lunes, 29 de abril de 2013

La danza del Patatú

La estancia dilatada en la Feria Agroganadera permite un sinfín de instantáneas, no solamente fotográficas, sino impresiones personales y panorámicas humanas que son muy dignas de analizar. De ello hablaré otro día. Ahora quiero traer a colación uno de esos espectáculos que gustan y conmueven al gentío, sobre todo porque son muy vistosos (mediatizados, también) y se han convertido en cuadros populares de mucho sabor. En esta ocasión el penacho de la Sierra sur de Los Pedroches se timbraba de anfitrión, y  correspondía hacer gala a Obejo de su patrimonio y tradiciones. Para ello nos trajo ni más ni menos que su danza del Bachimachía (casi saltando), que es toda una tradición de hondo calado, según dicen los entendidos. A mí me encantan estas cosas, y ya la había visto en varias ocasiones in situ, pero nunca está de más el disfrutar y recrearse con acontecimientos que guardan tanta esencia y  contenido. Era el gran evento del día y todo el mundo lo esperaba, y ellos respondieron con la debida correspondencia ante la concurrencia. Hubo danza, danzantes y música, y seguro que lo hicieron con todo el cariño del mundo y  su mejor hacer. No lo dudo. Sin embargo, en estas cosas es donde se aprecia el valor de las tradiciones, sus carencias y limitaciones fuera de contexto. Me explico. Lo que vimos el sábado fue un espectáculo..., muy bonito y vistoso, alegre y completamente singular, que nos trasladó a ese resquicio tradicional de Obejo que guarda en sus entrañas esta guinda de tanto color. Pero qué distinto y distante fue esta danza a las que he visto realizar en su lugar original, siendo los mismos danzantes, la misma música e idéntica danza. Las cosas en su sitio, dice el abuelo (para otras cosas), y a esto se podría transpolar sin quitarle ni un ápice de verdad. No es que esté para nada en contra de lo que se hizo, que me parece muy bien y proyectó magníficamente su tradición, lo más grande y destacado que ellos tienen, pero la danza allí está arropada de los elementos que aquí faltaban, que no son pecata minuta. El ambiente festivo de San Benito (como cualquier fiesta) y lo que ello implica no es carencia baladí, pero tampoco ese arrullo de familiares y vecinos –qué hay que verlos y escucharlos allí– que ven a sus danzantes (consanguíneos) con el embeleso de quien mira a un novio (a una novia), a uno de los suyos haciendo algo muy especial..., y ellos bailando y danzando recíprocamente para sus convecinos, que se saben y se conocen en lo más doméstico y jaranero..., pero el baile es otra cosa: historia, tradición y sangre de los antepasados hecho rito y sembrado de solemnidad. Eso no se puede traer a Pozoblanco..., ni a Madrid. Tampoco ese ambiente marchando por el pueblo hacia su ermita, que es emblema de espiritualidad y escenario centenario de un Pueblo. Y por supuesto, la danza y el Patatú no se representan con el mismo sentimiento ni la misma garra. Aquí se hizo un espectáculo (una representación) muy digno y teñido de seriedad, aunque pasa como en las ediciones de libros, la matriz vale muchos quilates, aunque todas las demás copias salgan iguales. Pero no es lo mismo. Eso es lo que pienso, y recomiendo que se vaya a ver la obra en su escenario, porque allí no se verá una actuación, sino la creación misma de la tradición a sangre y fuego sin actores, sino con ellos mismos descarnados con la verdad en sus cuerpos, en su pueblo y entre su gente.  

sábado, 27 de abril de 2013

Premios

Los premios te dan satisfacciones y compensan el esfuerzo que haces a diario, no lo niego. Representan el empeño en el trabajo bien hecho y el sacrificio por mantenerte bien alto en el oficio. Te suben la autoestima y hasta respiras más hondo, conformando tu conciencia al menos, que no es poco. Si no fuera por los pequeños momentos que te empujan en ocasiones, no tendrías la ilusión para seguir. Aunque miles de veces he dicho que hay cosas para las que hace falta vocación, y no se está por otra cosa. A mí me gusta el campo y el ganado, y no pienso demasiado en los derrotismos y males que a diario te surgen en este oficio con tantas precariedades que no dependen de ti. Pero reconozco que la situación no está para tirar cohetes, y cuando la soga aprieta a todo el sector y lo sientes en tus carnes, se te corta hasta el aliento. Porque del aire no se vive. No obstante, no es día hoy para relatar lo que ya todos sabemos, porque supongo (y quiero pensar) que los gerifaltes de la casa que tanto mandan se lo habrán dicho a los de más arriba, que para eso habrán venido, y no para sacarse la foto de rigor. Quede hoy la cosa en las felicitaciones a todos para que disfrutemos por lo menos en más doméstico y rudimentario, que es con la familia y con los nuestros.

viernes, 26 de abril de 2013

Alcantarilleando

Una de nuestras tradiciones más acendradas...claro que sí. Quien no haya visitado alguna vez la Romería de Ntra. Sra. de Gracia de Belalcázar bien puede decir que no conoce una parte importe de Los Pedroches. Ayer coincidí en la Feria con Francisco..., y me lo recordó e invitó encarecidamente, y no puedo por menos que recordar a todos este festejo que –aunque coincide desgraciadamente con muchas cosas– se escribe con letras mayúsculas, se siente con el corazón en la mano y se vive de una forma especialísima. A menudo incidimos los pedrocheños de la parte oriental de la comarca en la notoriedad de nuestras Vírgenes de Guía, Luna, Piedrasantas o de la Peña (y Loreto..., que se ponen celosillos) por proximidad geográfica (a donde vivimos) y devoción encendida de nuestros mayores. Pero la Fiesta de Alcantarilla debe ponerse en la estima que merece, ensalzándola a la altura de los grandes acontecimientos. Este año seguro que no podré ir (ay..., la Feria Agroganadera...), pero tengo magníficos recuerdos de algunos años que la visité con buena compañía. En esta Romería se disfruta a lo  grande, noche y día, y creo que posee algunas singularidades y detalles que recomendaría a cualquiera que no la conozca (y a los demás también). Fiesta y sentimiento en estado puro, porque hay tiempo para todo. Hay gente que la coge por la punta y no veas cómo lo vive durante dos días; otros se van incorporando al tenor de las posibilidades del tiempo. Lo cierto es que se compaginan muy bien el hecho religioso, muy marcado en algunos detalles que yo desconocía (por la noche..., con antorchas, que me resultaron llamativos), la fiesta del pueblo entero de jarana y la integración con el entorno en el marco precioso de la primavera. Las cotas más altas de expectación están en ese paso mañanero del Zújar que es el punto más álgido entre todos los rituales  que pude ver: qué sentido de la religiosidad, la tradición vibrante, la hermandad e integración social (creo) de todos en un punto y en un momento. Pareciera que se paralizara el tiempo y el espacio en un instante (eso se te queda grabado). Se te ponen los pelos como escarpias viviendo y sintiendo una tradición que llevan en la sangre, que les une y les aúpa como Pueblo en ese ritual centenario. Creo que el río (y el puente) siempre fue un factor muy importante en este rito Mariano –vamos..., según me dice mi hermana Vero–, que viene además acreditado por esta titulación de la Virgen (Alcantarilla) que tanto nos llama la atención a los que no conocemos los orígenes. Hoy día el acto de atravesar el río está revestido con toda la farándula mediática de las fotos, videos y demás unguentos tecnológicos, que a mi parecer hacen perder bastante de lo que allí se vive (o vivía) con tanta solemnidad, e identificaba el fuerte sentimiento de Belalcázar para llevarse la Virgen a pesar de todos los impedimentos y obstáculos. Como dice el abuelo, la fiesta de Belalcázar no tiene tasa que poner..., y si quieres vivir a lo grande una fiesta, sentir de verdad una tradición (con la gente de allí)..., y disfrutar del encinar (que es un primor) debes ir a Belalcázar este fin de semana. Seguro que no saldréis defraudados. Esto de las fiestas es algo muy personal y singular de los pueblos (y se vive de diferentes maneras), claro, pero a mí esta Chiquitina me caló siempre muy hondo. Aparte de otras cosas que no digo..., pero el Miquelón las sabe.

jueves, 25 de abril de 2013

Luna de abril

Esta madrugada, en que el oficio nos aprieta a deshoras (por la Feria, todo sea por una buena causa), el cielo nos regala un plenilunio maravilloso. Qué blanca y que rotunda sobre el cielo azul de Los Pedroches. Cascabeleando y dando saltos de princesa entra de rondón en mi vaqueriza, y me saluda a boca llena. Qué buenos augurios me presume, qué buenas palabras me susurra y me dice al oído despacito. Yo la escucho embelesada sin perder ripio de mis cosas, mirando su belleza inmensa sin recato. Dice el abuelo que la luna de abril es dicharachera en pronósticos, porque habla muy claro diciendo lo que sabe..., y sabe mucho del campo y del tempero. Hace siglos que los hombres de la tierra miran la luna y escuchan sus decires..., hace mucho que hombres ya han perdió hasta el oído, y no miran siquiera al firmamento. A mí me encanta entender, y casi no lo entiendo, todo eso que señalan los de antes: que si está clara y rotunda –dicen– las cosas marchan por sus pies; que la sementera fragua con el rocío de la luna clara..., que la primavera viene por sus cauces y hace lo que tiene que hacer. Son cosillas de cuidado, que hay pensar dos veces. Y aprender. De la belleza..., ni hablo..., porque hay que mirar y ver, hay que escuchar y sentir; hay que tocar el aire con las yemas de los dedos y frotar el cristal de la mañana, y hasta sufrir el vientecillo hiriente de la noche que te hace sentir viva. Otros más entendidos en estas lides nos ponen al tanto de los eclipses, que de no ser por ellos ni los veríamos, como el esta noche, cuando la luna lunera derrota galanura en Escorpio..., o dentro de unos días (10 de mayo) cuando eclipse al propio sol en los dominios de Tauro. De nuevo la miraré esta noche y soñaré con ella, y desde lo alto del cielo me enseñará su corazoncito.






miércoles, 24 de abril de 2013

Títulos literarios

En la cosa literaria hay trampas, como en la vida misma. No es que me queje, porque para eso existe la capacidad de cada cual y el sentido crítico, pero me resulta curioso. Siempre he sabido que es importante la forma y el contenido, el continente y el contenido, lo de dentro y lo de fuera..., o como se le quiera llamar. Algunos pretenden incluso que lo más superficial (que ya digo que no lo es tanto) quede elevado a la peana de máxima significación, y tal vez no estén equivocados; aunque personalmente pienso que hay que sopesar ambas cosas y no dejarse llevar por el artificio. El sentido común es la mejor vara de medir. La cuestión viene al caso, tal vez de forma inapropiada (por mi parte), por el denodado interés de algunos autores de incidir de manera un tanto chisposa con títulos rimbombantes, un tanto estrambóticos, a veces irrisorios, clamorosos incentivos para llamar la atención o no sé qué. Claro que cada cual puede hacer lo que le venga en gana..., y más en Literatura, que hasta parece que el autor tenga patente de turco. Sinceramente creo que no es así, a pesar de que existan licencias y licenciados, licenciosos y licenciadores de las licencias. No. La Literatura tiene también sus normas y sus cauces, sus senderos y cañadas, sus autopistas y caminos de herradura..., y hasta si se quiere sus atajos, pero todo no vale..., ¡todo no! Aunque larga y ancha es viña del señor (que dice el abuelo) para algunos, que se creen con el poder del altísimo (aunque no exista). Pienso que en el medio está la virtud (como dice Aristóteles, y mi madre, con gran sentido común), y no hay porqué hacer extremas las propuestas ridículas de los titulares. Porque a eso voy. Hay títulos de libros que me despistan un montón (pobre de mí), pero hay otros que me dejan claro que lo de fuera debe ser muy parecido a lo de dentro; aunque ellos se piensen que son muy creativos, originales o imaginativos. Tal vez desconocen que cualquiera de nosotros puede inventar títulos a destajo, pues es cosa de practicar. No es que quiera recriminar nada (alguien me dira..., pues vaya) a nadie, sino que encuentro un tanto infantilón ese prurito literario en la llaneza de poner títulos altisonantes, a los que luego los críticos (muy suyos, siempre) le encuentran significación. Cuanto me recuerda la bufonada de Picasso riéndose de algunos críticos que interpretaron sus cuadros, y estaban completamente alejados de la verdad, pero bueno, así es la vida. Puestos a poner títulos, hasta yo me pongo a veces a desvariar con el ejercicio de la inventiva: pues te ríes un montón con los que tienes al lado, diciéndo algunos, como La obscuridad elocuente..., Los tempanos de algodón..., La sonrisa del viento..., El infierno mudo..., Los caminos del infinito...Ayer fue noche, mañana será verdad...El pensamiento de azufre..., Los colores del Loro, El desierto del miedo..., El silencio de las aristas..., Dime mentiras, de verdad...El cáñamo de las tinieblas...., ja, ja, ja. Algún día escribiré una novela (cuando sepa) que la titularé: Estambres de papel. Ya pensaré qué le meto dentro.

lunes, 22 de abril de 2013

Esperando a Gagarín

Para gustos hizo Dios los colores, dice el refrán; y muy especialmente sobre los libros se puede decir que los premios, concursos y certámenes literarios dan buen crédito al aserto popular. Hace unas semanas leía la novela de González Viñas y me dejó bastante sorprendida. No conozco al autor villaduqueño (a pesar de su dilatado curriculum...), pero su obra Esperando a Gagarín me ha parecido bastante buena en forma y contenido. Plantea una trama no exenta de imaginación en diferentes planos, secuencias y espacios sobre hechos históricos y verídicos. La obra es de corto calado, pero ingeniosa en la contraposición argumental, haciendo coincidir cosas del todo inimaginables. Solo en la mente del narrador y del lector se aspira a esta convergencia, que lógicamente es posible en la Literatura, buscando elementos de intriga y provocando expectación. A pesar de ser una obrita corta y de fácil lectura, despliega ingredientes suficientes para disfrutar. Atrapa bastante a pesar de entender la argucia del escritor por llevarnos a un desierto sin agua y conocido desenlace. El lenguaje es fluido y bueno, conciso y bastante rico (sin metáforas absurdas), con pluma ágil y no carente de recursos literarios, imaginativo y con buen oficio. Me gusta cómo hace además un guiño a su tierra recogiendo no solamente la ambientación rural (con muchos resquicios que desgraciadamente aún están vigentes), sino personajes reconocibles (pues madre me ha explicado quién era Simón, aunque aquí sea creación), espacios con su nomenclátor modificado ligeramente  y la estela de ese pasado que dejó huella (y la reivindica con voz altisonante); con la correspondiente crítica. Vero dice que también existe crítica social muy fina, pues González Viñas atina muy bien en la base histórica, en el sustrato rural y en el zoom de los personajes: del panadero, del alcalde, el cura...Registros no le faltan,  y los trasfondos argumentales no son puro artificio. La documentación está muy viva siempre avalando realidades que aquí son ficticias, acompasadas al artificio de la Literatura. No sé que tiene Villanueva que se prodiga en plumas interesantes, al menos ésta lo es sin haber alcanzado la plaza más alta de los premios comarcales. A mí me lo parece.

domingo, 21 de abril de 2013

Abril florecía...

Nadie como el poeta para decir y sentir lo que es la vida. El abrir de naturaleza es el abrir de la vida, que es nacer y es vivir..., y es...morir. Hoy me conmueve este brotar de la naturaleza en ciernes, este refulgir de luces y colores, de sentimientos a flor de piel. Ese regurgitar de la sangre que hierve cuando fuera manda la primavera. Porque ahora todo está a flor de piel, y el campo grita con espasmos de pasión. De la noche a la mañana, por lo ancho y por lo alto, más adentro y más afuera, la tierra nos dice a grito limpio y claro que de nuevo arranca el ciclo de la vida. Y de qué manera. Este año la tierra está pletórica..., y el cielo y el agua. Desde la mañana miro a lo alto y veo elcielo claro y trasparente que se refleja en tus ojos con ondas tibias de verdad. El patio de la abuela también se remoza con plantas y flores, brotando con pajarillos de sabor dulce..., que miran, cantan y se mueven en esta feria de colores. Acompañando un rato a María, en su quietud sempiterna, observo con deleite el reverberar de las plantas y del agua del pozo en superficie (que ha llovido como nunca). El corralón es un vergel en diminuto..., un beso de Dios a esta tierra pobre de sustancia. Con cuanto cuido y primor mima el abuelo este jardín de ilusión gigante..., para que la abuela disfrute en su infinito corazón esta belleza. Qué ternura regando poco a poco, con el tiento de una caricia y la templanza de un suspiro. Este vergel tan cuidado es un respiradero para la casa..., una alegría. Un paraíso en diminuto. Una escala de bondad que solo sueñan y saben hacer los buenos de corazón, como Manuel. Qué lejos de ese mundo falso, cansino y mortecino que se mueve con mentiras y sinsabores. Aquí todo es quietud y paz acompasada de silencio. Miro de reojo al abuelo regando las pilistras y palmeras, las esparragueras y cintas...; las avejentadas parras, con tallos pobres y caducos, brotando con esmero, que de un día para otro son distintas abriendo con afán. Y el olivo que está a punto de estallar en vida. Con las Soledades del maestro me distraigo a este lado de la vida, olvidándome de la otra. En la que no quiero pensar.

QUE PARE EL TREN EN LOS PEDROCHES

QUE PARE EL TREN EN LOS PEDROCHES
Vista Parcial de la Manifestación en la Estación de Villanueva