo el mundo, pero soy bastante reacia a
embargarme en estas cuitas promovidas por las grandes compañías para fortalecer
sus intereses. Bueno. Más que nada me gusta mirar qué se lleva y pasar un rato
de distracción, quitándome de la vaqueriza, respirando un poco del solaz de la
capital. Y de paso..., pues también pico un poco en todo esto que nos ofrece el
mundo del consumo. Por supuesto que no soy ingenua y comprendo más o menos como
funciona este tinglado de la sociedad de consumo, y de las Rebajas, pero mi
compi, que me acompañó toda la jornada, me hizo al final una síntesis
estremecedora. Ya me lo esperaba, pues en las últimas tiendas y almacenes –que
eran de varias plantas, y acristaladas en las planas superiores– se encaramó en
una de las esquinas de la parte superior, y estuvo quieto durante mucho tiempo apreciando en fino el espectáculo, bien pertrechado con una
observación detenida y una manera de escrutar lo que veía con fricción. Primero
no me dijo nada, pero luego en el coche soltó todo aquel vómito que le corrompía
el estómago con lo que había visto. De entrada me entretuvo bien y me soltó la
sonrisa floja y la carcajada, pero sus verdades se me clavaron en lo más hondo
por lo grotesco, inconsciente y malvado del aquel escaparate inmenso que son
las compras. Metido ya en materia me
soltó aquello de que ¡vosotras estáis ciegas y taradas...!, no os habéis visto
ni de cerca ni de lejos; ¡y me quedé estupecfacta., por su brusquedad! Sí
Susana, parecéis unas energúmenas cogiendo trapitos y mirándolos con obsesión;
como si se fuera a acabar el mundo y hubiera que recabar los últimos alimentos
de la tierra; y seguía, y seguía diciendo: deberías miraros al espejo las
mujeres, porque sois esencialmente vosotras (pobrecillos de los cuatro que
estábamos mirando), pues es una imagen bochornosa y ridícula: ensimismadas en
la ropa, escrutando etiquetas, soltando, cogiendo, tirando, cambiando de
sitio..., apresuradas y agónicas por encontrar no se qué. Da risa, o pena,
gemía ya enfadado de verdad. Rafa es de normal bien sereno y sensato, pero estaba
después de todo el día completamente enojado (creo). Desesperado. Pero me decía
verdades como puños. ¿Cómo se puede ser tan anormal y con un comportamiento tan
animal y desquiciado? –decía, despachando su berrón por la boca–. Miraros a
vosotras es como ver un teatro de marionetas alocadas, avivadas por cuerdas y
con movimientos autómatas; sin pizca de sensatez ni racionalidad: como máquinas
que hubieran puesto en movimiento desde arriba que son incapaces de pararse...;
como los muñecos de pilas de los anuncios..., que siguen y siguen. Da miedo
veros, de verdad. La cosa empezaba a
ponerse ya seria (en el coche), porque hablaba con enfado..., y yo no veía ya
la charla tan graciosa. Pensándolo bien,
tenía toda la razón, porque yo en el fondo pienso lo mismo. Le había dado
tiempo más que sobrado para observar el ridículo comportamiento que tenemos; la
incapacidad para negarnos a entrar en este mundillo de vano mercadeo del
trapillo que no se sabe muy bien a que responde (lo malo es que lo sabemos); la
vergonzosa situación y el espectáculo mirando como posesas las trampas de la
sociedad y de la economía. Comprar por comprar. Claro que habrá opiniones para
todos los gustos, lo sé. Pero sí que pienso con él que mirado fríamente desde
arriba este espectáculo es un poco vergonzoso. Rafa es insistente y me lo dice
a menudo, porque cuando vamos por las calles comerciales (de la capitalita) me conmina
que mire a las chicas como yo y nuestra inercia completa hacia los escaparates
y tiendas. Él me señala con claridad: ¡vés..., no hay otra cosa..., parece que
la vida se sustenta en comprar y figurar! Tiene razón. Es un poco triste que no
seamos capaces de entender lo que nos pasa.
jueves, 30 de enero de 2014
Manto Blanco
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Hoy es uno de esos días que regurgitan
los sentidos (con perdón). Cuando llegas a la vaqueriza se te hiela
el aliento y se solidifican las palabras. ¡Cómo estaba esta mañana
a las seis la hacienda y Los Pedroches! Un inmenso manto blanco
cubría toda la planicie como ondulante sábana de cristales, perdida
al infinito. El espectáculo fue maravilloso cuando el horizonte
abrió brecha de luz reflejando al cielo en el armiño estridente de
la noche. En estas ocasiones la vista bota de alegría y las miradas
se prodigan por doquier. Todo es bello en rededor. Y hasta el hielo
que se te cala en los dedos y en lo más hondo del alma te resulta
grato: porque la naturaleza te vuelve a la vida azuzándote el
espíritu y la esperanza. Hay un momento de clímax en toda esta
estampa que te deja quieta. Admirando y escrutando este paisaje que,
aunque monótono en su esencia, te regala momentos bellos como
estos. Es verdad que pasas frío y te tiembla hasta la mirada, pero
te reconforta comprobando que la vida sigue su ciclo: que hace hielo
por la noche (pelona dice el abuelo) y a las pocas horas Apolo templará su mano con
suavidad, dejándonos un día claro y luminoso. Es la vida. Las vacas
me esperaban ateridas como mascarones de tramoya, como estatuas,
inmovilizadas en esa sempiterna quietud que parecen diosas griegas
que traspasan el tiempo y el espacio. Cuando te ven entrar..., cabecean
con la seguridad de que tu estás allí como siempre, para darles el
alimento de cada día. En estos días de rigor el silencio parece
que es más silencio entre la estampa blanca, y el ganado más
candoroso y sufrido. Parece mentira, pero el tiempo templa mucho los
afectos hasta con los animales. Me gusta observar su comportamiento,
y esa sabiduría natural que tienen para escoger los rincones más
cándidos; los recovecos más escondidos donde el resguardo es pleno, sin
concesión alguna al venticello gélido de la noche. En días como
estos, digo, caminan a un mismo paso el esplendor del invierno y el
sacrificio de quienes trabajamos al albur del tiempo, que lo hacemos
siempre como el ánimo alto de estar vivos sintiendo la normalidad de
la vida.
jueves, 23 de enero de 2014
La Matanza
De la matanza de verdad, la que
se hacía antaño en todos los hogares, solamente quedan vestigios testimoniales;
que además no guardan ni la esencia de lo que era aquéllo. Cuando el abuelo me
habla sobre ello se le iluminan los ojos como chiribitas. Parece que revive un
recuerdo lejano que va mucho más allá de una actividad de matar los cochinos
para alimentarse durante el año. No era simplemente un acto profesional de
carnicería o despiece (por decirlo de alguna manera), sino un evento social y
festero de gran trascendencia; entendiendo lo social y lúdico en un sentido
tradicional, que nada tiene que ver con nuestras celebraciones prefabricadas,
insulsas e insustanciales. Esto era improvisado y salía de natural Las jornadas
de la matanza conjuntaban elementos que las hacían especiales frente a otras
reuniones familiares con diferente sentido y naturaleza. Manuel me describe
infinidad de detalles que darían muy bien para cientos de páginas, pues algo
que le ha quedado en la cabeza tan grabado no puede ser insignificante: actividades
específicas (matar, embuar, desgordar, descarnar, chamuscar…), comilonas del día, dichos,
afectos y desafectos (con puyas y discordias), chismes para viejas y jóvenes,
oficios y maestros, división de trabajos…Nada me extraña que en dicho día se
cocieran cosas tan importantes, toda vez que era algo trascendental para la
economía familiar que se hacía con el
mayor celo del mundo. Las familias arracimadas en un evento tan grande
ofreciendo las dosis extraordinarias de solidaridad y ayuda; la vecindad
implicada también al arrimo y auxilio en lo más prosaico y doméstico, y también
en lo sustancial (conocedores de todo); y la convivencia completa durante varias
jornadas que durante tantas horas obligaban a proyectarse con sus verdades, sin
las veladuras cotidianas ni los recatos que diariamente nos convierten en
mascarones. El abuelo me dice que era una fiesta de verdad, y que en muy pocas
se ha divertido tanto como en las matanzas. Había que trabajar y duro, claro
que sí –dice encendido–, pero madrugabas con alegría…, comías y bebías en el
tajo con los demás; escuchabas a los mayores con interés por su sabiduría, y te
enterabas de los entresijos de todo. Más que tomarlo como una obligación sembrada
de esfuerzo…, aquello se realizaba como una empresa funcionando al cien por
cien; donde todo un colectivo se movía como un engranaje perfecto, pues cada
cual sabía lo que tenía que hacer: ¡y el maestro (matancero) era el maestro, y
los pinches los pinches! Al abuelo se le pierde la mirada al infinito
recordando las abuelas realizando las faenas al lado de la candela (pelando
patas, orejas y rabo…), ¡qué candelorio!, y las más jóvenes lavando las tripas y embuando. Mañana, tarde y noche
progresando en la tarea. La matanza tenía sus tiempos y tareas, y –como dice Manuel– ahí sí que
había cosas de hombres y mujeres…, y se ríe socarronamente (y me mira, mira…). El
encuentro de viejos y jóvenes daba también, al parecer, su juego: porque era una
escuela de picardeo y arrimo; de encender caras como cerezas a los más jóvenes
y soltar la lengua de esos pensamientos prohibidos; y los desmanes de más viejos reverdecidos en un día grande. Qué cosas me dice Manuel para
ruborizarme ahora…, a mí. Tampoco faltaba el contrapunto de rezos y recuerdo
para los mayores, los dichos de tal o cual pariente o las fechas y eventos destacados de sus vidas. Servía para
hacer una retrospectiva importante de la familia que les daba identidad, que
les hacía a todos partícipes de una familia y de un proyecto de vida. Infinidad
de detalles que se alejan sobremanera sobre esos simulacros (de museo) que –aunque
lo intenten– quedan tan lejos de una realidad que solamente nos la pueden
trasmitir nuestros mayores. En muy poco años las nuevas generaciones verán simplemente la matanza como algo esperpéntico, un espectáculo grosero teñido de contrariedades y crudezas, que en absoluto les puede trasmitir la hondura del día de la matanza. Creo que habría que ser muy celosos recopilando miradas. Quede aquí mi recuerdo para ese sacrificio anual de antaño que, por la sabia naturaleza, quedaba revestido de fiesta y alegría.
martes, 21 de enero de 2014
El héroe discreto
Hace tiempo que el nobel peruano sacó la novelita del Héroe Dicreto, que conviene leer y es recomendable para disfrutar y reflexionar. No solamente por la buena Literatura, sino porque el argumento tiene su interés. Vargas Llosa nos trae de
nuevo una novela asentada de su tierra. Sencillas tramas que arrastran al
lector por un hilo narrativo fuerte, fijando muy bien el argumento (chantaje) y creando elementos de
intriga suficientes; solucionando los conflictos finalmente de forma satisfactoria. Un poco a título de lección magistral o moraleja tradicional. Los cánones ante todo. Lo
más interesante es el lenguaje de este nobel y la contextualización de la
obra. De nuevo salen por todos los poros los personajes y esa América Lantina
tan singular en el lenguaje y en la mentalidad, que poco a poco se va
destilando en todos los extremos. Además de los protagonistas, aparece la Bruja
o Santera Adelaida que me encanta, esa mulata e inspiradora y visionaria de los desaliños humanos que aglutina tan bien ese
mundo americano plagado de misterios y
creencias tradicionales, apegadas a la sociedad tradicional latina. La trama se centra en un tema cotidiano sin más, pero el autor sabe encontrar en ello mucha sustancia; y eso es lo bueno de estos maestros, que partiendo que la pura realidad, glorias y miserias, sabe dar lecciones a lo grande. De esas que calan hondo, porque dicen mucho con bastante poco. Eso sí, nadie como estos autores americanos para traducir la cultura del otro lado del charco con tanta precisión y contundencia. Y por supuesto que me encanta la caracterización tan nítida de Don Felícito, que conmueve por captar tan bien con hondura a todas esas personas a las que retrata, sus heroicidades en la vida y esa manera de asumir las groserías de tantas existencias. Dicen que esta novela no es precisamente una obra maestra, y que el autor tiene el listón más alto..., y es cierto seguramente, pero la pluma de un maestro siempre es magistral (o casi siempre), porque es él mismo en su esencia. La recomiendo.
viernes, 17 de enero de 2014
Repugnancia (Violencia de Género)
Hay temas de los que tenemos que
hablar seriamente, y con reposo. No podemos
atenderlos con la exasperación del espíritu ni la convulsión del
corazón desbocado. Pero sí es preciso abordarlos
con el subsiguiente sosiego después de pasados los hechos desgraciados (las
muertes reiterativas de mujeres). La cuestión de la Violencia de Género (arraigada esencialmente en la mujer, dicho sea
de paso) requiere de una reflexión más profunda de lo que se hace
ordinariamente, que tiene que ir mucho más allá de la consternación, el enojo y
los gritos al infinito (pataletas, a fin de cuentas). Todo esto es un
sentimiento noble, pero no son más que
actitudes y manifestaciones personales (o sociales) que se pierden en el
desierto de la ineficacia. Realmente pienso que hay que ahondar mucho más en análisis
del fondo de la cuestión y en la toma de decisiones. Podemos decir que es
lamentable que a la altura incipiente del año en que nos encontramos (2014) se
hayan producido ya cuatro muertes de mujeres por violencia de género, pero
realmente se trata de un fenómeno grave de extraordinarias dimensiones. La
Sociedad (¡vamos, todos nosotros!) tiene que tomar cartas en el asunto y
comprender dónde está el quid de la
cuestión. Eso es vital (y nunca mejor dicho). Parece que no basta con tener
sentimientos de aflicción cuando se mata una mujer en la casa de al lado, y
pensar de forma irracional en las motivaciones de otros (analfabetos, brutos,
maleducados, asesinos, enfermos, asesinos…). Seamos sensatos. La violencia de
género no es (como se demuestra) un fenómeno esporádico que aparece a salto de
mata, como una aguja en un pajar; es algo constante (diario), arraigado y
extendido en nuestra sociedad, que tiene firmes raíces en el machismo, en las
desigualdades existentes y en una mentalidad tradicional vigente en buena parte
de la población. Desgraciadamente yo no soy socióloga para analizar pormenorizadamente
los parámetros en que se desenvuelve este fenómeno…, ni tengo completas las
referencias estadísticas de los fatídicos asesinatos, pero creo que una
incidencia tan grande proyecta mucha podredumbre en la sociedad…, y en nuestras
cabecitas, pues está bien asentada. El machismo no es fruto de un día. Nuestra
sociedad sigue siendo machista en lo más hondo, y hasta en superficie, pero no
lo queremos ver; lo ignoramos, ocultamos y hasta nos envanecemos de ello: ahí
está la publicidad considerando a la mujer como un objeto, aunque se disfrace
la cosa de una femineidad mal interpretada (neomachismo); ahí están los deportes
sempiternos dominados por varones (y lo vemos normal, pero eso tiene mensajes
subliminales de superioridad, desigualdad, discriminación…); ahí están los
desvaríos del lenguaje que dicen muy claramente que la sociedad es machista (y
doctores tiene la iglesia); ahí está la Iglesia (precisamente, también) y el
Papa (que no es Mama); ahí están las actitudes machistas en nuestro
comportamiento diario (¡qué guapísima vienes hoy…,! y Papá nunca viene guapo…),
etcétera, etcétera. Todas estas referencias de la vida diaria son los
materiales que constituyen la esencia de la moralidad, de la igualdad y la
vida. Esos desequilibrios aparentes y admitidos son la esencia de lo que pasa
después, y nos lamentamos como si la cosa viniera del cielo. Quien mata a otra
persona tiene en su cabecita un concepto de la vida muy parecido a otros, la indignidad
y la desigualdad penetrada hasta en las venas; aunque luego acabe suicidándose,
que es un peaje que no sirve para nada
ni consuela a nadie: porque lo hecho, hecho está, y ha tenido un soporte mental
para hacerlo. Es precisamente esa estructura mental la que pone en evidencia
que la Sociedad debe reeducarse en valores profundos desde lo más básico,
y eso, lamentablemente no es cosa de un
día. Las mujeres sufrimos la peor parte (en su mayoría), pero es toda la
Sociedad la que sangra, porque se pone en evidencia que no están entendidos ni asumidos los conceptos
de dignidad, igualdad y respeto a todos los individuos del colectivo. Lo dicho.
El tema no debe ser fruto de una simple reflexión. Es tiempo de empezar.
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QUE PARE EL TREN EN LOS PEDROCHES

Vista Parcial de la Manifestación en la Estación de Villanueva