sábado, 10 de marzo de 2012

Claridad..., ha nacido


Las vacas no entienden de Domingos; ni de fiestas ni botellones. La Niña, hija de la vaca Grande, y nieta de la Escuadrilá ha sido madre. Esta madrugada se ha producido de nuevo el milagro de la naturaleza, el nacimiento de una vida que siempre te deja sorprendida, aún con la desazón del incordio y el trajín de una larga paridera. Estos últimos días barruntaba mi padre que la cosa no terciaba en recto, y desde siempre sé que tiene una vista de cuidado; que ve criar la hierba (que decimos en mi pueblo), y por lo bajilis le escuché que la cría no venía bien; que hacía extraños la Niña que no le gustaban ni un pelo. Y el pronóstico se cumplió, pero en mala hora, como siempre pasa. A las cinco de la mañana nos llamó a las niñas (como nos dice cariñosamente, aún veinteañeras) para el parto de marras. La pobre estaba sufriendo con vehemencia y en silencio, porque el becerro venía completamente retorcido y en mala pose. Ya no era posible esperar, ni deliberar a cielo abierto en el paridero de la vaqueriza con luna de rondón. Vero se puso manos a la obra, que tiene un tiento de comadrona como no he visto en la comarca; sabe y entiende más que nadie, y en la experiencia ha ganado ya cátedra. Mi padre la deja hacer porque apaña de verdad los partos difíciles, y le ayuda por detrás con auxilio de cirujano jefe. Primero probamos de pie, abriéndole los cuartos como cuñas y colocando con paciencia aquel escorzo imposible, porque ¡Dios, que mal venía! Finalmente la tumbamos para menguar el esfuerzo del animal que a la hora y media se hacía imposible. Qué sufrimiento de todos, abriendo y apretando, tirando y reteniendo, cambiando...Vero sudaba como un atleta en diez mil metros, secándola yo con tesón y sin estorbo; calmando también al animal con friegas en el cuello, mirando su rostro compungido, exangüe, sin respiración y su mirada exhausta al infinito. Qué manera de echar berrón por los hocicos..., qué tensión más dura de las carnes..., qué calma de mi padre tentando el vientre y serenando al animal. Porque hace falta tesón y calma a un mismo tiempo; parar y arrancar en un instante, penetrar bien las manos y mover con avidez, que el animal se queda trasmutado. Y suda Vero y yo agonizo en frustración completa, que no sé qué hacer..., ¡Que yo no puedo! Tiembla la noche clareada por la luna y el silencio escucha aquel dolor inmenso de la noche. Porque a la vida le cuesta nacer..., y la muerte cauta siempre espera en la sombra atolondrada. Después de dos horas bien cumplidas, por fin puso Vero la Cabeza en situación ¡Que alivio! Para tirar con fuerza y con fricción, sacando al gigantón por las dos patas. Vio el aura de la mañana nuestra sonrisa encontrando al principio de la vida, saboreando un pizco de Esperanza; tentando al destino con fiereza..., pensando que esta partida se la ganas. A fuerza de tesón y de osadía mi hermana consiguió sacar la marca de la vida. ¡Qué bicho, madre, nada me extraña en la vaca la perfidia! Es una becerra mastodonte que al sol mañero pudimos celebrarla. Padre dijo de ponerle el nombre de imperiosa, por eso de la espera y tenernos arrodilladas. Vero sentenció que ¡Claridad! por habernos hecho la luna de campaña. Y así la llamaremos a esta moza, que en el rintintín de la mañana, en poco ya se puso a cuatro patas, miraba obnubilada y casi anda. No ha dado una noche de cuidado, pero bien vale la vida esta de estampa: que se ha cumplido el milagro de la vida y una servidora se ha ganado el pan de la mañana. Acabado aquel calvario los tres nos quedamos como quietos, tomando esa pinta de aguardiente que tomamos en la gera de mañana. Es costumbre sana y buena para empezar la jornada. Aún me tiemblan las piernas, pero tengo la vista muy clara. A más de cuatro finolis, de esos de mochila en ristre, senderistas de pacotilla, y rumiantes de vaguada, les daba mañanas de éstas, con mil dolores de espaldas: ¡quieren vivir sensaciones..., y en la vaqueriza no faltan!

viernes, 9 de marzo de 2012

Leer..., con pasión


Leer con pasión es también vivir con pasión e intensidad; porque la lectura, bien hecha, no nos deja nunca indiferentes. Más bien todo lo contrario. Algunas personas malinterpretan leyendo a ratos, figurando que leen, en el tiempo de ocio como un lapsus en el sinvivir existencial; otros, lastrados por las imposiciones (academicistas), leen sin deleite, a tragullo y sin ver en ello más denostación que la de un trabajo odiado; tampoco son loables las dejaciones de quienes, por ignorancia y sin adecuada formación (desgraciadamente), denostan la lectura como a un bicho raro que contagia o enferma, u otras consideraciones variopintas cargadas de ingenuidad y gracejo: como la de mi padre, diciéndome aquéllo de que voy a dejar el capital en los libros. A lo que respondo yo también con pericia, y lo dejo pensando: ¡No padre, al contrario, que compro el alma de un autor por cuatro euros! A veces (con demasiada asiduidad) no nos paramos a pesar lo que decimos y hablamos a la ligera, pues si lo hiciéramos con raciocinio nos daríamos cuenta de las barbaridades que decimos. Creo que es más que evidente que la lectura no es simplemente un pasatiempos, como quien juega a las cartas, sino una actividad vertebradora de nuestra existencia como seres inteligentes. La lectura nos hace grandes porque sirve como cuadratura del mundo, pues como decía Molesini el lenguaje es el límite del mundo, y en la medida que nuestro lenguaje se amplie o reduzca así lo hará nuestro pequeño mundo. En el mismo sentido habla Marina (sintetizando a otros, claro) señalando que la estructura de nuestra inteligencia es lingüística, y es completamente cierto, pues nuestros conceptos, expresiones, afectos, etcétera se fraguan en el horno del lenguaje; quien más lee más comprende, mejor se expresa y capta con suficiencia la carga afectiva del lenguaje; basta con escuchar a un cualquiera (que mal suena, perdón) para conocerle muy a fondo, digo yo con frecuencia. Por ello cuando leemos no solamente nos divertimos con argumentos literarios, sino que asimilamos estructuras y palabras, sentimientos y actitudes a las que quizás no podríamos llegar de otra manera. Cicerón era bien elocuente –nadie lo dudará–, y decía que para hablar bien es imprescindible leer. Son los grandes maestros de la Literatura los que nos enseñan el fondo del hombre en toda su verdad y crudeza; ¿Cómo podríamos si no entender de verdad la ambición, la fidelidad, el egoísmo, la amabilidad..., si no fuera por Shakespeare en Macbeth o El Rey Lear, a Dostoievski en su Crimen y Castigo, Unamuno en Abel Sánchez y La Tía Tula o el Pascual del ingenioso Cela? Ellos y solo ellos han sabido penetrar en los entresijos de la conciencia, en los recovecos del alma y en las cavernas del corazón. A través de ellos aprendemos nosotros, simples mortales (ilusos). Nuestra precaria existencia no nos ofrece a la mayoría más allá de ingenuidades. De forma estridente, sarcástica y elocuente sacaba rápidamente a flote Cervantes en el Quijote el tema de los libros, quemándolos con fruicción, para corregir la locura-sabiduría del pobre D. Alonso: ¡Qué lección tan magistral dada por un genio que en quinientos años no ha sido aún tambaleado de la peana de la sabiduría! En boca de D. Quijote decía el genio universal una verdad como un templo: Quien mucho lee y mucho anda, mucho ve y mucho sabe. Es cierto que hay edades y momentos, pero siempre debemos leer con satisfacción e intensidad, como algo natural y constructivo. Hoy día tenemos una suerte extraordinaria, pues nuestro tiempo nos ofrece lecturas a niños y jóvenes, maduros y ancianos con distintas profundidades, temáticas y sensibilidades. Como decía Plinio el Viejo, no hay libro malo, y hasta el peor del mundo nos puede enseñar alguna cosa positiva. No sé si convenderé a alguien sobre lo que realmente pienso, y hasta resulto pesada –como dice mi padre– aún con argumentos de otros, pero todos ellos son los que realmente han dicho lo verdaderamente importante del Mundo. La mayoría de la mayoría decimos más bien poco, y a veces mal.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Cosas del Ayer


A veces me invade la nostalgia de forma un tanto irracional y paradójica. La actual situación agraria de la comarca (de las últimas décadas), a la sombra de la COVAP y otras cooperativas que han permitido nuestro desarrollo, han dejado ya en el olvido las briegas de nuestros abuelos en el campo, los sinsabores del terruño y la ingente zozobra en la subsistencia del pasado. Sin embargo, cuando oigo a mi abuelo en las cuitas de su memoria, desvencijada y perdida, me obliga a rumiar con detenimiento lo que dice: el trajín de las yuntas alzando durante jornadas el terrón sin prisa, sin mayor prurito que el de una necesidad sin recompensa; la poda y tala de la Vera con exquisito cuidado, controlando con esmero los pies centenarios con sabia innata de un ecologista avezado; el trajín sagrado de las cavas, linares y garroberas en las hojas de arriba, sin la prieta de un salario digno, pero con la honestidad y el pulso firme de una dignidad añeja que no se medía con el peso del mezquino dinero. Hoy no se podrían pagar las geras de nuestros abuelos ni con todo el dinero del mundo. Le oigo hablar del orgullo de la pardala en el laboreo, del tiento de la sementera y de las boyada como si lo vivera en el horizonte de su mirada; con cuanta verdad me habla de la limpia de la era en el ejido de San Martín, de la parva y del engorro del encalque, que desde niño vivió con la fruición de sus antepasados como actos sagrados inmutables. Y se le tiñen de lágrimas los ojos recordando a su hermana (mi tita) de viandera en palique imperdonable para quienes esperaban con anhelo el maná de la mañana al arrimo de la mies y de la hacina. A veces el abuelo me deja cuajada con el bello como escarpias, relatándome la rispia en la montanera, sus desvelos y desmanes (que de todo había por necesidad) al despunte del sol, que sonrojan a cualquiera viendo las piaras de cochinos que hoy mantenemos a millares. Ya no comprende Manuel ni la mitad de los artilugios que tiene Vero en la vaqueriza, pero la tez renegrida y los surcos de su cara conocen mejor que nosotras, cien mil veces, la sangre de nuestra tierra.

sábado, 3 de marzo de 2012

Mirada de Mujer


Hoy celebramos de nuevo el Día Internacional de la Mujer. De forma reiterada he dicho que no me gustan las efemérides de un día que subrayan las carencias más que las virtudes, las deficiencias más que una verdadera concienciación; y que ponen de manifiesto de forma manida que las desigualdades, injusticias y falsas discriminaciones positivas no son más que un alarde cínico en toda regla de nuestra sociedad. Realzar el día de la mujer no es otra cosa, desgraciadamente, que constatar nuestra inferioridad en el mundo económico, en el ejercicio del auténtico poder y de una mentalidad machista dominante. De un género denostado por la Historia que aún no alcanza principios de igualadad y consideración..., tristemente, porque ¡Cuanto camino nos falta aún por recorrer! ¡Cuanta jactancia nos sobra! Es cierto que hemos avanzado un montón y se camina en la buena dirección, sobre todo en el mundo del desarrollo occidental (que no en la mayor parte del Mundo), pero sigo viendo que las grandes empresas (y las pequeñas, también, excepto algunas valientes) están dirigidas por hombres; prevalecen los varones en gobiernos en los puestos esenciales (véanse los consejos de ministros europeos, las ejecutivas bancarias...), relegando siempre a la mujer a esas calificadas vicepresidencias que aplaudimos con euforia; se sigue utilizando descaradamente a la mujer como objeto sexual (y no al hombre en la misma medida)en los anuncionos y en nuestro entorno (piropos...); en los deportes es descarada la discriminación constante en la proyección masculina que se da al futbol, baloncesto, tenis...; en los toros, el ciclismo, etcétera, etcétera. Y para qué hablar de nuestros pueblos con las cofradías y hermanos que vemos una y otra vez sin rechistar..., porque son hombres y solo hombres los que sustentan la tradición, ¿no? Se vé que ahí no ha llegado aún la igualdad, ni el sentimiento ni los cupos. ¿Alguien duda de que todo esto es la mejor escuela para nuestros niños, que ven y escuchan a diario, que asimilan e interiorizan? Luego, descaradamente, insisten las instituciones y las leyes de que en la escuela se difundan principios de igualdad (ja, ja, ja...), de que celebremos días de la mujer (que no nos queda otro remedio) y que asistamos a las manifestaciones de violencia de género. Triste consuelo y desconsuelo cargado de llando y frustración, porque la dignidad de la mujer se alcanza en el día a día en nuestras familias, actividades profesionales, amistades, instituciones y medios de comunicación. Desgraciadamente quedan muchas décadas para tener tranquila la conciencia.

martes, 28 de febrero de 2012

Orgullo de ser Andaluza


Hace años que da reparo hablar con claridad sobre Andalucía, porque salta la liebre donde quiera que hables. Una buena parte de la gente que oigo está plagada de prejuicios, ideología, falsa humildad, recelos..., y un sinfín de postulados sobre la consideración de andaluces con orgullo. Desgraciadamente la política se ha incrustado en nuestras venas como un veneno que no somos capaces de metabolizar, y unos y otros partidos nos han creado un sentimiento contradictorio: para unos es una catetura provinciana, entalteciendo los valores supremos del estado y de la nación española (como si estuviera en contradicción una y otra cosa); para otros es el signo de identidad de su partido (de forma un tanto excluyente) y, valorando lo andaluz, descalifican a todos aquellos que no ponen el énfasis en lo identitario; un tercer grupúsculo convive con lo andaluz, pero sin subrayar demasiado la bandera y con complejo de serlo, a pesar de que se alardee con la boca chica. La mayor parte de la gente sencilla no entra siquiera en el debate, que está profundamente contaminado y sesgado por todas las partes; pero en el fondo creo que todos nos sentimos andaluces con mucho orgullo, sin necesidad de enarbolar banderas innecesarias (sin menoscabo en usarlas), porque a pesar de las muchas diferencias que nos distinguen a tantos andaluces participamos de unos rasgos comunes que nos definen y singularizan. No sé si tenemos una Historia en común, que es muy discutible en la anchurosa senda del tiempo y del espacio, o un territorio que es inmenso en el solar ibérico (y muy dispar), pero lo cierto es que hay coincidencias marcadas entre todos nosotros para bien. Los ejemplos son estridentes e innecesarios. A pesar de la diversidad lingüística, que es mucha, cuando mis amigas (que somos de Los Pedroches, Málaga y Granada) y yo vamos por el norte de España y Europa nos reconocen al minuto, y nos sentimos orgullosas de tener una forma propia de expresarnos; también cuando observamos que nuestro estilo de vida está muy definido frente a otros espacios y culturas, y no es ni mejor ni peor, pero sí distinto. No es simplemente el topicazo, pues son datos objetivos, con todas las matizaciones que se quiera hacer (que son muchas). Claro que discrepo de esas falsas tarjetas de presentación que nos cuelgan (o nos colgamos) sobre cientos de cosas (alegría, lo mejor del mundo...), pero con la denostación de esa globalidad también va con ello mucho de lo que es nuestro de verdad. Es cierto que el grado de concienciación sincera del andalucismo es retardatario, y las fórmulas políticas fueron precarias, pero nuestros antepasados no vieron ni formas políticas identitarias ni partidos políticos desencantados o descalificadores, y sintieron siempre sus diferencias y rasgos propios; los romanos delimitaron muy bien la Bética, hace mucho tiempo, y no habíamos empezado a andar. No sé si como algo bueno o malo, porque eso depende de muchas cosas, pero yo sí que lo califico de positivo. Estoy orgullosa de mi tierra de Los Pedroches y de los vínculos territoriales y culturales con Andalucía (sin negar otros que también nos tocan), que nos conforman con una serie de características que me gustan, y no reniego de ellas. Creo que no es nada raro –porque como dice Arguiñano– somos lo que comemos: y si hemos nacido aquí, y nuestros caracteres y formas nos los ha condicionado esta tierra, debemos sentirnos al menos reconocidos; si hemos heredado algo de todos los que han vivido y pasado a través del tiempo, pues también será en parte un legado para agradecer. No me gusta el chovinismo, pero tampoco esa desafección que algunos proyectan con miradas ideologizadas (creo) para enaltecer valores nacionales, como si reivindicar Andalucía supusiera entrar en contradicción en algo; sobre todo cuando es bien sabido y reconocido que desde nuestra espina dorsal hasta el último músculo nos unen a la Iberia sempiterna que rota en el globo en asonante entre África y Europa. A mí no me da grima decir que estoy orgullosa de ser andaluza, sobre todo haciéndolo desde lo más hondo que conozco de nuestros antepasados y su dignidad. Para gustos están los colores.

lunes, 27 de febrero de 2012

El Temblor del Héroe




La trama archiconocida (ya) en torno a un profesor de Filosofía jubilado, que sufre el síndrome de apatía, inactividad, alejamiento de las aulas y alumnos, etc. Arropado por un matrimonio de traumatólogos a quienes orientó de jóvenes en la filosofía de la vida, que ahora constituyen el único sostén existencial del protagonista. La obra es de corto fuste argumental y mayor (no tanto) trasfondo reflexivo-filosófico, si bien es mermada la atención al protagonista, derrotando hacia otros focos temáticos. Entiendo que la crítica incide un tanto de forma errática, sobredimensionando el papel de Román (profesor) y su apatía existencial, que aparece en el texto, pero no está ahí el nudo de mayor empaque en el libro (creo). El autor lleva (o carga) efectivamente el designio de su contradicción existencial, material y moral, pero el argumento vira con mucha fuerza hacia la relación homosexual de los protagonistas y proyecta bastantes hilachos de relato autobiográfico. Hace también Pombo un uso desmedido de su erudición y cultura, que aquí se me antoja petulancia y pedantería, pues el argumento no admite tanta cobertura filosófica ni su trasfondo; a mí me chirría esa facundia de sapiencia en una lectura tan menuda, que abochorna (si el autor fuera modesto). Nadie duda que D. Alvaro Pombo es culto (creo) y con posibles intelectuales..., pero aquí está de sobra la jactancia constante. Resultan un tanto ridículas e irrisorias las parlamentas filosóficas entre una traumatóloga (joven) y un viejo profesor, a manera de humanistas del Scholastico de Villalón del s. XVI. A pesar de todo se lee bien y rápido, porque su calado es corto, aunque presuma de porte metafísico, tanto al uso de los literatos. Lo del Premio Nadal 2012 debe obedecer, en no poca medida, a eso de vislumbrar el jurado en la erudición (si es que juzgan a ciegas las verdades de la Literatura) la sombra de un ilustrado con más que pruritos. Y en eso sí acertaron.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Taxidermia


Quería leer también esta publicación que desconocía, y que ha sido presentada varias veces en la comarca, pero la verdad es que las vacas no me dejan ni un momento. Ya lo he hecho. Es un conjunto de treinta relatos de carácter más o menos realista y surrealista (se persigue) en los que el autor desbroza un surtido de temas de actualidad (violencia de género, soledad, etc.), y ficción, desde lo más personal de su trabajo (periodista de sucesos) a relaciones familiares ficcticias y de pareja. En el trasfondo están los problemas humanos candentes de siempre: la soledad, el sentido de la vida, las fobias y filias, etc. hijos...mendicidad.
Desde el auxilio narrativo de la primera persona urde un compendio bastante desigual.Los capítulos son de distinta naturaleza y calado, en lo formal y en el contenido: desde los cortos de enfoque agresivo, y porte más surrealista, a los más alargados en discurso narrativo, más realistas y experimentales. El autor toma el asidero del relato corto sin entrar en problemáticas de profundidad literaria, cargando las tintas en esos trasfondos para la reflexión y el pensamiento; con punzadas críticas sobre los avatares existenciales de nuestro tiempo. Otras veces se avanza en relatos largos con mayores pruritos literarios, frenándose luego a las exigencias impuestas, como quien entra en burladero a trompicones. No faltan experimentos narrativos ni argumentales, aunque alicortos, reincidiento en el círculo narrativo que acaba siendo cansino y facilón. La obrita se lee bien y rápido. Es evidente que el señor Carrasco sabe escribir y se nota la profesionalidad de la pluma, con resortes periodísticos evidentes y secuelas de los géneros en los que está ducho; él mismo lo dice avalando el lenguaje corto y claro, contundente; con mensajes firmes y sin complicaciones. El trabajo resultante está cocinado por lo tanto con esos ingredientes del cocinero avezado en el género, el placebo de una literatura sin mucho riesgo, en el pase corto del relato, el aliciente de temas de actualidad que enganchan mucho por la tragedia humana incomprensible: la violencia de género, la mendicidad, la desarticulación familiar...el desasosiego existencial. Tampoco se arriesga mucho en el intento, y disfruta escribiendo el autor, y el lector no se disgusta, aunque las provocaciones argumentales se culminen en el ancho campo de la frustración humana. No está mal, para optimismo ya están los triunfitos faseados por los poderes mediáticos. Lo peor lo encuentro -como he dicho- en esas desigualdades y asimetrías en el planteamiento general de la obra, que simplemente parece un acopio hecho a tiempo parcial (que seguramente será así), sin armazón de conjunto y con disparidades graves en la composición de unos y otros capítulos. En la reflexión de fondo, pues sí, una lectora como yo está bastante de acuerdo en los mensajes y sus críticas mordaces. El título tal vez sea un tanto representativo y globalizador de la obra, pero no creo que sea muy válido a nivel de edición literaria, por eso de que el marketing tiene sus leyes: cuando vende el autor..., el título pasa a primer plano y no importa; pero cuando el autor es local y desconocido, y el título (literario)equívoco, puede ser un handicap para las ventas. No sé si estaré equivocada, pero en Santander, y con este título...Creo que el autor se reirá (a carcajadas) de esto último y me rebatirá con facilidad.

QUE PARE EL TREN EN LOS PEDROCHES

QUE PARE EL TREN EN LOS PEDROCHES
Vista Parcial de la Manifestación en la Estación de Villanueva