domingo, 11 de mayo de 2014

El Último Yeyé

La última obra gráfica de nuestro paisano (de Villanueva del Duque) Fernando González Viñas y José Lázaro acaba de ver la luz. Para Los Pedroches, un granito de arenas más en la producción cultural, que no es poco. Mi enhorabuena para estos autores que se atreven a lanzar una historia con el doble lenguaje del grafismo y texto, que tiene su miga. Aún no la he leído y carezco de criterio para valorarla en justicia, pero seguro que tiene todo el esfuerzo y la pasión que le ponen estos acróbatas del arte con entreveradas mixturas. El argumentario lo sitúan en los años sesenta, de la emigración hacia Europa, y cuentan los avatares de una generación que pasó lo suyo, mirándolo seguramente con un punto de nostalgia como vivencia personal. En estas obras los quilates más fuertes están en la pasión que se le pone por ser cosas vividas en primera persona, trasladándonos los descalabros y frustraciones de aquel tiempo, que para los más jóvenes nos parecen anécdotas sin visos de realidad; aunque seguramente no lo eran. En los tiempos que vivimos, me hubiera gustado que los autores, conocedores del percal (que dice el abuelo) de la emigración, hubieran entreverado una historia con la migración actual de los jóvenes, pues estamos en un momento en que la emigración a Alemania se reproduce, aunque no sé en que  términos. Hubiera sido interesante parangonar situaciones para ver si esto de ahora tiene algo de aquéllo de entonces, salvando las distancias. Cierto que somos más cosmopolitas y tenegos whatsapp (ja, ja, ja), pero algún resquicio de los encontronazos actuales he oído, y seguramente que la cosilla hubiera tenido guasa e interés. Bueno, pues ahí está el producto de su trabajo para que lo veamos y disfrutemos con él. En todo caso, enhorabuena a su esfuerzo y pasión.

sábado, 29 de marzo de 2014

Exhaustos (AVE)

La llegada del AVE a Los Pedroches nos ha pillado desvanecidos y a contrapié. Claro que lo esperábamos de un día para otro, pero de otra manera. Después de una larguísima andadura…, después de un camino sin fin…, después de una cuesta empingorotada de muchos vericuetos…, al fin llegamos arriba desfallecidos y sin aliento. Arribamos a la cima sin resuello siquiera y sin darnos cuenta de que hemos legado, porque finalmente hemos alcanzado la meta y no te esperas el desenlace de inmediato. Aquí arriba te quedas como atolondrado y sin aliento, mirando a los lados con incredulidad y un poco de desconfianza después de tamaña empresa. El tren de alta velocidad ha sido para nosotros más que una aspiración una ilusión irreal, que hasta hemos creído inalcanzable a pesar de desearla y dejarnos la sangre en el intento. La ficción de la consecución ha sido tanta, que en los últimos envites de los políticos y coros de la Corte ya no se hacían siquiera ni reivindaciones (de cuantos, cómo, tipos…) concretas de horarios o costes, sino simplemente esperar la limosna como fuere. Los ciudadanos hace tiempo que perdimos el pulso a las instituciones, que saben bien como templar ánimos y tienen paciencia más que sobrada para soportar bravatas que simplemente se quedan en el aire. Ahora veremos el AVE con unas lentes deformantes al tenor de unas aspiraciones cumplidas, de unos anhelos minimizados, de unas perspectivas plagadas de incertidumbre…, y de un futuro que tal vez no se corresponda con nuestro retrato robot plagado de satisfacción y esperanza. En todo caso, lo que sí ha quedado demostrado es que la comarca se alzó como nunca, por primera vez unida, para luchar por un ideal que más que una quimera de fondo representó el nacimiento de cordón umbilical rubricado por una conciencia colectiva. No es poca cosa. También ha sido importante la perseverancia en el empeño, que aún teñido de contrapuntos y desengaños ha servido para fortalecer los lazos y enseñarnos que las grandes aspiraciones tienen un coste, pero finalmente se pueden alcanzar. Aparte de los objetivos perseguidos, y el sinuoso camino, también hemos aprendido mucho de los políticos, que los conocemos más a fondo y sabemos lo que son, de sus mentiras y falacias, su falta de respeto y consideración, oportunismo, manipulación y grosería. De sus aristas y angulosidades hemos aprendido bien las lides de la política y la lejanía con nuestras necesidades. Seguro que nos siguen engañando y encandilándonos en la carrera de nuestra vida con hipnotismo de serpiente, pero no será porque no conozcamos muy buen los trucos del animal, de la cesta y de la flauta. Mañana será un día histórico para nuestra comarca, aunque la gesta del AVE habrá que recordarla como una pugna al infinito durante más de un lustro. En la Estación deberían poner una exposición intemporal de esta agonía que, a estas alturas, parece ya casi histórica y sujeta al desgaste de la perspectiva. Desgraciadamente hoy, en vísperas de las primeras paradas del tren, nos encontramos exhaustos y con el sabor agridulce de un fruto que nos sabe raro al paladar. De momento carecemos de la sonrisa exultante de un gran logro, que se nos ha quedado en una mueca un tanto insulsa y desconcertante, aunque tengamos el rostro de la obra maestra de la Gioconda.

miércoles, 12 de marzo de 2014

MUJERES

A diario, ahí es cuando hay que reivindicar el papel de la mujer. Creo que sigue siendo necesario que nosotras apostemos por nosotras, que no sean las instituciones (o los políticos) las que nos tengan que poner el membrete, que es lo que hasta ahora pasa,  regalándole los oídos a unas cuantas que son mediáticas y se conforman con salir en la foto. Chica prebenda para tan alta causa. Las mujeres tenemos que estar de lleno en la sociedad no porque queremos ser iguales, sino porque no somos diferentes, porque tenemos las capacidades necesarias para estar en lo más alto y lo  más bajo de nuestro mundo como todos; porque somos cientos de mujeres en las universidades y ámbitos profesionales, en la casa y el deporte, en los medios de comunicación y en la calle. No deberíamos de tener que hacer nada extraordinario, pues por lógica, como en el amplio espectro de la vida, donde hay vino se bebe vino, y donde hay agua beben agua; pues si en el  mundo hay mujeres todo tiene que estar no solamente impregnado de mujeres (y encima para lo malo y especulativo), sino constituido en esencia por una parte de mujeres. Somos nosotras, repito, las que tenemos que parapetarnos con fuerza aquí y allá, en lo más alto de la empresa y sus direcciones; en la escuela y los institutos aprendiendo a no ser distintas ni distantes; en la casa y fuera de ella evitando replicar los roles tradicionales. La discriminación de la mujer tiene mucho legado heredado, sobra decirlo, pero para romper esa inercia debemos nosotras hacer mucho presente con una posición destacada, inequívoca, demostrando lo que somos, y volcar nuestra mirada al futuro sin miedos ni manipulaciones burdas. En las propagandas de apoyo a la mujer hay mucha carátula ficticia y de escaparate, que no vale para mucho, aunque no sobre; pero la realidad se supera con realidades, y esas las hacemos nosotras (o no) a diario. Creo que a veces nos falta impulso y decisión verdadera, y acaso encontremos en ocasiones en la desigualdad lugares acomodaticios que en muchas ocasiones no se entienden; aspiraciones precarias que se desfogan con solo decirlo y no hacer nada. El machismo que abunda por doquier no puede ser solo cosa del pasado o de los hombres, y tal vez tengamos que hacer una lectura un poco seria de lo que es el hombre y la mujer como seres humanos sin distinciones de notoriedad. Queda mucho trabajo por hacer. Claro que la tradición machista es un hueso duro de roer, pero aquí nos lo jugamos todo si queremos que nuestra existencia cambie; sino, ya sabemos lo queda: más de lo mismo. Hoy recordaba haciendo una retrospectiva, meditabunda durante el ordeño, de esa España que en la historia de la Literatura te deja helada: pareciera como si la mujer no existiera a través de los siglos y no hubiera escrito nada entre la corte infinita de los juglares ni en los romanceros, ni nada pintara entre la pléyade de los Rojas, Fray Luis de León, Juan de la Cruz, Jovellanos, Cervantes, Santillana, Hita, Góngora, Quevedo, Montemayor, los Valdés, Feijoo…; cuánto cuesta traer a la palestra alguna mujer que, quizás, fuera empingorotada por su especialísima capacidad y sentido místico (o político, a su manera) más que literario, como Santa Teresa; o alguna preceptora avezada en lides de otro tipo como Dª. Beatriz Galindo…, o esas pocas contemporáneas que empiezan a alzar la voz ya roncas del desasosiego vital, como Rosalía, o corajudas y eminentes como la  Bazán, la Campoamor o la Kent; bien es verdad que el séquito postrero ya es contundente, pero en forma alguna suficiente ni igualado en lances. Pero que corta presentación para tan larga andadura. Es desde luego para pensárselo y reflexionar sobre ello. No podemos pasar por la vida sin dejar huella en nuestra historia: no porque dé la impresión de que no existimos, sino porque en realidad una parte importante de nosotros en verdad no existe bajo este prisma de inferioridad admitida (o consentida).   

 

miércoles, 19 de febrero de 2014

COVAP, ¡ay...!

Con la verdad por delante, siempre. Eso dice el abuelo, y me gusta el dicho hasta para lo más superficial, porque luego todo acaba siendo un asunto más que de fondo.  La cosa viene a raíz de lo más nuestro, la leche y la COVAP (nuestra madre que rige nuestros destinos), de la que he visto tangencialmente algunos asuntillos que no me gustan mucho. Claro que habrá algunos que me dirán de inmediato que tiro piedras para mi tejado, pero me gusta que las cosas se hagan con cierta seriedad y sin faltar a la verdad: aunque sea en lo más baladí y menos sustancial. Mirando por los albores de la red, y el paraíso de twitter he leído algunos comentarios sobre la COPAP que me llamaron la atención; y con curiosidad miré luego la página oficial de nuestra empresa lechera. En algunos apartados se dicen cosas un tanto fuera de sitio. Cierto es que el aparato propagandístico puede y debe jugar con todo tipo de recursos -faltaba más (con sus límites)-, pero algunos comentarios están sembrados de una pizca de gazmoñería (ja, ja, ja…). Es broma. Creo, ya de veras, que no hay necesidad de empingorotar nuestra naturaleza de una manera tan infantil y falta de sinceridad: ni nuestro valle es un paraíso ni es perfecto; ni todo es armonía ni creo que sea un encuentro de huellas de raza. Ni siquiera fue un proyecto revolucionario, pienso, más bien un aventurado resorte cooperativista surgido de la necesidad de unos pocos sin grandes pruritos. Lo demás vino después, un poco sin saber por dónde venía. Tampoco me gusta que se utilice con reiteración (aunque nos convenga) el término VALLE, pues en no pocas ocasiones he leído por ahí que el vocablo que utilizamos no es adecuado, y no hay necesidad de incidir en una calificación geográfica que no es cierta, aunque en las pasadas décadas se utilizara en términos un tanto romanticones, ya completamente desfasado de tiempo y de espacio. Dice mi hermana Vero, y cualquiera de nosotros lo ve sin ser especialista en nada, que nuestra comarca está muy bien definida y tiene señas de identidad suficientes sin recurrir a ese nombre que puede engañar a muchos foráneos, entendiendo que vivimos en un valle idílico, donde las casitas son de chocolate, el paisaje están envuelto en verdores de la tierra cántabra y los chorros de leche resuenan en el caldero con música de  Ludwig van Beethoven. No por Dios, no seamos necios. Eso no nos beneficia. En las imágenes y titulares de marketing pueden valer las estridencias explosivas, llamativas y hasta desmesuradas, pero en el contenido informativo debiera primar la sensatez, la sencillez y la mesura. La verdad ante todo. Eso creo yo, que soy una pequeña vaquera. Eso dice también mi padre.

La cooperativa COVAP

“…El paraíso de la leche es el valle de los Pedroches. Lugares perfectos para criar nuestras vacas, ovejas y cabras (. pic.twitter.com/JNdIh90NPJ)
COVAP

Existe un lugar donde todo es armonía, un paisaje en el que hombre y naturaleza juntos obtenemos lo mejor de cada uno. Existe una tierra de encuentro, de huellas de raza, de manos fuertes y de orgullo forjado al frio y al sol

De hombres decididos y trabajadores, marcados por una tierra en la que hunden sus raíces las encinas de la dehesa del norte de Córdoba, surgió, hace ya más de 50 años, un proyecto que revolucionaría la vida de los habitantes del Valle de los Pedroches, de la Serena y del Valle de Alcudia…”

viernes, 7 de febrero de 2014

La ilusión del Tren


El tren de la ilusión tal vez se haga realidad bien pronto; y tal vez la ilusión del tren nos deje en la desazón de la realidad. Nunca se sabe. Después de tantos años embargados en la quimera, la verdad nos puede herir hasta la cristalina de los ojos. Conseguir algo que tanto queremos y defendemos, a lo que tanto aspiramos, nos deja un tanto descolocados; aunque simplemente sean migajas. Primero, porque sería una victoria impensable hace décadas, y aunque se haya demorado los kirios, y hayamos dejado hasta los sombrajos del alma, confirmaremos que aunque derrotados por los políticos (escabrosos en sus lides) se puede afirmar que con la razón y la fuerza de la unión sigue siendo válido el dicho popular (Pueblo unido). Esa es la primera parte que tal vez nos satisfaga un tanto. La segunda menos, pues no será tanto como pensábamos; menos de lo que querríamos; y nada de los que anhelábamos en Justicia. Pero algo es algo, diremos. Desgraciadamente el sabor agridulce se puede aún amargar bastante cuando la realidad supere la ficción, y las estadísticas del Rápido (AVE) nos muestren sus entrañas descarnadas. Nosotros nos afirmaremos en nuestros derechos y dignidades como ciudadanos, y asentiremos que la Justicia existe. La pena es que desgraciadamente, me parece, el mundo en el que vivimos se mueve por otros ruedos que a veces nos desagradan, que van mucho más allá de las palabras bonitas y de los ideales. Quisiera equivocarme mucho. Sí. Quisiera que el nuestras esperanzas se cumplieran en la mayor parte, pero sobre todo que el anhelado AVE cumpliera ese papel que tanto pronostican los entendidos enfilando cauces de progreso y desarrollo. Quisiera, claro que sí, que fuera una puerta abierta de verdad y entrara y saliera el aire fresco a todas horas, y que tuviéramos razones acreditadas para defender lo nuestro. Pero, sinceramente, a estas alturas del fragor de la contienda veo mucha desilusión y desamor. Mucho conformismo y empeño acomodaticio a lo que sea. Tal vez lo nuestro era una ilusión; tal vez solamente era una quimera para remover los corazones y sentirnos vivos. Tal vez todo fuera verdad, acaso cierta, y solamente nos quede despertarnos del sueño en que vivimos. Quizás algún día, dentro de muchos años, recordemos este combate simplemente con romanticismo.

 

viernes, 31 de enero de 2014

Obsesión


La semana pasada estuve de compras en la capital, acompañándome amablemente mi amigo Rafa. No voy a decir que no me guste comprar, que lo hago como todo el mundo, pero soy bastante reacia a embargarme en estas cuitas promovidas por las grandes compañías para fortalecer sus intereses. Bueno. Más que nada me gusta mirar qué se lleva y pasar un rato de distracción, quitándome de la vaqueriza, respirando un poco del solaz de la capital. Y de paso..., pues también pico un poco en todo esto que nos ofrece el mundo del consumo. Por supuesto que no soy ingenua y comprendo más o menos como funciona este tinglado de la sociedad de consumo, y de las Rebajas, pero mi compi, que me acompañó toda la jornada, me hizo al final una síntesis estremecedora. Ya me lo esperaba, pues en las últimas tiendas y almacenes –que eran de varias plantas, y acristaladas en las planas superiores– se encaramó en una de las esquinas de la parte superior, y estuvo quieto  durante mucho tiempo apreciando en fino  el espectáculo, bien pertrechado con una observación detenida y una manera de escrutar lo que veía con fricción. Primero no me dijo nada, pero luego en el coche soltó todo aquel vómito que le corrompía el estómago con lo que había visto. De entrada me entretuvo bien y me soltó la sonrisa floja y la carcajada, pero sus verdades se me clavaron en lo más hondo por lo grotesco, inconsciente y malvado del aquel escaparate inmenso que son las compras.  Metido ya en materia me soltó aquello de que ¡vosotras estáis ciegas y taradas...!, no os habéis visto ni de cerca ni de lejos; ¡y me quedé estupecfacta., por su brusquedad! Sí Susana, parecéis unas energúmenas cogiendo trapitos y mirándolos con obsesión; como si se fuera a acabar el mundo y hubiera que recabar los últimos alimentos de la tierra; y seguía, y seguía diciendo: deberías miraros al espejo las mujeres, porque sois esencialmente vosotras (pobrecillos de los cuatro que estábamos mirando), pues es una imagen bochornosa y ridícula: ensimismadas en la ropa, escrutando etiquetas, soltando, cogiendo, tirando, cambiando de sitio..., apresuradas y agónicas por encontrar no se qué. Da risa, o pena, gemía ya enfadado de verdad. Rafa es de normal bien sereno y sensato, pero estaba después de todo el día completamente enojado (creo). Desesperado. Pero me decía verdades como puños. ¿Cómo se puede ser tan anormal y con un comportamiento tan animal y desquiciado? –decía, despachando su berrón por la boca–. Miraros a vosotras es como ver un teatro de marionetas alocadas, avivadas por cuerdas y con movimientos autómatas; sin pizca de sensatez ni racionalidad: como máquinas que hubieran puesto en movimiento desde arriba que son incapaces de pararse...; como los muñecos de pilas de los anuncios..., que siguen y siguen. Da miedo veros, de verdad. La cosa  empezaba a ponerse ya seria (en el coche), porque hablaba con enfado..., y yo no veía ya la charla tan graciosa.  Pensándolo bien, tenía toda la razón, porque yo en el fondo pienso lo mismo. Le había dado tiempo más que sobrado para observar el ridículo comportamiento que tenemos; la incapacidad para negarnos a entrar en este mundillo de vano mercadeo del trapillo que no se sabe muy bien a que responde (lo malo es que lo sabemos); la vergonzosa situación y el espectáculo mirando como posesas las trampas de la sociedad y de la economía. Comprar por comprar. Claro que habrá opiniones para todos los gustos, lo sé. Pero sí que pienso con él que mirado fríamente desde arriba este espectáculo es un poco vergonzoso. Rafa es insistente y me lo dice a menudo, porque cuando vamos por las calles comerciales (de la capitalita) me conmina que mire a las chicas como yo y nuestra inercia completa hacia los escaparates y tiendas. Él me señala con claridad: ¡vés..., no hay otra cosa..., parece que la vida se sustenta en comprar y figurar! Tiene razón. Es un poco triste que no seamos capaces de entender lo que nos pasa.

jueves, 30 de enero de 2014

Manto Blanco


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Hoy es uno de esos días que regurgitan los sentidos (con perdón). Cuando llegas a la vaqueriza se te hiela el aliento y se solidifican las palabras. ¡Cómo estaba esta mañana a las seis la hacienda y Los Pedroches! Un inmenso manto blanco cubría toda la planicie como ondulante sábana de cristales, perdida al infinito. El espectáculo fue maravilloso cuando el horizonte abrió brecha de luz reflejando al cielo en el armiño estridente de la noche. En estas ocasiones la vista bota de alegría y las miradas se prodigan por doquier. Todo es bello en rededor. Y hasta el hielo que se te cala en los dedos y en lo más hondo del alma te resulta grato: porque la naturaleza te vuelve a la vida azuzándote el espíritu y la esperanza. Hay un momento de clímax en toda esta estampa que te deja quieta. Admirando y escrutando este paisaje que, aunque monótono en su esencia, te regala momentos bellos como estos. Es verdad que pasas frío y te tiembla hasta la mirada, pero te reconforta comprobando que la vida sigue su ciclo: que hace hielo por la noche (pelona dice el abuelo) y a las pocas horas Apolo templará su mano con suavidad, dejándonos un día claro y luminoso. Es la vida. Las vacas me esperaban ateridas como mascarones de tramoya, como estatuas, inmovilizadas en esa sempiterna quietud que parecen diosas griegas que traspasan el tiempo y el espacio. Cuando te ven entrar..., cabecean con la seguridad de que tu estás allí como siempre, para darles el alimento de cada día. En estos días de rigor el silencio parece que es más silencio entre la estampa blanca, y el ganado más candoroso y sufrido. Parece mentira, pero el tiempo templa mucho los afectos hasta con los animales. Me gusta observar su comportamiento, y esa sabiduría natural que tienen para escoger los rincones más cándidos; los recovecos más escondidos donde el resguardo es pleno, sin concesión alguna al venticello gélido de la noche. En días como estos, digo, caminan a un mismo paso el esplendor del invierno y el sacrificio de quienes trabajamos al albur del tiempo, que lo hacemos siempre como el ánimo alto de estar vivos sintiendo la normalidad de la vida.

jueves, 23 de enero de 2014

La Matanza


De la matanza de verdad, la que se hacía antaño en todos los hogares, solamente quedan vestigios testimoniales; que además no guardan ni la esencia de lo que era aquéllo. Cuando el abuelo me habla sobre ello se le iluminan los ojos como chiribitas. Parece que revive un recuerdo lejano que va mucho más allá de una actividad de matar los cochinos para alimentarse durante el año. No era simplemente un acto profesional de carnicería o despiece (por decirlo de alguna manera), sino un evento social y festero de gran trascendencia; entendiendo lo social y lúdico en un sentido tradicional, que nada tiene que ver con nuestras celebraciones prefabricadas, insulsas e insustanciales. Esto era improvisado y salía de natural Las jornadas de la matanza conjuntaban elementos que las hacían especiales frente a otras reuniones familiares con diferente sentido y naturaleza. Manuel me describe infinidad de detalles que darían muy bien para cientos de páginas, pues algo que le ha quedado en la cabeza tan grabado no puede ser insignificante: actividades específicas (matar, embuar, desgordar, descarnar, chamuscar…), comilonas del día, dichos, afectos y desafectos (con puyas y discordias), chismes para viejas y jóvenes, oficios y maestros, división de trabajos…Nada me extraña que en dicho día se cocieran cosas tan importantes, toda vez que era algo trascendental para la economía familiar que se hacía con el  mayor celo del mundo. Las familias arracimadas en un evento tan grande ofreciendo las dosis extraordinarias de solidaridad y ayuda; la vecindad implicada también al arrimo y auxilio en lo más prosaico y doméstico, y también en lo sustancial (conocedores de todo); y la convivencia completa durante varias jornadas que durante tantas horas obligaban a proyectarse con sus verdades, sin las veladuras cotidianas ni los recatos que diariamente nos convierten en mascarones. El abuelo me dice que era una fiesta de verdad, y que en muy pocas se ha divertido tanto como en las matanzas. Había que trabajar y duro, claro que sí –dice encendido–, pero madrugabas con alegría…, comías y bebías en el tajo con los demás; escuchabas a los mayores con interés por su sabiduría, y te enterabas de los entresijos de todo. Más que tomarlo como una obligación sembrada de esfuerzo…, aquello se realizaba como una empresa funcionando al cien por cien; donde todo un colectivo se movía como un engranaje perfecto, pues cada cual sabía lo que tenía que hacer: ¡y el maestro (matancero) era el maestro, y los pinches los pinches! Al abuelo se le pierde la mirada al infinito recordando las abuelas realizando las faenas al lado de la candela (pelando patas, orejas y rabo…), ¡qué candelorio!, y las más jóvenes lavando las tripas y embuando. Mañana, tarde y noche progresando en la tarea. La matanza tenía sus tiempos  y tareas, y –como dice Manuel– ahí sí que había cosas de hombres y mujeres…, y se ríe socarronamente (y me mira, mira…). El encuentro de viejos y jóvenes daba también, al parecer, su juego: porque era una escuela de picardeo y arrimo; de encender caras como cerezas a los más jóvenes y soltar la lengua de esos pensamientos prohibidos; y los desmanes de más viejos reverdecidos en un día grande. Qué cosas me dice Manuel para ruborizarme ahora…, a mí. Tampoco faltaba el contrapunto de rezos y recuerdo para los mayores, los dichos de tal o cual pariente o las fechas y  eventos destacados de sus vidas. Servía para hacer una retrospectiva importante de la familia que les daba identidad, que les hacía a todos partícipes de una familia y de un proyecto de vida. Infinidad de detalles que se alejan sobremanera sobre esos simulacros (de museo) que –aunque lo intenten– quedan tan lejos de una realidad que solamente nos la pueden trasmitir nuestros mayores. En muy poco años las nuevas generaciones verán simplemente la matanza como algo esperpéntico, un espectáculo grosero teñido de contrariedades y crudezas, que en absoluto les puede trasmitir la hondura del día de la matanza. Creo que habría que ser muy celosos recopilando miradas. Quede aquí mi recuerdo para ese sacrificio anual de antaño que, por la sabia naturaleza, quedaba revestido de fiesta y alegría.

 

martes, 21 de enero de 2014

El héroe discreto

Hace tiempo que el nobel peruano sacó la novelita del Héroe Dicreto, que conviene leer y es recomendable para disfrutar y reflexionar. No solamente por la buena Literatura, sino porque el argumento tiene su interés. Vargas Llosa nos trae de nuevo una novela asentada de su tierra. Sencillas tramas que arrastran al lector por un hilo narrativo fuerte, fijando muy bien el argumento (chantaje) y creando elementos de intriga suficientes; solucionando los conflictos finalmente de forma satisfactoria. Un poco a título de lección magistral o moraleja tradicional. Los cánones ante todo. Lo más interesante es el lenguaje de este nobel y la contextualización de la obra. De nuevo salen por todos los poros los personajes y esa América Lantina tan singular en el lenguaje y en la mentalidad, que poco a poco se va destilando en todos los extremos. Además de los protagonistas, aparece la Bruja o Santera Adelaida que me encanta, esa mulata e inspiradora y visionaria de los desaliños humanos que aglutina tan bien ese mundo  americano plagado de misterios y creencias tradicionales, apegadas a la sociedad tradicional latina. La trama se centra en un tema cotidiano sin más, pero el autor sabe encontrar en ello mucha sustancia; y eso es lo bueno de estos maestros, que partiendo que la pura realidad, glorias y miserias, sabe dar lecciones a lo grande. De esas que calan hondo, porque dicen mucho con bastante poco. Eso sí, nadie como estos autores americanos para traducir la cultura del otro lado del charco con tanta precisión y contundencia. Y por supuesto que me encanta la caracterización tan nítida de Don Felícito, que conmueve por captar tan bien con hondura a todas esas personas a las que retrata, sus heroicidades en la vida y esa manera de asumir las groserías de tantas existencias. Dicen que esta novela no es precisamente una obra maestra, y que el autor tiene el  listón más alto..., y es cierto seguramente, pero la pluma de un maestro siempre es magistral (o casi siempre), porque es él mismo en su esencia. La recomiendo.
 
 

viernes, 17 de enero de 2014

Repugnancia (Violencia de Género)


Hay temas de los que tenemos que hablar seriamente, y con reposo.  No podemos atenderlos con la exasperación del espíritu ni la convulsión del corazón desbocado.  Pero sí es preciso abordarlos con el subsiguiente sosiego después de pasados los hechos desgraciados (las muertes reiterativas de mujeres). La cuestión de la Violencia de Género (arraigada esencialmente en la mujer, dicho sea de paso) requiere de una reflexión más profunda de lo que se hace ordinariamente, que tiene que ir mucho más allá de la consternación, el enojo y los gritos al infinito (pataletas, a fin de cuentas). Todo esto es un sentimiento noble, pero no  son más que actitudes y manifestaciones personales (o sociales) que se pierden en el desierto de la ineficacia. Realmente pienso que hay que ahondar mucho más en análisis del fondo de la cuestión y en la toma de decisiones. Podemos decir que es lamentable que a la altura incipiente del año en que nos encontramos (2014) se hayan producido ya cuatro muertes de mujeres por violencia de género, pero realmente se trata de un fenómeno grave de extraordinarias dimensiones. La Sociedad (¡vamos, todos nosotros!) tiene que tomar cartas en el asunto y comprender dónde está el quid de la cuestión. Eso es vital (y nunca mejor dicho). Parece que no basta con tener sentimientos de aflicción cuando se mata una mujer en la casa de al lado, y pensar de forma irracional en las motivaciones de otros (analfabetos, brutos, maleducados, asesinos, enfermos, asesinos…). Seamos sensatos. La violencia de género no es (como se demuestra) un fenómeno esporádico que aparece a salto de mata, como una aguja en un pajar; es algo constante (diario), arraigado y extendido en nuestra sociedad, que tiene firmes raíces en el machismo, en las desigualdades existentes y en una mentalidad tradicional vigente en buena parte de la población. Desgraciadamente yo no soy socióloga para analizar pormenorizadamente los parámetros en que se desenvuelve este fenómeno…, ni tengo completas las referencias estadísticas de los fatídicos asesinatos, pero creo que una incidencia tan grande proyecta mucha podredumbre en la sociedad…, y en nuestras cabecitas, pues está bien asentada. El machismo no es fruto de un día. Nuestra sociedad sigue siendo machista en lo más hondo, y hasta en superficie, pero no lo queremos ver; lo ignoramos, ocultamos y hasta nos envanecemos de ello: ahí está la publicidad considerando a la mujer como un objeto, aunque se disfrace la cosa de una femineidad mal interpretada (neomachismo); ahí están los deportes sempiternos dominados por varones (y lo vemos normal, pero eso tiene mensajes subliminales de superioridad, desigualdad, discriminación…); ahí están los desvaríos del lenguaje que dicen muy claramente que la sociedad es machista (y doctores tiene la iglesia); ahí está la Iglesia (precisamente, también) y el Papa (que no es Mama); ahí están las actitudes machistas en nuestro comportamiento diario (¡qué guapísima vienes hoy…,! y Papá nunca viene guapo…), etcétera, etcétera. Todas estas referencias de la vida diaria son los materiales que constituyen la esencia de la moralidad, de la igualdad y la vida. Esos desequilibrios aparentes y admitidos son la esencia de lo que pasa después, y nos lamentamos como si la cosa viniera del cielo. Quien mata a otra persona tiene en su cabecita un concepto de la vida muy parecido a otros, la indignidad y la desigualdad penetrada hasta en las venas; aunque luego acabe suicidándose, que es un peaje que  no sirve para nada ni consuela a nadie: porque lo hecho, hecho está, y ha tenido un soporte mental para hacerlo. Es precisamente esa estructura mental la que pone en evidencia que la Sociedad debe reeducarse en valores profundos desde lo más básico, y  eso, lamentablemente no es cosa de un día. Las mujeres sufrimos la peor parte (en su mayoría), pero es toda la Sociedad la que sangra, porque se pone en evidencia que  no están entendidos ni asumidos los conceptos de dignidad, igualdad y respeto a todos los individuos del colectivo. Lo dicho. El tema no debe ser fruto de una simple reflexión. Es tiempo de empezar.

 

 

viernes, 27 de diciembre de 2013

Pañuelos bajo la Lluvia (Félix Ángel Moreno Ruiz)


Tenía pendiente de leer esta obrita de un tarugo, y ya lo he hecho. En reiteradas ocasiones he referido que no me gusta demasiado enjuiciar obras que vienen tildadas con premios, pero no me importa hacerlo, toda vez que una servidora dice lo que de verdad le parece sin ningún remilgo. El escritor pozoblanquero ha optado en esta ocasión por el género teatral a la sazón de un concurso (obteniendo el accésit del VIII Premio El Espectáculo Teatral), y tal vez haya que entenderlo en esa perspectiva de un experimento…, pero apostando fuerte a ver si sale. Y salió en parte. He leído la obra de un tirón y me ha parecido más que aceptable. Hace algún tiempo leí su primera novela policiaca (Un cadáver en la Maleta, Ed. Cuadernos del Laberinto, 2012) y calibré bastante bien la talla del autor. Ahora vuelvo sobre su última edición y me reitero en lo que ya percibí: es sin duda un escritor de oficio (aunque con poco recorrido aún) que conoce bien los cauces de la Literatura (teoría) y los pone en práctica. Eso es lo que me parece de nuevo. Aunque en esta ocasión ha optado por el teatro, demuestra que conoce bien los entresijos de la Literatura y los sigue a pies juntillas (forma y aparato, planteamiento, desarrollo y desenlace), haciéndolo con maestría en cada uno de los extremos. Creo que está tanteando los terrenos (a ver si me atrevo…). Me ha resultado muy grato comprobar que no solamente plantea bien el argumento, sino que sabe dirigirlo adecuadamente dándole el ritmo necesario para crear intriga, cuerpo suficiente a la trama para desarrollar el tema, y la intensidad deseable en el desenlace para culminar con la máxima exaltación del argumento. Una vez más debo subrayar que domina bien el lenguaje, escribe con propiedad y suficiencia verbal; con el debido comedimiento y sin excesos innecesarios. El argumento que desarrolla es bueno y está de moda, y tal vez cabría calificarlo de oportunista si le hubiéramos visto más obras y  elecciones similares; sin embargo, aquí puede obedecer a una inquietud personal, a una crítica social loable y a una cierta casualidad (no buscada en exceso). Félix Moreno expone el tema con un compromiso admirable y mucha claridad, con valentía en esas puyas tan directas sin remedo alguno de mediocridad (de la crítica de otros) hacia esa sociedad malvada (familias que acogieron..., hombres del régimen), cuya catadura moral queda perfectamente definida. Realmente nos perfila un contexto sociopolítico de los setenta muy  bueno, el que abriga los acontecimientos, si bien luego el autor es timorato en la contraportada irradiando como dice a “una dictadura hispana cualquiera”. Bueno; a aquí hay que mojarse de lleno y no andar por las ramas. Con todo, en el desarrollo argumental es contundente, y retrata con precisión el escenario de la represión y el escandaloso robo de Julia, bajo el disfraz que les ofrecía la dictadura a sus protagonistas (que no fue simplemente uno). Los personajes están bien caracterizados, pero creo que podría haber ahondado un poco más en ellos, con más aristas y mejores vértices, y no desenvolverse simplemente en el canon del tópico que todos tenemos en nuestro imaginario (sobre todo quienes vivieron esos tiempos). Ya dije en su anterior obra que el autor tiene y debe de soltarse más. Sigo pensándolo. Sigue a pies juntillas los géneros y ahí es un maestro escribiente (se sabe cómo se escribe). Pero la Literatura, la buena, la que debe alcanzar cotas más altas, requiere que se implique más la personalidad del autor en definir cosas nuevas; profundizar en el alma humana y en los retratos de sus personajes con mucha más novedad y creatividad…, con señas de identidad propia que te alcen por encima de los que simplemente describen. Alzar por encima de todo tu personalidad de escritor con una forma propia. Creo yo (ja, ja, ja). Es broma; pero a tener en cuenta. Por mi parte creo que es recomendable su lectura y está sembrada de sensibilidad y verdad hacia un tema tan crudo que…, como dice Julia en lo más personal e intrincado de su alma (su descubrimiento)…, da asco. Léanlo y feliciten al autor de mi parte. Aquí hay madera de escritor. Enhorabuena. Susana F. R.

 

martes, 24 de diciembre de 2013

Feliz Nochebuena

Las mujeres y hombres del campo de Los Pedroches también queremos desear a todos Feliz Navidad. Es un tópico, ya lo sé, pero a veces hacen falta hasta los tópicos para creernos que el mundo puede mejorar. Lo ideal sería que todas nuestras noches y días fueran buenas y buenos, y por eso debemos trabajar a diario. La realidad no la vamos a cambiar en un día, pero tampoco me gusta que destruyamos una tradición que en nuestros pueblos tuvo siempre un sabor especial. Allí al lado del Cortijo nuestros mayores acunaron la luna y miraron el horizonte en la enredadera del olivar con esperanza; cuando ellos sabían bien que al día siguiente el tajo era duro, la mañana helada cruel y el futuro iba a ser el mismo que el día anterior. Pero La Navidad llegaba siempre plagada de ilusión y sana creencia en no se qué, con lazos fuertes de amistad y cariño, solidaridad y..., ¡como dicen aquí al lado (la capitalita)!, con un torreznito de pico y un ajito de cuajar. La nostalgia de aquellos afectos y carencias la lleva el abuelo en las pupilas, mirando allá a lo lejos donde la Sierra guarda sus recuerdos carcomidos por un tiempo ya olvidado. Por lo que a nosotros nos toca, la noche la pasaremos en familia..., como todos...en ese dislocado campeonato de consumo que tal vez no supla las carencias de antaño del abuelo. Pero bueno, os deseo lo mejor..., que está en nosotros mismos..., sin tener siquiera que recurrir al Papa Noel, que son cosas de otros mundos.  

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Mujeres Vaqueras

Hace tiempo que las precariedades de la mujer (en cuanto al género) se disputan y debaten, y hasta se hacen informes enjundiosos. Bueno. Lo cierto es que todos sabemos la posición general de la mujer en la sociedad (de todos los sectores) y las graves carencias, que ahora se acentúan aún más con la crisis. Una cosa es la teoría de las igualdades y otra muy distinta la realidad. Lo que especialmente me preocupa es el papel de las mujeres del campo en Los Pedroches (lo que no quiere decir que lo otro no me preocupe...), que siempre ha sido esencial y lo sigue siendo, pero pasamos por la historia como entes invisibles. La mayor parte de nosotras nos mantenemos en la sombra de las titularidades y derechos jurídicos (largo de explicar) de los hombres, pero el trabajo lo desarrollamos nosotras en buena parte; la innovación del sector sale de nuestras cabezas (también); las iniciativas de muchas otras cosas son también nuestras en buena parte, etcétera. Y no me refiero únicamente a las que estamos completamente en el trabajo diario, sino de esas otras mujeres ya mayores (como mamá) que tienen un papel tan relevante en las vaquerizas y las haciendas rurales, pero no son nadie a nivel jurídico. Mi mayor perplejidad está en que las jóvenes (las más jóvenes) del oficio nos dejamos arrastrar a situaciones del pasado y no hacemos mucho por cambiar, que en bastantes extremos precisa de cambios de cara no solamente en el trabajo, sino en los papeles, asociaciones, sindicatos, Cooperativa y actitudes. Puedo decir, sin temor a equivocarme, que la mayor parte de ganaderas no tenemos aún una relación estrecha entre nosotras para reivindicarnos, y tal vez no tengamos siquiera una conciencia clara de lo que ello supone, o lo que supondría cambiar eso que aparentemente son minucias. No creo que sea así. El sector nos dio con la Cooperativa un vínculo económico a todos los socios, y unos horizontes de desarrollo, pero la mujer no tiene ese protagonismo que debiera, cuando todas sabemos que ni en la cabeza de mando ni en las explotaciones particulares contamos como realidad social ni cultural de importancia. Los intereses de las mujeres (como tales) no están siquiera contemplados aún en nuestras aspiraciones..., tal es la situación calamitosa en que nos encontramos. Cada pueblo posee (no todos) algunas asociaciones de mujeres de otros sectores, que más que nada son (y perdón) receptáculos de subvenciones sin compromisos claros de actuación, sin ambiciones o aspiraciones a perseguir. No. Yo no veo por ningún lado ese impulso que sería preciso para encontrar cauces de mejora en lo que más nos concierne. A veces nos pensamos que las cuatro ganaderas que nos conocemos (por encima, de vista) somos el colectivo, y eso es completamente falso; como lo son los informes de las cuatro titularidades que existen con nombre de mujer. Somos muchas más: pero calladas y sin solución de continuidad diferente. El peso del pasado es abrumador, pero curiosamente existimos algunas muy jóvenes con bastante iniciativa, y no nos arredramos con el trabajo, pero a la hora de formar un bloque sustancial estamos estancadas como el hielo. Tal vez la liberación de la mujer, de la que tanto se hablaba antaño y habla actualmente (en lo del género), no sea más que una pantomima para las que han tenido la suerte de contar con otras profesiones más liberales o medios económicos más solventes (que esos sí que creo que dan más libertad y liberación de género). Tal vez seamos simplemente nosotras las que no somos capaces de azuzar al viento con fuerza para que sople en nuestra dirección, o movernos con habilidad para procurar su empuje. Ahí está la pelota en el tejado.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Contrapunto

 
 
Los días de fiesta que se aproximan siempre me dejan un sabor agridulce. No sé si es cosa personal por esta época del año, del oficio, o de que estoy baja de optimismo. La cosa es que los últimos meses la vaqueriza me tiene tan metida en la tarea que apenas si puedo librar un poco (con los días que se ha pegado mi hermana en su viajecito), y ello influye en el estado de ánimo. A pesar de todo, y con lo que me cuenta mi hermana (de su vuelta de unos días por Europa), y mi amiga americana Caty que me saluda desde París, me surgen siempre dudas sobre los españoles. Es cierto que la profesión que nosotras tenemos (y todos los vaqueros y agricultores) nos ata sobremanera, y no podemos hacer cuanto queremos; y el tiempo viene tasado por un oficio bastante esclavo. Desde aquí, tengo necesariamente que mirar con envidia a Catherine (que es americana) viajando constantemente por el mundo, ora en París y Londres, y hace unos meses en Viena, después de haber estado sus vacaciones más largas en Vietnan. Y no es ninguna potentada. A mí se me encoje un poco el alma, porque yo no puedo hacer eso; ni siquiera me alcanza el espíritu para plantear esas aspiraciones…, que casi serían proezas con la vaqueriza. Tampoco veo a mis amigas de toda la vida (las del pueblo, pero estudiantes y con oficios buenos) con un ritmo similar: Mónica estuvo hace varios años (después de su licenciatura) en Alemania, pero volvió y su extrarradio se aleja poco más que el nuestro; Juani hace algunas escapadillas, pero de horizontes cercanos, y lo mismo pasa con las demás, que salen lo mismo que nosotras (alguna vez, esporádicamente). En el fondo creo que España sigue siendo singular, y para la mayoría no existen muchas posibilidades. Como dice Vero, hay que salir a Europa para darnos cuenta de cómo somos, y quitarnos las telarañas de los ojos para mirar con un poco de perspectiva. Somos bastante particulares y tenemos aún proyecciones alicortas en lo económico y cultural (y no lo digo ahora por lo de la crisis económica, que seguramente nos limita más). Es cierto que estos años de atrás ha habido más dinero y hemos rumbeado (como dice padre) con coches, pisos y viajes, pero mantenemos un comportamiento bastante casposo y campestre (entiéndaseme bien) que nos limita demasiado: en lo de ser ciudadanos abiertos al exterior. Andamos aún poco sueltos por el mundo mundial (ja, ja, ja..), y los que salen (obligados, como los estudiantes, parados...) no dan tampoco el perfil de mi amiga Cathy. Los más atrevidos y con posibles (de la masa grande), hacen algún escorzo en vacaciones, pero de corto calado y no muy a menudo (excepto la élite..crème de la crème, esa siempre). Tal vez sea una percepción mía que no se corresponde con la realidad, pero lo que me llega desde fuera (y cuando yo salgo, lo poco que...) veo que tenemos que romper más el cascarón y soltarnos hacia otros mundos; dominar más los idiomas y encontrar otras perspectivas diferentes a las que diariamente tenemos aquí. Dice Vero –encendida ahora por su mirada reciente desde fuera– que aquí estamos enfoscados en un endiablado círculo de limitaciones profesionales, políticas, económicas y culturales. Desde Europa España se ve de otra forma y sin complejos, sin la mirada constante hacia nuestro ombligo y problemas sempiternos, dejando atrás nuestras limitaciones y sin las falsedades y mentiras maniqueas en las siempre estamos absorbidos (o nos absorben). No sé.

lunes, 25 de noviembre de 2013

El Circo (pea...tonal)

Con las cosas de aquí al lado te ríes un montón. Cuando no es por una cosa es por otra: sobre todo con las cuitas del Ayuntamiento y sus desmanes. Ahora resulta que para solucionar el problema de la peatonalización de la Calle Mayor recurren al voto ciudadano, y supongo que pronto lo harán para que ellos decidan (los ciudadanos) también sobre sus sueldos (de los políticos); puestos a ser democráticos...No parece seria la cosa. No porque monten un circo de esta categoría con una votación penosa, al parecer (en forma, contenido, desinformación, resultados, etcétera), sino porque hace falta un poquito más de talla política para hacer las cosas y ser responsables de ellas. Si se toma una decisión de esta embergadura, pues eso tiene una responsabilidad y se pagará con ello en el futuro. Opiniones hay para todo (a favor y en contra), pero una servidora piensa que cuando lo hicieron sería con sus correspondientes análisis y estudios, con argumentos de peso, con comparativas respecto a otros núcleos...No se puede estar a las duras y a las maduras, haciendo y deshaciendo (creo yo), cuando son los ciudadanos (de una y otra opinión, a favor y en contra) los que sufren estos desaliños. Las obras cuestan mucho, y la economía y la política no se pueden hacer ni con improvisaciones ni vaivenes que dan risa. Yo no vivo allí y no sé muy bien las ventajas e inconvenientes, pero lo seguro es que los habrá en una u otra posición, aunque las decisiones se toman en relación a todo el pueblo y sus vecinos; e incluso a la comarca. Siempre habrá algún perjudicado puntual y voces críticas. No obstante, el bien común exige miras más altas en cuanto a lo que implica la decisión respecto al urbanismo; en cuanto al vecindario; la economía general; el futuro de este pueblo y su desarrollo en el centro. Hay desde luego muchos puntos encontrados..., pero el circo no es la mejor manera de solucionar los problemas. Particularmente tengo mi opinión, que tal vez no sea la correcta. En mi ignorancia, me parece que con estas cosas no se puede jugar. Se ha tomado una decisión política y (en cuestión de meses) no puedes tontear de esta manera. Creo que en todas las ciudades deberíamos vivir, andar, saltar y disfrutar los vecinos sin coches, que son un enredo y solamente dejan malos humos, ruidos, gasto y entorpecimiento de la vida (salvando, claro está, los momentos de abastecimiento...). Vivir con el embotellamiento de los coches no lo veo una buena alternativa, y menos en un pueblo-ciudad. En el pueblo de al lado no hay distancias para tener que ir al centro con el coche a cuestas. Por lo menos, yo, cuando voy, no tengo esa necesidad. Para gustos hizo Dios los colores. Tampoco parece que las ciudades pugnen por este camino, sino por el contrario: dejar los cascos urbanos y zonas comerciales libres de trafico. Tal vez todos estén equivocados. Puede ser, pero la tónica que se ve...Tal vez los comercios de la capitalita estén hundidos por no haber tráfico...Pues si esa es la solución, qué triste parece. Algunos argumentos que se utilizan contra la peatonalización, y que he oído de pasada son de risa (seguridad, que está desconsolada y triste, que da pena...; que la economía se ha hundido). Bueno, cada cual tiene su criterio y opinión, pero las autoridades debían ser un poco más serias en las decisiones. Creo yo. Cosillas de este tipo, como la peatoninalización, Alineación y otras parecidas le quitan a Pozoblanco bastante crédito y futuro. Algún día se acordarán los nietos de estas formas de hacer política y economía. El desarrollo y las cosas serias tenían que estar en manos, a mi entender, de gente que supiera un poco más allá de las simples opiniones, gustos e intereses. No sé.

sábado, 23 de noviembre de 2013

CHORIZOS

No quiero referirme en esta ocasión al producto culinario de la matanza, que el abuelo me recuerda a estas alturas y con estos fríos, en que el tiempo está ya matancero. De ello hablaré en otra ocasión. Con el citado término me refiero ahora a esa otra acepción que tanto reitera padre cuando se enfada por la cosa política, y lo hace mucho a diario, sobre todo cuando nos matamos a trabajar en la vaqueriza, haciéndolo con honradez y honestidad para sacar la hacienda adelante. Otros en este país, al parecer, encontraron durante décadas otros derroteros para enriquecerse y mofarse de los demás. La cosa no sería grave si no fuera tan abultada la empresa, tan extendida y derramada hasta en las altas instancias. Pues aquí parece que no libra nadie, desde el Rey hasta el último mochuelo. Bueno, quien escuche los medios de comunicación estará bien saciado de esta plétora de indignos, y hasta se enfadará como lo hace mi progenitor sin medida. Para nada. A mí no me gusta ni la política ni oír hablar siquiera de esa corte de impresentables que te cortan el aliento..., y hasta la vida. Desgraciadamente contra ello se puede hacer poco, aunque algunos se empeñen en sentenciar que el ciudadano tiene la solución en las urnas. Ya sabemos que no. Seriedades aparte, continuamente le digo a padre que no se enfade de esa manera, y me río recordándole (llorando para adentro) que España es el país de la Picaresca: de los Lazarillo y los Guzmanes, rinconetes, cortadillos y monipodios..., y no sé muy bien porqué nos enfadamos tanto. Bien es cierto que el trasfondo social de aquella época estaba sembrado con crisis económicas, miseria social y podredumbre moral, que eran argumentos más que sobrados para justificar aquellas prendas. Ahora, las premisas de fondo son las mismas o parecidas, y muchos de los latrocinios siguen las mismas sendas aunque estén disfrazados con ropajes de nuestros tiempos. Hablo, claro está, de los estratos más bajos, que hacen sus fechorías en la sombra y no salen en la tele (a veces se nos olvida mirar al rededor), pero con sus mismas maneras de hacer en la sombra (no trabajar como deben; cobrar y falsificar...) podrían fácilmente pertenecer a la cofradía de Monipodio. Estos se nos olvidan a diario. Otra cosilla de igual gravedad son los jefilates de la política, los partidos, la corrupción y el dinero: esos son pícaros de alta esfota que revisten sus cuerpos con trajes de postín, palabrería, engaño, manipulación y cinismo. Tienen un código ético y moral putrefacto y pestilente. Viven en la mentira y el engaño y no se inmutan, conviviendo a diario con sus ingenuas presas, que pastorean al arrullo del arroyo que tintinea cantos de sirena. Andan a sus anchas y ni siquiera -como dictara el genio universal- tributan a su conciencia: con el robo por montera, con oficio de robo libre, horro de pecho y alcabala. A diferencia de los pobres pícaros de antaño, éstos de hoy en día (disfrazados de chaqueta de seda) también sirven a Dios y a la buena gente. Lo malo del panorama es que aquí y ahora esta cofradía del robo se encuentra tamizada de honradez, y ni siquiera en sus adentros se sienten verdaderos, porque la engañifa y la mezquindad la entienden como bonanza y cosa fina. Sus atropellos no son hurtos ni floreo de feria, ni ellos cuatreros, ladrones, tahúres, rufianes de baja estofa, sino que pertenecen a esa otra escuela de la honestidad y honorabilidad comprobada, que nadie logrará enturbiar porque tienen siglos de aprendizaje. Los jueces no verán en ellos ni la mínima mácula.... Y si la ven será porque -como dice el abuelo- son la última sardina de la banasta.

viernes, 15 de noviembre de 2013

NO ES UN DIA CUALQUIERA

No niego que soy adicta a la música, y mi padre a los magazines mañaneros. Gran parte de esta adición --sobra decirlo-- está vinculada a la radiofonía, que es casi una degeneración profesional en quienes nos dedicamos a oficios muy estáticos y un tanto reiterativos los quehaceres cotidianos. Como es bien sabido, en la vaqueriza y el trabajo de campo existen dos perspectivas bien diferentes: una, la quieta, anodina y monótona actividad del ordeño y cuido de los animales e instalaciones (alimentación, higiene...), que se dilata a veces como un año sin pan; la otra la pasamos en ese otro campo y ganado que no prevalece estabulado y te encuentras a cielo abierto y con mayor libertad. Una cosa compensa la otra. Pues bien, en las largas jornadas del día, cuando el tedio se impone, es cuando mi hermana y yo recurrimos a la música de fondo, y padre a sus informativos y magazines casi siempre teñidos de política y problemas (para gustos hizo...). Los sábados por la mañana escuchamos como telón de fondo un programa que se titula "No es un día cualquiera", que capitanea la fantástica Pepa Fernández con otros grandes de la radio. Es un programa que mueve mucha audicencia y lleva años en el candelero, con un share increible. El pasado sábado escuché que el próximo fin de semana van a venir a Pozoblanco al arrimo de las Jornadas de la Fundación Ricardo Delgado Vizcaino, que es nuestra casa cultural. Mira por donde. En todos los programas dedican una parte destacada a parlamentar sobre algún aspecto de interés de los lugares que visitan y sus circunstancias más relevantes. En este caso, lo que toca -creo yo- será hablar de Pozoblanco y la comarca, y entre ello de las bondades y perspectivas de esta tierra. Digo yo (ingenua de mí) que si no sería una oportunidad de oro para hablar (quienes tengan la suerte de poder hacerlo allí) de nuestro problemas de la leche y las solícitas comunicaciones tan manidas en los últimos tiempos (AVE). Es comprensible que se hagan planteamientos edulcorados para ensalzar nuestra comarca y elevar sus bondades a toda España, que nos hace falta, pero más allá de la loa y el enaltecimiento se pueden reivindicar y plantear afablemente nuestros problemas: pues en muy pocos segundos, hablando claro y con franqueza, se pueden conseguir más cosas que en cien movilizaciones que no llegan ni a Córdoba; mucho más que hablando con políticos ineptos, serviles a sus partidos e incompetentes, que veremos muy pronto (en diciembre) en la foto del primer y único AVE que románticamente parará por la estación y en nuestras dehesas. Todos conocemos el poder inmenso de la radio y sus escuchantes, a quienes se les puede sensibilizar fácilmente, sin hacer desmerecer para nada la comarca y nuestras potencialidades. Solamente hace falta atrevimiento en los que hablen y claridad (sobra diplomacia y buenismo). Las cosas bien dichas y sembradas de sinceridad enraízan fácilmente. Tenemos la mejor ocasión de nuestra historia para hacernos oír, sin faltar a las normas de cortesía. ¡Vamos..., una ocasión de oro!

lunes, 11 de noviembre de 2013

UNA OCASIÓN DE ORO

No niego que soy adicta a la música, y mi padre a los magazines mañaneros. Gran parte de esta adición --sobra decirlo-- está vinculada a la radiofonía, que es casi una degeneración profesional en quienes nos dedicamos a oficios muy estáticos y un tanto reiterativos los quehaceres cotidianos. Como es bien sabido, en la vaqueriza y el trabajo de campo existen dos perspectivas bien diferentes: una, la quieta, anodina y monótona actividad del ordeño y cuido de los animales e instalaciones (alimentación, higiene...), que se dilata a veces como un año sin pan; la otra la pasamos en ese otro campo y ganado que no prevalece estabulado y te encuentras a cielo abierto y con mayor libertad. Una cosa compensa la otra. Pues bien, en las largas jornadas del día, cuando el tedio se impone, es cuando mi hermana y yo recurrimos a la  música de fondo, y padre a sus informativos y magazines casi siempre teñidos de política y problemas (para gustos hizo...). Los sábados por la mañana escuchamos como telón de fondo un programa que se titula "No es un día cualquiera", que capitanea la fantástica Pepa Fernández con otros grandes de la radio. Es un programa que mueve mucha audicencia y lleva años en el candelero, con un share increible. El pasado sábado escuché que el próximo fin de semana  van a venir a Pozoblanco al arrimo de las Jornadas de la Fundación Ricardo Delgado Vizcaino, que es nuestra casa cultural. Mira por donde. En todos los programas dedican una parte destacada a parlamentar sobre algún aspecto de interés de los lugares que visitan y sus circunstancias más relevantes. En este caso, lo que toca -creo yo- será hablar de Pozoblanco y la comarca, y entre ello de las bondades y perspectivas de esta tierra. Digo yo (ingenua de mí) que si no sería una oportunidad de oro para hablar (quienes tengan la suerte de poder hacerlo allí) de nuestro problemas de la leche y las solícitas comunicaciones tan manidas en los últimos tiempos (AVE). Es comprensible que se hagan planteamientos edulcorados para ensalzar nuestra comarca y elevar sus bondades a toda España, que nos hace falta, pero más allá de la loa y el enaltecimiento se pueden reivindicar y plantear afablemente nuestros problemas: pues en muy pocos segundos, hablando claro y con franqueza, se pueden conseguir más cosas que en cien movilizaciones que no llegan ni a Córdoba; mucho más que hablando con políticos ineptos, serviles a sus partidos e incompetentes, que veremos muy pronto (en diciembre) en la foto del primer y único AVE que románticamente parará por la estación y en nuestras dehesas.
Todos conocemos el poder inmenso de la radio y sus escuchantes, a quienes se les puede sensibilizar fácilmente, sin hacer desmerecer para nada la comarca y nuestras potencialidades. Solamente hace falta atrevimiento en los que hablen y claridad (sobra diplomacia y buenismo). Las cosas bien dichas y sembradas de sinceridad enraízan fácilmente. Tenemos la mejor ocasión de nuestra historia para hacernos oír, sin faltar a las normas de cortesía. ¡Vamos..., una ocasión de oro!

viernes, 8 de noviembre de 2013

Brillante rayo de luz (micro)

El auténtico talento supera todas las barreras del mundo. Martín llevaba toda una vida adosado a su mesa, al arrimo de su lamparita de neón y los cachivaches elaborados con la mayor satisfacción del mundo; saliendo a diario a su pequeño paseo embebido en sus meditaciones profundas, nada filosóficas, casi siempre en relación con sus artificios e invenciones. Nadie dudaba de su ingenio y capacidad desbordante, pues con limitados recursos había creado un sinfín de maquinitas bien prácticas: un rascador automático que llegaba a las partes más alejadas de la espalda; un celaje movido con mecanismos internos; un balancín de pies automatizado y un reposalibros multifunciones; y qué decir..., de todas las estufillas de los habitáculos de los congéneres de su eterna convivencia (amigables compañías a la sazón del tiempo), realizadas con mezquinos ladrillos y muelles de los camastros al arbitrio de pobres resistencias. Todo un alarde de técnica y mecánica resuelto con la pericia e inteligencia de un hombre cargado de sensatez. Hacía ya años que habían pasado los desatinos morales y desajustes de comportamiento. Ahora todo era vida cabal dedicada a la invención y la creatividad. Contaba con la quietud necesaria, el hábito y la solvencia precisa para dedicarse diariamente a nuevos retos. La generosa sociedad, que habitaba al otro lado del mundo, tenía con los trasgresores la deferencia de haberle concedido el mayor regalo del mundo: el tiempo. Le habían otorgado, al tenor de la diosa Fortuna, la gigantesca prebenda de cincuenta años en el penal.

lunes, 21 de octubre de 2013

La Cruz...(microrrelato)

[A mi antiguo profe de Historia, que me contó la leyenda; y a mi hermana Vero, siempre] El barbado sesentón observaba los corchos colmeneros con ojo avizor: escrutando la vívida comunidad, ahora en reposo, con el mayor empeño del mundo. Nadie hubiera dicho, en sazón de una ocupación tan doméstica –y de los atavíos que portaba–, que aquel hombrecillo engolado era una eminencia de la ciencia: Reyes y príncipes, papas y cardenales habían escuchado muchas veces sus atinados consejos. Pero ahora, sin la mayor premura, iba de un lado para el otro de los panales pisando como sobre hojuelas, con unos cómodos pantuflos para no molestar a los animalitos. En estas lides mañaneras gustaba de estos melifluos desahogos de mente apreciando la naturaleza, vestido con sayo antiguo, calzas avejentadas y calzón largo poco presentable en sociedad. Aquí, sin embargo, la soledad de su retiro le permitía algunas licencias livianas, sin perder nunca la compostura ante el servicio. La huerta del Señor doctor guardaba las mejores excelencias de la tierra, pues se encontraba en el faldón de la sierra, protegido de los malos vientos y al arrimo de varios arroyos que acunaban un buen surtido de arboleda de todo género: desde los ricos membrillos avezados de fruto en la septembrina a los vistosos granados; la ingente hilera de melocotonares y cerezos, perales, ciruelos y hasta avellanos; y hacia el exterior del campo bravío la gentil prestancia del madroño abundante, del acebuche y del mirto. La guinda a este surtido fruteril la acababa de poner el excelso dueño con una siembra abultada de vides, para colmar en tiempo de ocio las ansias de sed con el sagrado néctar de Baco; y hasta barriles de roble ha tenido que fabricar en tal empeño. Sí, una concesión para el cuerpo a la medida de la decencia y la templanza económica. Un pequeño paraíso alejado de las molestias de la corte y de urbe, a varias leguas de distancia, al son de la naturaleza y al arrullo de la soledad: imprescindible para sus ocupaciones como menestril eminente de la pluma. La pequeña tregua mañanera se tamizaba muy pronto con el frenesí del estudio, pues todo el día habría de prevalecer el enteco caballero enfrascado en los latines; con ligeras ociosidades de entretenimiento epistolar para cumplir con el maestro Oliva, con el viejo Honorato o el señor obispo; o distraerse, por qué no decirlo, con las disputas beligerantes de Cano. Había que estar al tanto de las novedades del Reino, de las escrituras de los colegas o de las ligerezas de los caballeretes (a los que, bien es cierto, les daba poco oído y ningún pábulo). Las cuitas del emperador eran predio de no poca meditación, que por ello excusaba parte de su hacienda, prestigio y cumplido oficio. A su vera, más tarde que pronto, deambularían al retortero la veintena de criados y familiares en apresto de necesidades del prócer, más bien para complacerlo que por servicial empeño: hermanos, sobrinos y capellanes que cumplían sobradamente con el arropamiento necesario para alimentar el cuerpo y el alma del magnate del intelecto. Varios de ellos le acompañarán mañana a primera hora –bien cumplidos los oficios religiosos– hasta el villorrio de Pozoblanco, donde mantiene desencuentros con algunos criados holgazanes e interesados sin decencia. Solo por eso se desplaza de su retiro el anciano. Desgraciadamente, el erudito que antaño trajinara sin desdén por Nápoles, Roma o Bolonia en pos de su más alto señor, ahora tiene ya el cuerpo quebrado y no encuentra satisfacción alguna en el viaje. A escasos quinientos pasos de su pueblo natal le tendrán que detener a descansar para que no desfallezca, y mirará al horizonte de su pueblo y verá la ermita allá en lo alto..., y soñará en esa vieja Europa que es objeto de sus diatribas escribaniles. Pero el viejo doctor, Don Juan Ginés de Sepúlveda, no sabrá nunca –por las cábalas de la Historia (sembrada de verdades y medias verdades)– que en su recuerdo se levantará un día la modesta leyenda de la Cruz del Doctor en su memoria.

QUE PARE EL TREN EN LOS PEDROCHES

QUE PARE EL TREN EN LOS PEDROCHES
Vista Parcial de la Manifestación en la Estación de Villanueva