Mostrando entradas con la etiqueta Trabajando. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Trabajando. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de enero de 2014

Manto Blanco


-->
Hoy es uno de esos días que regurgitan los sentidos (con perdón). Cuando llegas a la vaqueriza se te hiela el aliento y se solidifican las palabras. ¡Cómo estaba esta mañana a las seis la hacienda y Los Pedroches! Un inmenso manto blanco cubría toda la planicie como ondulante sábana de cristales, perdida al infinito. El espectáculo fue maravilloso cuando el horizonte abrió brecha de luz reflejando al cielo en el armiño estridente de la noche. En estas ocasiones la vista bota de alegría y las miradas se prodigan por doquier. Todo es bello en rededor. Y hasta el hielo que se te cala en los dedos y en lo más hondo del alma te resulta grato: porque la naturaleza te vuelve a la vida azuzándote el espíritu y la esperanza. Hay un momento de clímax en toda esta estampa que te deja quieta. Admirando y escrutando este paisaje que, aunque monótono en su esencia, te regala momentos bellos como estos. Es verdad que pasas frío y te tiembla hasta la mirada, pero te reconforta comprobando que la vida sigue su ciclo: que hace hielo por la noche (pelona dice el abuelo) y a las pocas horas Apolo templará su mano con suavidad, dejándonos un día claro y luminoso. Es la vida. Las vacas me esperaban ateridas como mascarones de tramoya, como estatuas, inmovilizadas en esa sempiterna quietud que parecen diosas griegas que traspasan el tiempo y el espacio. Cuando te ven entrar..., cabecean con la seguridad de que tu estás allí como siempre, para darles el alimento de cada día. En estos días de rigor el silencio parece que es más silencio entre la estampa blanca, y el ganado más candoroso y sufrido. Parece mentira, pero el tiempo templa mucho los afectos hasta con los animales. Me gusta observar su comportamiento, y esa sabiduría natural que tienen para escoger los rincones más cándidos; los recovecos más escondidos donde el resguardo es pleno, sin concesión alguna al venticello gélido de la noche. En días como estos, digo, caminan a un mismo paso el esplendor del invierno y el sacrificio de quienes trabajamos al albur del tiempo, que lo hacemos siempre como el ánimo alto de estar vivos sintiendo la normalidad de la vida.

jueves, 13 de junio de 2013

Mala Leche (III)

Dice el refrán que al perro flaco todo se le vuelven pulgas, y desgraciadamente así debe ser. Por si teníamos poco con la nefasta situación de la leche, ahora se han detectado en algunas explotaciones convecinas ciertas micotoxinas producidas por mohos. Con lo que se han inmovilizado toneladas de maíz y paralizado producciones ingentes de leche. Era lo que nos faltaba. Ayer me decía una amiga afectada del pueblo de al lado que es para ponerse a llorar, porque cuando la cosa aprieta de esta manera sientes la frustración más grande del mundo y te encuentras impotente. En esta ocasión la Junta ha detectado con sus controles la contaminación de los alimentos del vacuno, y no niego que sea satisfactorio para que no se trasmita ningún tipo de enfermedad a la cadena alimentaria, pero resulta frustrante esta desgracia para quienes nos dedicamos a esto, pues te inmovilizan el monto de alimentación que tienes preparado (y gastado tu dinero) y se paraliza completamente la explotación de la vaqueriza. De nuevo nos toca a nosotros, y esta vez será por las dichosas variaciones meteorológicas o lo que sea, pero parece (es broma...) que todo está confabulado para que andemos siempre dando tropezones por la vida. Precisamente este año, que ha llovido como nunca y teníamos una primavera singular, con agua a rabiar y hasta contento el personal a pesar de los pesares...; pues nada, aquí está servida la desgracia del maíz para terminar de completar el desastre. Lo dicho, hay veces que piensas que vienen a por ti y no paran (las circunstancias). No queda otra que seguir trabajando, como siempre, con el sufrimiento a las costillas e intentando superar este nuevo desaliño. No quiero disgustarme más de lo que estoy, pero me fastidia que nos pasen estas cosas cuando tenemos todos los preparativos del mundo: las maquinitas más avanzadas del mercado y los controles de leche, los análisis más exhaustivos, los cuidados más rigurosos..., ese sin vivir de exigencias actuales (papeles y más papeles) que pareces una máquina mirando mandos y estadísticas. Y luego..., ¡Zas...!, te viene una detestable infección por la vía del tiempo y del ambiente. Diremos..., como decía mi antiguo profe de historia que decía Felipe II: “yo envié mis naves a pelear contra los hombres, no contra los elementos”. Pues eso digo yo ahora (ja, ja, ja). Me río por no llorar, de verdad.

lunes, 3 de junio de 2013

Tengo trabajo para todos

No es una falacia, aunque lo parezca. Puede que sea una grosería (que me perdonen los miles...), pero lo no es en absoluto en mi intención, si se entiende desde la buena fe con que lo digo, y desde perspectiva de mi trabajo en el campo. Desgraciadamente hay muchos miles de personas que no pueden trabajar aunque quieran, y lo siento de verdad, pero en el oficio que tengo y a estas alturas estamos que nos salimos de trabajo. Bien es verdad que la ganancia no compensa el esfuerzo que realizamos, pero aquí no se pueden dejar las cosas a medio hacer o sin hacer. La vaqueriza tiene sus horarios y no perdona ni días de diario, sábados ni domingos, ni fiestas de guardar (que decían antes); la corta del heno y la hierba también te reclaman como agua de mayo, y lo poco que tienes lo realizas con la mejor voluntad...; y si no lo haces tú, pues ahí se te va toda la grasa en pagarle al que lo haga. Y ahora ya no se pueden pagar esos jornales de máquinas trabajando diez horas seguidas. En invierno está el tiempo más tasado y la luz pone límite al trabajo, pero ahora dice padre (y es verdad) que en cada día se sacan tres jornadas (y es verdad), porque desde que amanece hasta el atardecer quedas completamente derrumbada, pues el día no tiene fin; y el trabajo tampoco. Por lo  menos yo y mi hermana. Padre hace de tripas corazón, y madre nos sonríe con complacencia para que no perdamos la esperanza. Eso sí, cuando te levantas tan temprano para aprovechar más el día (que desgraciadamente hay que hacerlo, porque se puede y tienes mucho que hacer), la naturaleza te gratifica a lo grande: porque hay que ver que cielo más azul y abierto había hoy, que puedes mirar al infinito y nunca llegas a aprenderlo; el sol aún no calienta y andas a tu aire a pierna suelta, respirando puro y mirando muy claro a tu ganado. A estas horas la vida del pueblo está calma y somos cuatro los que andamos como dueños del palacio, y hasta los saludos entre nosotros parecen más cumplidos y verdaderos. A medida que viene el día y se despereza el gentío se va sembrando la mañana del monótono espectáculo de la vida de un pueblo que, día a día, cumple (como lo hacemos todos) con las mismas actividades y la imposición de horarios que te exigen unos y otros. Lo dicho, trabajo hay mucho, y a veces me parece una eternidad cuando me voy a la cama. Desgraciadamente no ganamos ni para nosotros..., pero trabajo no falta.

jueves, 25 de abril de 2013

Luna de abril

Esta madrugada, en que el oficio nos aprieta a deshoras (por la Feria, todo sea por una buena causa), el cielo nos regala un plenilunio maravilloso. Qué blanca y que rotunda sobre el cielo azul de Los Pedroches. Cascabeleando y dando saltos de princesa entra de rondón en mi vaqueriza, y me saluda a boca llena. Qué buenos augurios me presume, qué buenas palabras me susurra y me dice al oído despacito. Yo la escucho embelesada sin perder ripio de mis cosas, mirando su belleza inmensa sin recato. Dice el abuelo que la luna de abril es dicharachera en pronósticos, porque habla muy claro diciendo lo que sabe..., y sabe mucho del campo y del tempero. Hace siglos que los hombres de la tierra miran la luna y escuchan sus decires..., hace mucho que hombres ya han perdió hasta el oído, y no miran siquiera al firmamento. A mí me encanta entender, y casi no lo entiendo, todo eso que señalan los de antes: que si está clara y rotunda –dicen– las cosas marchan por sus pies; que la sementera fragua con el rocío de la luna clara..., que la primavera viene por sus cauces y hace lo que tiene que hacer. Son cosillas de cuidado, que hay pensar dos veces. Y aprender. De la belleza..., ni hablo..., porque hay que mirar y ver, hay que escuchar y sentir; hay que tocar el aire con las yemas de los dedos y frotar el cristal de la mañana, y hasta sufrir el vientecillo hiriente de la noche que te hace sentir viva. Otros más entendidos en estas lides nos ponen al tanto de los eclipses, que de no ser por ellos ni los veríamos, como el esta noche, cuando la luna lunera derrota galanura en Escorpio..., o dentro de unos días (10 de mayo) cuando eclipse al propio sol en los dominios de Tauro. De nuevo la miraré esta noche y soñaré con ella, y desde lo alto del cielo me enseñará su corazoncito.






viernes, 22 de marzo de 2013

El Barrizal

(foto: la he pillado en el espacio, no hago negocio con esta foto, y no voy con cámara al trabajo ni la tengo en mi corto esparcimiento. Pido perdón por su uso)

El campo está precioso. Y la luminosidad allende el horizonte me emociona al atardecer, cuando despeja en lo alto y se abren claros –muy nítidos– que permiten rayos mortecinos que ponen algo de color al plúmbeo suspiro de la tarde. En estos días bien templados de agua el abuelo dice que no hay nada que temer, solo las molestias e indispociones de los paseantes, pues en los tiempos en que vivimos nos incordia hasta el bisbiseo de la débil cortina de agua siseando. A mí me gusta el agua cuando campea a sus anchas durante toda la jornada, y aunque te pone un poco tristona (y te tienta la nostalgia de un nosequé) disfrutas del tempero del invierno en retirada (qué palabra más bonita que emplea el abuelo). Lo peor para nosotras (para mí y para Vero) es el barrizal que se forma en la vaqueriza en derredor, que tiembla Dios y el Diablo cuando lo tenemos que adecentar: ya no es el trabajo, que echas lo suyo, sino el guarreo (perdón) sumergiéndote en ese pasteleo indecente que te forman los animalitos; y hay que dejarlas, aunque te repatee, para que al menos ellas vean también un poco el cielo y respiren el aire puro de Los Pedroches. Son ganges del oficio de los que no me quejo en el fondo, aunque patalee un tanto como el más humano de los mortales. Es lo que elegido y tiene sus pros y sus contras, aventajando los primeros en mucho a los segundos. Si hubiera querido otra profesión me hubiera inclinado por ella, porque arrestos no me faltan, pero no quiero ser una vaga o mantenida, ni peleona o charlatana insulsa; o vicebersa. Ya hay en el mundo mucho de lo que no me gusta: faltones y pendencieros, embaucadores de la tinta y cuneros de la tertulia; meapilas, mercachibles del insulto y disfrazados de magos con buena verborrea. Ese no es mi mundo. Por mi parte disfruto un montón con zarandal, la vaquilla Postinera y Estrellada (madre), que saben mejor que nadie lo que tenemos encima. Y sufren en silencio el problema de la leche más que nadie (aunque parezca mentira)..., cuando ellas (las pobrecillas) siguen dándonos lo que tienen.

QUE PARE EL TREN EN LOS PEDROCHES

QUE PARE EL TREN EN LOS PEDROCHES
Vista Parcial de la Manifestación en la Estación de Villanueva