Dice el refrán que al perro flaco todo se le vuelven pulgas, y desgraciadamente así debe ser. Por si teníamos poco con la nefasta situación de la leche, ahora se han detectado en algunas explotaciones convecinas ciertas micotoxinas producidas por mohos. Con lo que se han inmovilizado toneladas de maíz y paralizado producciones ingentes de leche. Era lo que nos faltaba. Ayer me decía una amiga afectada del pueblo de al lado que es para ponerse a llorar, porque cuando la cosa aprieta de esta manera sientes la frustración más grande del mundo y te encuentras impotente. En esta ocasión la Junta ha detectado con sus controles la contaminación de los alimentos del vacuno, y no niego que sea satisfactorio para que no se trasmita ningún tipo de enfermedad a la cadena alimentaria, pero resulta frustrante esta desgracia para quienes nos dedicamos a esto, pues te inmovilizan el monto de alimentación que tienes preparado (y gastado tu dinero) y se paraliza completamente la explotación de la vaqueriza. De nuevo nos toca a nosotros, y esta vez será por las dichosas variaciones meteorológicas o lo que sea, pero parece (es broma...) que todo está confabulado para que andemos siempre dando tropezones por la vida. Precisamente este año, que ha llovido como nunca y teníamos una primavera singular, con agua a rabiar y hasta contento el personal a pesar de los pesares...; pues nada, aquí está servida la desgracia del maíz para terminar de completar el desastre. Lo dicho, hay veces que piensas que vienen a por ti y no paran (las circunstancias). No queda otra que seguir trabajando, como siempre, con el sufrimiento a las costillas e intentando superar este nuevo desaliño. No quiero disgustarme más de lo que estoy, pero me fastidia que nos pasen estas cosas cuando tenemos todos los preparativos del mundo: las maquinitas más avanzadas del mercado y los controles de leche, los análisis más exhaustivos, los cuidados más rigurosos..., ese sin vivir de exigencias actuales (papeles y más papeles) que pareces una máquina mirando mandos y estadísticas. Y luego..., ¡Zas...!, te viene una detestable infección por la vía del tiempo y del ambiente. Diremos..., como decía mi antiguo profe de historia que decía Felipe II: “yo envié mis naves a pelear contra los hombres, no contra los elementos”. Pues eso digo yo ahora (ja, ja, ja). Me río por no llorar, de verdad.
jueves, 13 de junio de 2013
viernes, 7 de junio de 2013
¡Puerco judío! (microrrelato)
Hacía varios meses que el pequeño clan había llegado a Pedroche, aunque parecía toda una vida. En muy poco tiempo habían sabido sobrevivir, con no pocos subterfugios, lejos de la inquina y el odio derramado hacia ellos en Córdoba. Después de aquel trágico mes, todo se hizo según las disposiciones de Samuel, el ávido e inteligente rabí que conocía muy bien el espíritu humano, los recovecos más hondos del alma, las vanidades y vanaglorias de los hombres de mayor estulticia. Con mucho tacto y su buen hacer fue capaz de situar a su escuálida familia y amigos entre una vecindad sencilla, que nada tenía en principio contra ellos. Desconocían su historia por completo. En muy pocas semanas se encontraban todos situados en algunas casas modestas del villorrio, que aunque pequeño era cabeza de algunas aldeas del lugar, desperdigadas y muy poco pobladas alrededor, con hombres rudos de campo bruñidos en el labrantío y serenados con el pastoreo del ganado. Samuel había sido muy firme con sus congéneres Daniel, Ezequiel y Yakar rogándoles que evitaran cualquier notoriedad que los delatara; había que ser cautos eliminando enseñas externas que les comprometieran; no utilizar símbolos ni hacer uso de sus costumbres, que rápidamente les meterían en un aprieto. Tampoco a las mujeres se les permitió alardeo alguno en los atuendos de su raza, obligándose todos a tomar la indumentaria de la tierra. Cuestión más difícil fue la de ocultar los rasgos de una fisonomía clarificadora de la raza, pues difícilmente se podía prescindir de esa nariz aguileña, del orondo rizado y la tez oscura, aunque bien sabían todos ellos que la persecución se cimentaba más en el odio que en el distingo físico. Bien distinta a todos ellos era Ester, la nieta hermoseada como una flor, con ojos azules y rizada cabellera de pelo clarísimo; tildada de gracia, buen verbo y galanura en las poses. Nadie hubiera dicho que era hija de Moisés, el vastago del prestigioso rabí (ahora silenciado) y diligente talabartero, viudo ya de una hermosa mujer al tenor de aquella joya. Samuel había sabido acomodarse rápido al poblachón empingorotado en lo alto de un cerro, con un oficio rancio en su raza maldita. El negocio de prestamista precisaba de buen tiento, don de gentes y mucha confianza, pero él poseía todos los atributos. Su fabla lenta y serena, su cadencia y seguridad venían acompañadas además de un sentido claro de auxilio sincero hacia los demás: todo el que acudía a él veía una solución fácil y una esperanza a sus problemas. Con cuatro palabras bien dichas, y escuchando mucho, el prestamista se había ganado la amistad de los vecinos: quien más y quien menos precisaba de algún maravedí para comprar o vender lana y paños, para no embargarse hasta el cuello, o para salir de un aprieto. En muy poco tiempo la casona de Samuel se fue haciendo con una clientela numerosa, y hasta los ricachones del lugar tuvieron que acudir en su ayuda, pues nunca faltaban ocasiones para hacerse con un monto de capital para sus cuitas. El aprecio de sus habilidades prestamistas fue contundente, y hasta el señor párroco le encargó las cuentas de la iglesia, cediéndole como contraprestación la casa del sacristán: un caserón viejo al lado del Salvador, junto al torreón desmembrado del viejo castillo, del que Samuel pudo aprovechar alguna piedra para renovar su casa. Todo había salido a pedir de boca, pues habían burlado la expulsión de la capital encontrando un lugar tranquilo sin sobresaltos. Pero como dice el refrán, la alegría de los podres solo dura un día. La aceptación de los vecinos, y su aquiescencia teñida tal vez de ciertas sospechas (sin darle mayor importancia), se rompió aquel día en que Martín –el hijo del campanero– se enamoradiscó de Ester, encontrando en los congéneres de aquélla el fervor de la sangre y de la raza; sobre todo cuando no se entendieron sus deseos de matrimonio. Y el odió del cristiano viejo cristalizó hacia Samuel, con el grito estridente al infinito que nadie se habría atrevido a pronunciar: ¡Puerco Judío! El anciano padre y abuelo coprendió que de nuevo la historia se repetía.
!Cáaaaaaaaaaaaaa...llate!
Hay día tristones como hoy, no solamente porque el firmamento esté cubierto, sino porque la realidad te ofrece muy poquitas alegrías; oyes lo que pasa, miras a tu alrededor y mucho de lo que sientes que decepciona. Tanto a nivel local como regional y nacional encuentras muy malos aliños para la vida sana, pues son muchas las cosas que te decepcionan y a las que no ves salida. Por eso pienso que hay ratos en la vida que es preciso callar y dedicarlos a la reflexión serena, al aislamiento de todo ese ruido inmenso del politiqueo inaguantable (que yo no le dedico ni un minuto, pero me invade igual y me ahoga), de la falta de perspectiva en tantos asuntos, de la cháchara comarcal que es ya cansina en los mismos temas...Al tenor del panorama de hoy no me queda más remedio que recogerme en la mecánica de mi oficio mirando con alegría a quienes de verdad me quieren (nos quieren), en quienes confiamos y nunca nos decepcionan. El silencio y quehacer junto a lo que queremos resultan los mejores antídotos frente a tanta inmundicia sembrada de frustración e insatisfacciones. Creo que cada cual tiene su propio sistema de escape, y hoy es uno de esos días en los que tienes que tirar de experiencia para no entrar ni una pizca en el fango de la realidad, que se observa muy oscura y viscosa. Tal vez sea simplemente una percepción pesimista, pero por si acaso...Seguro que en muy poco tiempo, cuando lleve seis horas trabando y animada en la tarea, veo la realidad de otra manera. Seguro que con la reflexión y el auxilio de los trabajan todos los días (y los veo a mi lado) me daré cuenta de que existe otra cara de la moneda que las legañas mañaneras no te dejan ver. Seguro que lo que parecen problemas no son más que telarañas montadas simplemente por arácnidos que se sostienen urdiendo tramas que parecen de verdad..., y hasta muy consistentes. No. seguro que la vida está sembrada de gente más sana y más buena. Aunque parezca mentira.
miércoles, 5 de junio de 2013
Analfabetismo???????
En el mare magnum de la red y la pluralidad de sus Chats, ayer encontré un chico cántabro que me abrió los ojos en algunas cosas, hablando de acá y allá, de los dimes y diretes, de la política y la religión, la vida, la crisis, los jóvenes y viejos. Es verdad que en estos laberintos del espacio no se hablan más que banalidades insustanciales, mayoritariamente, pero en ocasiones te sorprendes con gente muy puesta. Charlando con el susodicho, y después del merengueo de turno (que ese no falta), nos centramos en cosillas de más enjundia y casi que me convenció. David ha estado ya en varias ocasiones en Alemania, Lovaina y Londres, y se quejaba amargamente de la comparativa con nosotros en ciertos aspectos. Sopesaba, ya centrándose en España, de nuestro nivel cultural en general y del bajo rasante que existe en casi todos los sectores de la población. Parece que los escarceos que se escuchan a menudo sobre referencias diversas son preocupantes, como las cifras de Bolonia, los exámenes esporádicos que salen sobre diputados, médicos o profesores. Según algunas empresas que hacen tanteos se están descubriendo resultados aberrantes, pues basta con cruzar datos de unas u otras profesiones, regiones y niveles intergeneracionales para que desprendan chispas las encuestas. Eso que antes llamaban Cultura General parece que está por el suelo, pues cuestiones básicas sobre literatura, física, matemáticas o lengua destacan por su ausencia; igual da saber quién era el Cid, que señalarlo como el protagonista de una serie animada; de trigonometría o formulación; y las cuestiones de lenguaje oral y redacción ni te digo, porque ya todo vale y las teclas han sustituido a la palabras. Basta, me decía el colega, con sondear temas cruzados entre ramas profesionales y verás los dislates que aparecen, que sonrojan a cualquiera. Me he esforzado en rebatirlo con aquello de que este mundo vira por otros derroteros (la informática, las redes, los intereses de otro tipo...), pero es cierto que el poseer más instrumentos y medios (de difusión y recepción) no es precisamente argumento para conocer menos, sino más (debiera ser) y con visiones más amplias. La tecnología no puede suplir la Educación, las bibliotecas ni las libererías. La incidencia que ello tiene sobre la Sociedad es inmensa. La política es un buen ejemplo de que nos manipulan (a todos, preparados y menos preparados) con gran facilidad, y vamos como corderos donde nos dicen, cuando nos dicen..., y como nos dicen; creo que hay muy poco sentido crítico y con poca frecuencia analizamos mil situaciones que son de escarnio. De lo hablado con David y sus ejemplos he salido bastante escaldada, porque tiene bastante razón en lo que me decía, y yo misma lo he aplicado a las noticias del día de mi entorno de Los Pedroches y me quedo con la boca abierta de cómo somos. Ahí está el tema del AVE y la impotencia que tenemos, que no se puede entender si no fuera por la existencia (no aquí, sino en toda España) de ciudadanos (...) que transigen amablemente con esta situación sin encontrar cauces adecuados. En otro orden de cosas, por ahí veo hoy una noticia de la Real Academia con sus discursitos (que me parecen muy bien), pero la docta y sabia institución, que tanto sabe, parece que no se ha dado cuenta de que en el s. XXI (y a lo largo de toda la Historia) las mujeres pintamos algo en el mundo. Digo yo. La fotografía es muy elocuente, haciendo cabeza simplemente la Ministra Mato (aunque haya otras siete allá en la sombra de las cortinas).Claro que viendo algunas cosas te quedas de piedra, pues a una de las damas enaltecidas a la sagrada institución se le puede leer lo siguiente (Aurora Egido): “no es bueno, incluso para las mujeres, insistir tanto en ese tema, porque lo que se debe preguntar la sociedad es si la persona, que es lo más difícil de ser en este mundo -como decía Gracián- reúne los méritos suficientes» (Es decir, que según ella son solo los hombres los que reúnen las condiciones necesarias como personas para entrar en la Casa. Qué fuerte. Por algo ha entrado ahí (ja, ja, ja...).
martes, 4 de junio de 2013
Gráaaaaaaaaaaaaa...cias
El agradecimiento siempre me ha parecido un gesto bueno de Educación. Una cortesía de quienes consideran que es necesario corresponder a otros que te han ayudado o merecen por sus actos positivos tu cumplimiento. Hoy día casi no se estila en la mayor parte de la gente, aunque a mí siempre me ha parecido conveniente: de tí para los demás y de los otros para tí cuando tenemos cierta satisfacción por algo. Creo que dice bastante de las personas, y aunque resulte un tanto arcaico y desfasado para muchos debiéramos ser condescendientes casi siempre, porque no es generosidad, sino simplemente la contrapartida a una deferencia o gesto de los otros. Consigues que los demás estén satisfechos con sus actitudes y tú te sientes igualmente contento por el hecho simple de corresponder siguiera con esa pequeñez. Dicho esto, quiero hacer una pequeña consideración sobre un particular, que en cierta manera matiza lo anterior en algunos extremos. Esta tarde he estado en la capitalita de al lado (sin rintintín, eh?), donde los vecinos de los pueblos tenemos que acudir en demasía para adquirir ciertos productos, y lo hacemos con gusto. Pues bien, me resulta curioso y un tanto llamativo el agradecimiento que dan algunas cajeras en las grandes cadenas comerciales (y cajeros), atendiendo a la política de Marketing de empresa de dar siempre las gracias. Eso es así y lo hacen con diligencia (como les han dicho), pero tal vez no hayan comprendido bien el mensaje completo de los jefes: que hay que saludar al cliente (consumidor, que les deja el dinero), con afectación positiva y sonrisa. Parece que algunos y algunas han entendido solamente la primera parte, pues su saludo es cínico (y visible) en su sentir más teñido de trasparencia; te lo dicen mirando al infinito o hablando con la de al lado, como si fuéramos imbéciles, actuando como máquinas hablantes de la gasolinera. Con un rintintín..., que da grima. Esta conducta poco adecuada y nada inteligente creo que a veces revierte en lo contrario de lo que desea la empresa, pues te dan ganas de no volver. No te tratan como se debe (creo, en mi modesta opinión, que no vale nada). Comprendo que las chicas y chicos estén cansados y les resulte monótono, insustancial y mecánico, pero es que el consumidor (cada uno de nosotros, cada uno) paga por su consumición (también está cansado de trabajar) y quiere ese trato afable que acaba siendo bastante despreciable. Seguro que no lo hacen adrede (claro que no), pero deterioran en parte la política de empresa y el beneficio que se podría obtener con el buen hacer. De lo contrario, es mejor no saludar y simplemente pasar los productos por la maquinita (lectores de códigos), que seguro que eso tiene mucha enjundia y no se puede desatender a favor de humanizar el negocio (ja, ja, ja...); pues eso debe requerir grandes capacidades. La desafección de los empleados me resulta con bastante frecuencia un recochineo y una falta de atención al cliente, y aunque desgraciadamente la vida con sus ritmos nos implica en el consumo de ciertos productos en las grandes cadenas, cada vez hay que pensarse más acudir a las pequeñas tiendas, donde sigues siendo un ser humano: te hablan y te conocen; te preguntan por tu abuelo y por tu hermana. Yo al menos no quiero un Graaaaaaaaaaaaaaacias cargado de cinismo. La sonrisa es bonita en nuestras caras, pero solamente cuando está tildada de sinceridad.
lunes, 3 de junio de 2013
Tengo trabajo para todos
No es una falacia, aunque lo parezca. Puede que sea una grosería (que me perdonen los miles...), pero lo no es en absoluto en mi intención, si se entiende desde la buena fe con que lo digo, y desde perspectiva de mi trabajo en el campo. Desgraciadamente hay muchos miles de personas que no pueden trabajar aunque quieran, y lo siento de verdad, pero en el oficio que tengo y a estas alturas estamos que nos salimos de trabajo. Bien es verdad que la ganancia no compensa el esfuerzo que realizamos, pero aquí no se pueden dejar las cosas a medio hacer o sin hacer. La vaqueriza tiene sus horarios y no perdona ni días de diario, sábados ni domingos, ni fiestas de guardar (que decían antes); la corta del heno y la hierba también te reclaman como agua de mayo, y lo poco que tienes lo realizas con la mejor voluntad...; y si no lo haces tú, pues ahí se te va toda la grasa en pagarle al que lo haga. Y ahora ya no se pueden pagar esos jornales de máquinas trabajando diez horas seguidas. En invierno está el tiempo más tasado y la luz pone límite al trabajo, pero ahora dice padre (y es verdad) que en cada día se sacan tres jornadas (y es verdad), porque desde que amanece hasta el atardecer quedas completamente derrumbada, pues el día no tiene fin; y el trabajo tampoco. Por lo menos yo y mi hermana. Padre hace de tripas corazón, y madre nos sonríe con complacencia para que no perdamos la esperanza. Eso sí, cuando te levantas tan temprano para aprovechar más el día (que desgraciadamente hay que hacerlo, porque se puede y tienes mucho que hacer), la naturaleza te gratifica a lo grande: porque hay que ver que cielo más azul y abierto había hoy, que puedes mirar al infinito y nunca llegas a aprenderlo; el sol aún no calienta y andas a tu aire a pierna suelta, respirando puro y mirando muy claro a tu ganado. A estas horas la vida del pueblo está calma y somos cuatro los que andamos como dueños del palacio, y hasta los saludos entre nosotros parecen más cumplidos y verdaderos. A medida que viene el día y se despereza el gentío se va sembrando la mañana del monótono espectáculo de la vida de un pueblo que, día a día, cumple (como lo hacemos todos) con las mismas actividades y la imposición de horarios que te exigen unos y otros. Lo dicho, trabajo hay mucho, y a veces me parece una eternidad cuando me voy a la cama. Desgraciadamente no ganamos ni para nosotros..., pero trabajo no falta.
sábado, 1 de junio de 2013
Para gozar...
Estos días en que el tiempo primaveral hace concesiones de bonanza al paseo hay que aprovecharlos. Por eso hemos ido varias amigas a disfrutar del campo, de la vista y de la historia a los contornos de la comarca, porque siempre es bueno conocer bien lo que tenemos más próximo y es de interés. Ya tenía ganas de ir con mi hermana, que entiende de la Historia, a Peñas Blancas, donde puede andar de lo lindo acercándote al pantano, que con el cielo en lo alto y la buena compañía tienes es espectáculo perfecto. El tiempo acompañaba mucho ayer, y después de la faena nos permitimos el lujo de pasar unas horas magníficas. Andar me gratifica mucho aunque sea en llano puro y paladín, sin apenas escarceo de altura ni paisaje con floritura desconcertante, pero es bonito ver el frente limpio y claro con azuce de mariposas; sentir el clamor del silencio y el lejano murmullo de los coches que se van perdiendo a tus espaldas, como si la civilización quedara al otro lado y te apartaras un momento de su influjo. Y luego el agua, que es siempre con el paladeo de la amistad de las que te quieren el mejor espejo del alma. Pero a mí me va la marcha de la curiosidad, y he aquí que en estos trotes de esparcimiento encuentras retazos a montones. Cuando visitamos en Peñas Blancas el antiguo balneario de Santa Elisa (yendo hacia el Poblado de Puente Nuevo) me dejó la piel erizada, pues se aprecia en los vestigios el respiro mismo del pasado; es como cohabitar un rato con los fantasmas de hace unas décadas, que pululan por allí contándote sus cuitas de otros tiempos. Salen rápido a recibirte y explicarte aquel tinglado cargado de sabor y sus historias. Con muy pocas palabras revives observando todo aquello que está preñado de romanticismo. A mí me encanta. Parecen piedras y edificios puestos adrede para ser pintados y admirados; para escuchar al pasado y entender que aquello fue un emporio bien cargado de alegría y buena vida. Vero nos puso al tanto de la cosa y de la casa (la grande y los otros habitáculos), de los baños y las fuentes (Lastra, Lastrilla, la del Cura...). Qué fácil resulta, con lo que aún pervive, maginarse aquel trajín de ricachones viviendo a todo tren; también a pobres necesitados de las aguas que ajustándose a sus economías disfrutaban de su bonanza. Porque las aguas tenían su gracia con ese componente acídulo-carbónico-ferruginosas, tan buenas para tantos males (vías urinarias, anemias, afecciones gastrointestinales, enfermedades del hígado y del páncreas..., y muchas más). Allá por el siglo s. XIX se pusieron en explotación con una aceptación magnífica, y no hay más que ver el porte de los edificios que quedan para imaginar lo allí pasaba y cómo se vivía (algunos). Esas fuentes y esos paseos sembrados de quietud, el trajín del ferrocarril y la elegancia de algunas damas de postín nos trasladan a esa atmósfera clasista que tenemos en la retina. Mi hermana lo dibuja de maravilla el ambiente, y embobadas la escuchamos como si lo estuviéramos viviendo, vestidas con esos trajes de época y esa ostentación tan chirriante con los pobretones de al lado, cuyas diferencias se hacían notar. Alicia anota la mejor toma para pintar estampas, porque tiene una mirada de artista. Hoy todo es calma y apaciguado paisaje para recrear los sentidos y gozar. Gozar del campo antaño humanizado. Cuando abandonas el paraje parece que te vas yendo también del tiempo, porque dejas una historia y unos espíritus que palidecen en su abandono...,¡y te susurran adiós con las manitas!. Al atardecer regresamos al pueblo como quien huera estado en otra vida. (Cuando haya dinerito iremos a Francia).
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QUE PARE EL TREN EN LOS PEDROCHES
Vista Parcial de la Manifestación en la Estación de Villanueva






