En los tiempos que vivimos, y con vistas parciales sin mucho enfoque, pareciera que la juventud ha muerto. Me resulta doloroso decirlo, porque es falso y lo utilizo más que nada como idea de marketing (ja, ja, ja, perdón por la osadía), pero si se atiene una a las férulas televisivas, a la superficialidad del entorno (actos culturales, poder político, etcétera) o la vorágine económica habría que darlo por cierto. Entiendo que una sociedad es joven y dinámica cuando son los jóvenes quienes critican y promueven cambios, cuando se revuelven las vísceras para denostar lo que no está bien o puede mejorarse con claridad; y eso creo que es justamente lo que ahora no pasa. El agostamiento de la cosa económica que nos han dejado las generaciones pasadas (estas últimas décadas), y la ruina política, nos tienen completamente desencantados, desilusionados..., y hasta acobardados en la esquina (como niños castigados). O simplemente callados, sin entrar siquiera en el juego de la partida. Pero claro, eso tiene sus problemillas, pues se trata del juego de nuestra vida, en nuestro tablero y con nuestras piezas: pues si no las movemos nosotros otros las moverán, y eso es lo que hacen. A fin de cuentas es el escenario de nuestra existencia, querámoslo o no. El aire gaseoso y nauseabundo ambiente (aire irrespirable) que nos han dejado nos ha contaminado de tal manera que nos encontramos noqueados y sin gana alguna de participar en nada, de ser simplemente muebles o de querer ignorar la auténtica verdad. Este triste panorama invade casi todas las perspectivas económicas, políticas y culturales donde la juventud debiera (debiéramos) estar presente con un protagonismo de altura. Desgraciadamente miras a uno y otro lado y solo observas vejestorios controlando y manipulando el cotarro (que es nuestra vida), haciendo y deshaciendo a su antojo sin el mínimo recato. Los jóvenes exultantes que somos (o debiéramos serlo), de fuerza y vitalidad, energía e ilusión, nos ocultamos como si fuéramos prescindibles y pudiera funcionar la máquina sin nosotros hacia el futuro. Me da pena ver a mis amigas y amigos acoquinados bajo nuestras empresas, ingenierías y arquitecturas, titulaciones brillantísimas y con los arrestos por tierra. Pero qué es esto, ¿cómo podemos encontrarnos en estas condiciones los más formados de la Historia?, ¿cómo podemos dejar que otros nos arrollen en la gobernanza de nuestros pueblos y ciudades? ¿cómo es posible que no seamos capaces de promover la Cultura que hemos adquirido por encima de la de nuestros padres? Tal vez seamos simplemente un producto defectuoso de la maquinaria. Tal vez sea falso lo que hemos conseguido y no valga nada, o sea simplemente una careta vistosa de la simple realidad. No quisiera pensar que eso sea cierto y me niego en rotundo a que los jóvenes nos dejemos avasallar de esta manera. Tal vez nos haga falta algo de chispa..., y ¡cataplún!, emerjamos de la sombra y demostremos que la vida se construye con los ladrillos nuevos. Seguro que el edificio es más sólido, limpio y hermoso. Al menos eso pienso yo.
jueves, 30 de mayo de 2013
martes, 28 de mayo de 2013
EL CHACACHÁ DEL TREN
Se oyen retumbar por ahí, de nuevo, voces perdidas sobre lo del tren. Hablar de esto ya es tema manido sin interés alguno, pues hace tiempo que perdimos la dignidad y la fuerza. Oigo a veces esa canción antigua que pone padre sobre el cha, cha, cha del tren (del año la tarara) y me resulta graciosa y sugerente, porque como dice la letra parece que el amor..., con su dulzor vaivén..., produce más calor que el chacacha del tren. Pues eso. A estas alturas no es acertado ni chillar ni extenuarse con improperios superfluos (banales), que únicamente sirven para el ahogo en el charco de las lamentaciones. La cosa tuvo su momento, y estuvo a punto de alcanzarse, por el ímpetu reivindicativo, y hasta parecía que la comarca estaba bien situada en la órbita acertada; pero era simplemente una alucinación. Los mandamases jugaron muy bien la partida y la ganaron con muy pocas cartas, casi sin ases en la mano y sin triunfos, pero son jugadores profesionales. La Comarca, por su parte, únicamente jugaba a una partida novedosa para ella con la suerte del principiante, y hasta cantaba las cuarenta en algunos momentos (me parece que se dice así..., porque no he jugado nunca, pero oigo al abuelo). El jugador profesional sabe bien por dónde va la cosa y hasta donde llega un novato que se contenta con dos arrestos. Teníamos todas las de perder. No sé siquiera si había un interés de verdad en que parara el tren o era simplemente un despertar esporádico, y evanescente como una pavesa, de una tierra asentada en el silencio y el aguante; con la humillación a cuestas de los siglos y la mirada humillada hacia abajo, y llegó un momento en que saltó la chispa para crear una ilusión ficticia. Y ahí quedó todo. Si de verdad se quisiera el AVE, y no fuera otra cosa transitoria y sin con interés, no pasaría ni un día sin tenerlo. Porque cuando quieres una cosa de verdad no basta con hablar con la boca chica teniendo el cuerpo apocado, amedrentados como lagartijas bajo las piedras esperando a que el sol llegue. Si de verdad se quiere y se ansía algo se mueve una (o unos) hacia delante con toda su fuerza y arrastra los obstáculos hasta retirarlos por completo. Ni un Pueblo ni una comarca se pueden amilanar ante las mentiras y necedades de unos pocos. Si de verdad se quiere (que no lo creo, ni lo veo claro) bastaría con un acto contundente y de repercusión nacional, y eso no cuesta nada. Párese una sola vez el AVE..., y estás en todos los telediarios del día. Lo demás es politiquear y jugar con los que saben..., y a esos no les ganamos ni en cien años. Son profesionales. Lo contrario es asumir, desgraciadamente, la verdad (esa que nos cuesta tanto comprender).
sábado, 25 de mayo de 2013
Señoreando el Cielo
Seguro que la Luna constituye uno de los temas de mayor inspiración en el mundo y en la historia. No es para menos, porque reina como nadie en el cielo de los sentimientos, de los augurios de los pueblos y de gemidos de los animales. A nadie deja indiferente. Hoy lucirá de nuevo en plenilunio con toda su fuerza: blanquísima, redonda y destellante, conmoviendo los sentidos y los espíritus de los pedrocheños; y de todo el mundo que se sume al espectáculo, pues les dejamos disfrutar ampliamente de lo nuestro (ja, ja, ja). Me encanta observar esta Diosa del firmamento desde la dehesa, cuando el silencio manda y solo se escucha el susurro de la noche; siempre disfruto contemplando su poder inmenso y ese lento caminar sintiéndose dueña del universo, habiéndole ganado la partida al coloso de la mañana y disfrutando a solas del botín lumínico esquilmado. Cuando la miro fijamente y pienso en ella, recuerdo –de toda la Literatura– ese romance gitano cargado de dramatismo, que a la vez me acuna a mí también (como al poeta) y entristece en lo más hondo; esa muerte de escarceo sigiloso que te encoraja las tripas no me gusta, pero si no fuera por ella quizás Federico no sería Federico ni la luna..., Luna. Cuando supero el primer impás de nostalgia, que a menudo me solivianta, pienso en esa otra Luna que me encanta como diamante del cielo, como florón de luz que da vida e ilusión constante. Tumbada en el pasto de la inmensa alfombra, de verdín reseco, contemplo al astro de la noche bailando en la negrura del horizonte, que me trasmite buenas vibraciones con su danza. Ella sola marca el ciclo de la vida..., y de la muerte; ella sola nos enseña los secretos de la noche; ella sola silencia en la mañana las verdades de los hombres y mujeres. Y dicen los viejos del lugar que hay que saber escucharla en sus llantos y sonrisas, porque guarda en sus adentros los pesares y alegrías de otros tiempos y otras gentes, que también la vieron y soñaron en silencio. Ayer escuché al viento rumores y pesadumbres, que no son cuitas de celosillo cuando la ve tan grande y bonita, señoreando en el cielo y enamorando a la tierra.
miércoles, 22 de mayo de 2013
EL TESORILLO (micro)
El viejo platero Sekilo tiraba de la bestia con desazón, ya sin cuidado y con desesperanza por la tozudonería de la mula torda, que se resistía a subir con la pesada carga por el empinado risco, plagado de jarales pegajosos; el burranco, sin embargo, avanzaba por detrás tardo pero seguro, con la sujeción de las manos conciliadoras de Stena y el parloteo de Aunia, que conformaban la recua cansina por el enriscado monte. Varias millas atrás habían dejado, despuntando el amanecer, a Corbis y Alucio, siempre lentos y torticeros en recorrer los trayectos con la brisa de la mañana. Después de varias jornadas de viaje la fatiga era acuciante, y mayormente ese día que desde la hora prima habían trajinado a un ritmo de vértigo; a la altura de la sexta y con el sol empingorotado en lo alto el martirio era completo, con el paredón de la sierra por delante; pero el viejo patriarca había decidido alcanzar la cima y descansar luego en el declive de la bajada, recorriendo ya con despacio hasta la caída del coloso del cielo. Ahora tocaba sufrir y aguantar aquel calvario. El clan de los plateros y mercachifles sabían bien de los sinsabores del oficio, de uno a otro lado trajinando sin descanso, laboreando a ratos la plata y mercadeando en los recovecos más recónditos de esa Hispania de la que se estaban apoderando aquellas hostiles tropas de tierras lejanas. A estas alturas nadie dudaba que los militarones romanos se hacían dueños de la tierra y del mandoneo. Pero la platería ambulante seguía recia en el oficio, de aquí para allá sin desvanecer, con la casa a cuestas, ora en Lusitania y mañana en Turdetania, paseando por la Bética, uno y otro día sin desfallecer. La serranía de Corduba tenía sus vericuetos, aunque el gran esfuerzo se compensaba a lo grande con buenas ventas y el resarcimiento de la jornada. La urbe centenaria, de la que sabían por sus antepasados de sus grandezas –y de lo que ya no era ni la sombra, según decían–, aún resplandecía con brillo entre poblachones anodinos, y el mercado siempre estaba asegurado. En el renacer de la primavera los grandes gerifaltes del lugar se hacían con los mejores ajuares de plata; y había que ensortijarse con los riquísimos aderezos para destacar entre la florinata, entre esos magnates venidos de fuera para descollar como gallitos de corral. Sekilo conocía muy bien sus gustos y sabía embaucarlos con su buena palabrería, engatusándolos con piezas de extraordinaria belleza; con prestancia y galanura de pavos reales, haciéndoles si hacía falta objetos suntuosos a su medida. La familia de plateros norteños conocían bien la chanza y bonanza de este Betis espléndido que arriostraba lo mejor de la vega, las mejores familias. Ahora tocaba avanzar con paso firme y derecho hacia lo alto. Una vez transitada la medianía de la espesura, en el descanso del trasiego, el vivaracho platero dedicaría unas horas en la confección de las piezas: bajo la sombra de un chaparro extenderá su manta con su taller de artesanía. Con buen tiento y paciencia elaborará algunos recipientes terminando el repujado de los cuencos cónicos; terminará las fíbulas y corchetes para engalanar las mejores túnicas. Lo que más le gusta es idear soluciones creativas de las piezas con animales fantásticos, escenillas de caza o equinos como los suyos retratados para la eternidad. Para todo ello el burranco va bien abastecido de planchas e hilos de plata, y solo le hace falta tiempo, que es lo que le sobra a la familia en las horas del tedio vespertino. En estas cuitas planceras andaban, al tenor del canturreo alegre de la hermosa Aunia –en la inquietud de su juventud–, cuando al otro lado del cerro divisaron la polvareda de las cerriles caballerías romanas, siempre perturbadoras de la tranquilidad celtibérica y abusona en la recolección de botines. Los plateros conocían muy bien los esquilmos de las tropas, y no era cosa de echar a perder toda la hacienda. Sin prisa, pero sin pausa, el avezado platero recogió todo aquel artificio menesteril envolviéndolo en la manta y metiéndolo con sumo cuidado en un cuenco grande; apartándose un tanto de la calzada sin perder las referencias del encino mocho, el horizonte del cerro y la calvicie de un pozo de mina, que triangulaban su escondrijo. Allí ocultó la mayor parte de sus pertenencias más ricas con algunas monedas republicanas, que servirían para un buen arrimo de su hacienda a la vuelta. Claro que para convencer a las tropas tuvo que dejar en las alforjas el viejo astuto las piezas de menor valor, algunas monedillas y la mercancía más trasnochada que andaba siempre al retortero. Desgraciadamente la suerte hoy no le acompañaba y sabotearían parte de su trabajo. Con mucho primor cubrió bajo tierra el ajuar de plata más valioso, para rescatarlo cuando el peligro hubiera pasado. Sekilo y su familia ignoraban entonces el triste destino que les esperaba. Y para la Historia quedaría enterrado en la espesura de la Sierra durante cientos de años el TESORILLO DE LOS ALMADENES.
martes, 21 de mayo de 2013
VISITANTES EXTRA...?
El anhelo y la esperanza de muchos blogueros y demás del espacio etéreo, de casi todos, es contar con una nómina elevada de visitantes. Todos queremos, de alguna manera, que lo que escribimos o comunicamos de una u otra manera sea los más difundido posible; que nos visiten cuantos más mejor; que nos conozcan y se alarguen nuestros tentáculos hasta lo más largo del horizonte. ¡Ay, sueños..., dulces sueños de vanagloria! Aunque no todo el mundo aspire a las mismas cosas, ni las necesite; sin embargo algo hay de verdad. Día tras día asistimos al contento de muchos porque el número de visitantes es tal o cual, porque ha aumentado y ven que empiezan a tener difusión, se les conoce más, se les lee a diario..., y también cuentan con más poder, porque no decirlo. La tarea es ímproba las más de las veces (en nuestras más elevadas aspiraciones), y hace falta ser especialistas en la materia: no basta con tener buenas páginas o magníficos contenidos, ser dinámicos y hasta singulares...; la cosa es más compleja que todo eso. Las leyes del marketing y del mundo comercial aquí son acuciantes, y hay que saber vender el producto más por fuera que por dentro; con los todos los recursos a tu alcance, sobre todo con enlaces que alarguen de manera exponencial tu pequeña plataforma. No es nada fácil. La mejor prueba la tenemos en las cortas estadísticas que se nos ofrecen sobre las páginas de la comarca o los blogs mejor situados. Es verdad que aquí alcanzan buenísima repercusión, y se les lee (a algunos) casi a diario de forma considerable..., pero en una proyección más amplia son pecata minuta, prácticamente nada. Desgraciadamente, para todos nosotros y para las necesidades de la comarca deberíamos incidir en formas más agresivas de expandir nuestros recursos, aunque para eso creo que son necesarias varias cosas (vamos, muchas). Primero ser conscientes de que los grandes y poderosos (a otros niveles) lo son también en la red, y ahí está Lady Gaga, el Papa o Casa Real..., y eso precisa de poco comentario, pues ahí tenemos una gran limitación. Lo difícil es lo otro, que un don nadie escale posiciones y salte la palestra de las proximidades, y para eso hay que dar pasitos de creatividad. Dice Alicia que, entre los muchos existentes, el espacaratismo es siempre importante como recurso..., y lo será sin duda, por eso de la provocación y la captación de mirada. Bueno, pues será así.
lunes, 20 de mayo de 2013
Mensajería corta
Dicen las estadísticas y todo el mundo que lo corto gana; en eso de la mensajería. Lo sé y lo entiendo, pero en lo más profundo (de la cuestión) no me gusta. Ya he reiterado por activa y pasiva (y lo saben mis amigas y amigos) que me disgustan las naderías de cada minuto (si pongo o me quito el rimé, o si fulanita dice...), aunque todo el mundo esté como loco, como niños con zapatos nuevos enfrascados con el Galaxi de última generación. Lo cierto es que nos prodigamos en bagatelas ridículas que hacen la vida poco consistente. Las frases que empleamos son cada vez más breves y peor escritas, el lenguaje se acorta y con ello va también nuestro pensamiento (creo); las relaciones humanas son fluidísimas y al minuto, pero se está empobreciendo también la vertiente más personal (hablando con el aparatito) y se banaliza la vida de verdad, aunque nos parezca que nos conocemos más y mejor; aunque tengamos las ventaja, eso sí, de conversar de lo lindo con la otra parte del Orinoco mientras trabajamos. De esto ya he hablado cantidad de veces, y no es preciso repetirlo, pero lo que más me hace reflexionar es la superficialidad de todo, del borreguismo que supone estar al día, al minuto y al segundo de todo mindundi..., de lo que acontece en todas las instituciones (aunque de lo importante..., nada), con las grandes ventajas e inconvenientes que lleva la cosa aparejada. Todo es ya un pañuelo (como decían antes) y no hay cosa que se nos escape, pero entre tal vorágine de tuits que nos llegan al segundo resulta muy difícil discernir lo importante y lo banal, lo realmente relevante..., porque ya no existen casi prioridades ni las concedemos a nadie. Todo pasa a ser efímero e insustancial al cabo del día. Por esa misma razón resulta muy difícil impactar con nada a nadie: tienen que ser cosas muy buenas para calar; sobre todo cuando debes comprimir en muy pocos caracteres tu pensamiento. A fin de cuentas eso ya queda para los especialistas del marketing (esos sí que salen ganando), que saben manipular con habilidad y destreza con la frase corta y el trasfondo largo. Por eso a mí no me sirven casi de nada. Prefiero las distancias cortas y los argumentos asentados. No jugar al toque frívolo, pues casi siempre queda todo en eso. Y no digo que haya que denostar nada, pero para eso están los medios en las cosas, y la mensajería corta deja mucho que desear. Bastaría con hacer un recopilatorio (y te mueres de risa..., o de pena) de todo lo que has recibido (o mandado) en un mes. Es para pensarlo dos veces (ja, ja, jaaaaaaaaaaaaaaaa).
viernes, 17 de mayo de 2013
Mala Leche II
De verdad que hay momentos en que la frustración me gana; y no quiero. Cuando se pasa de la realidad a la política de alto copete te pierdes (yo me pierdo)..., y si no mirad los discursos de nuestros gerifaltes hablando del tema de la leche. Qué fácil resulta echar discursos sembrados de demagogia cuando es simplemente hablar y ya no se está implicado en el asunto (aunque se esté, o se haya estado hasta la médula). Una trabaja a ras de suelo en lo más doméstico de la ganadería y solo se ocupa del comer y del ordeño de las vacas, y qué lejos se encuentra ese mundo de los mercados que nos manipulan los precios, de los distribuidores que se enriquecen a nuestra costa..., de los distribuidores y marcas blancas que deciden arriesgar márgenes a tenor de otros beneficios; y de los políticos que cohabitan (en buenas habitaciones) con los problemas de los demás para el sostén de su peculio y su sillón. No dudo que el problema de la leche sea complejo, que lo es, pero seguro que se viene fraguando desde hace años cuando en la política europea se han definido cupos, se ha volcado la producción hacia Francia (con el consentimiento de alguien), o se ha descompensado la producción y el consumo en España; asfixiándonos ahora al gastar más de lo obtenemos de beneficio. Tal vez es que somos tontos (los del sector, seguramente que no hacemos lo que podemos) y no somos capaces de encontrar los cauces de solución, y seguro que habrá que seguir vías de lucha en unión con otras regiones, con la Competencia y la Intersectorial láctea; pero un problema de estas dimensiones no pueden solucionarse desde la perspectiva simplista del ganadero..., que yo pienso que pinta poco, porque las grandes decisiones no son de aquí de España, ni de un partido ni de otro (ya se ve como está la cosa desde hace años con diferentes gobiernos), sino que no ha habido una política clara por parte de nadie vislumbrando el futuro. ¿Quién ha detectado el problema a pesar de estar latente desde hace mucho?, ¿por qué no se han garantizado esos márgenes necesarios y se deja que ruede la pelota boba?, ¿Por qué hay que estar mendigando a los gobiernos cuando en la comarca (en todas las comarcas) hay representantes de todos y conocen la problemática? Difícilmente puedo llegar yo a ninguna conclusión, y sé que tenemos que empeñarnos hasta la médula y donde haga falta..., porque no queda otra solución. Pero mi reflexión se atiene simplemente (aquí) a esa crítica facilona de echar balones fuera, de reconocimiento del problema pero de no ofrecer soluciones ni apoyos ciertos. Hablar es muy fácil y hasta te mantiene bien sentado cuando no vives de la leche. Otra cosa es dejarte aquí la sangre y que dependa tu vida de esos gobiernos que no se sabe ni donde están...; de estos mercados que parecen fantasmas trufados de malicia...; de esa Competencia que suena a gallina hueca, o esa intersectorial cuya consistencia parece de porcelana. Lo dicho, entre las verdades de necesidad, sobre lo que hay que hacer y debe hacerse para subsistir, navega también la frustración de la gente que somos del campo y vivimos del ganado. Aunque desgraciadamente (o lo contrario) somos los que tenemos que resolver el problema. Los políticos son de otra madera y están para otras cosas (ja, ja, ja).
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