martes, 8 de febrero de 2011
La percepción de la comarca
También estoy yo de acuerdo con aquello de que para el presente y el futuro de la comarca es muy importante tener clara la imagen que damos hacia el exterior. A la vista de lo que se dinamiza y promociona (en las distintas instancias, institucionales y particulares) se podría decir que simplemente podemos ofrecer tradición y no modernidad, cuando eso no es cierto en absoluto; o no debe serlo. El asunto de las tradiciones ya está muy trillado, y a veces (las más) ni se proyecta debidamente la verdad de ese pasado que se quiere remembrar. Pero, bueno. Lo interesante es impulsar otro tipo de cuestiones que viren más hacia la modernidad, la juventud, la tecnología e innovación, la creatividad y otros sectores. Hasta en lo más tradicional nos aferramos a las perspectivas trasnochadas, porque ¿Es que no se pueden plantear museos mirando hacia adelante? ¿Es que no se le pueden dar otros enfoques más actualizados en el formato y en lo que se presenta? La Música, el Arte, la Literatura, La publicidad, la educación, la naturaleza, la informática, ...deben de abrir nuevos campos de actuación, perspectivas distintas a lo que otros presentan. Claro que no es fácil encontrar caminos, y hay que buscarlos, sobre todo para no incidir siempre en lo mismo. Porque el reclamo ha de ser sonoro, distinto, novedoso, llamativo, especial...Hay que pensar...
lunes, 7 de febrero de 2011
La matanza y el remedo de la tradición
Está bien que se revitalicen las tradiciones, que se recuperen y que los jóvenes tengan cierta imagen y crédito de lo fueron. No voy a ser yo una detractora de estas remembrazas de antaño. Sin embargo sí quiero dejar constancia que las esencias de aquello se pierden necesariamente. Bien es verdad que hay una recreación de la fiesta y el regocijo, de los procesos y de las carnes, del ambiente rural y un sinfín de cosas más, etc. Pero la matanza familiar era otra cosa, porque iba mucho en ello. Era ante todo familiar y muy familiar (con allegados de verdad)y el clima que se creaba en cada casa poseía una fuerte personalidad, muy distinta en cada uno de los hogares (aunque pareciera lo mismo); también las formas de abordar el despiece en cada casa tenía sus singularidades, así como los aprovechamientos en cada caso (que no erán idénticos). Los cuadros humanos y su dinámica interna en cada caso eran definitorios. Era una actividad tan completísima en matices que requeríría un sinfín de matizaciones, que ahora no vienen al caso. Simplemente quiero manifestar el sabor agridulce que me producen estas recreaciones institucionalizadas (Día de la matanza, etc.)de hecho tan personales, con vivencias tan nuestras, singularidades tan grandes y dispersiones de gran calado. Al menos yo lo veo así, porque con mis pocos años he participado en mi pueblo en muchas matanzas, pero ninguna igual, y en ello estaba la tremenda riqueza de unas vivencias dispares sobre un mismo fenómeno (y no me refiero, por supuesto, a la percepción lógicamente diferenciada que tenemos de cada acontecimiento día a día).
viernes, 4 de febrero de 2011
Las ciudades de la luz
Hace tiempo que leí este libro del novel pozoalbense, y ahora que se alza como candidato al premio Solienses me apetece comentar algo sobre él (el libro). Sobre el premio tengo poco que decir, porque me parece bien que se promocione la cultura de cualquier manera, y muy especialmente a través de la literatura.
La ópera prima del autor se presenta al lector con los oropeles del prologuista –Sánchez Dragó– y de los correspondientes reclamos de las subsiguientes presentaciones. La obra de Redondo Jordán se plantea en principio, desde su formato y propio título, como un cuaderno de viaje, con un presumible contenido que avalará el viejo género literario. Lo empecé a leer desde que tuve noticias de la obra, sobre todo por los exornos y las prédicas tan positivas que dimanaban del autor novel. Realmente lo hubiera leído de todas formas, porque me interesa saber qué y cómo se escribe en nuestra comarca (aunque mis apetencias son plurales); las inquietudes y la creatividad que despliega nuestra tierra en tantísima gente que proyecta, hace, escribe, lee, pinta, etc. (que creo que es mucho más de lo que en realidad emerge a la superficie, y que desconocemos). Con este libro me ha pasado lo que suele ocurrir con las obras (de cine, literatura, etc.)que se encumbran en demasía y en los que estás condicionada para esperar grandes resultados. Pues bien, a veces a realidad es otra, o en todo caso no es lo que una presumía. En esta hay de todo, bueno y menos bueno, certezas en los halagos pretéritos y esperanzas defraudadas. Jordán se esfuerza por perseguir los tópicos del viajero solitario, asocial, introspectivo, bohemio, reflexivo y meditabundo, afecto a la muerte y comprensivo con el viaje de la vida..,etc. Esta perspectiva me agobia de verdad, sobre todo por ese esfuerzo tan cargado de voluntad por parecer raro, distinto y distante..., y creérselo. En cuanto al género está claro que no es solamente un libro de viaje, sino que hay más y menos en cuanto a ello se refiere. Mirada la obra en conjunto a nadie le pasa desapercibida la mezcolanza (Madrid, Burgos..), porque sí es verdad que hay viajes, pero también otras muchas cosas. La trama me parece un tanto deshilachada, porque el hilo quiebra en numerosas ocasiones; y el lector a veces (muchas) tiene la sensación de que son historias trabadas y urdidas con una artificiosa unidad. El propio género (literatura de viaje) se pierde desde el inicio, porque el autor nos sumerge en un Madrid que el viajero conoce de cabo a rabo, y está desencantado con sus miserías, cotidianidad, el desengaño del que lo conoce bien, etc. Como lectora (de un viaje de otros) me gusta que el viajero se sorprenda, que descubra realidades, que se deslumbre (o lo contrario) con razones y verdades inéditas; aquí no hay perplejidad que valga, porque lo que se traduce es el desencanto de una mirada sedimentada en las percepciones diarias (no de un viajero). En su descargo está, tal vez, que el viaje aún no había comenzado. Bueno. El viaje propiamente dicho no desdice para nada lo anterior, porque el París que nos retrata poco tiene de novedoso, ni de sorprendente más allá de los cuatro tópicos; tampoco entiendo muy bien la insistencia por sumirnos en el romanticismo al ultranza de visitar varios cementerios a pesar de sus atinadas reflexiones; vaya dispendio necrológico. Igualmente me parece Benarés, con la traducción simple y llana de la visión estereotipada del turista trasnochado, de las estampas tan reiteradas de una civilización tan alejada de la nuestra (pero de todos conocidas).
Los últimos capítulos me parecen un añadido sin argamasa al proyecto del libro, y no dejan de ser reflexiones interesantes –que lo son–, aunque para mí acaban siendo una pesada losa con cierta carga de culpabilidad. El escritor puede escribir lo que quiera (y así lo hace, sin discusión), pero no debe de olvidar (porque también lo hace) que luego entrega sus reflexiones a la imprenta, y el fin último somos los lectores.
Bueno, que tal vez me exceda, pero me ha parecido un poco desfragmentada y tópica la percepción del viajero, y muy severa y desmedida la adscripción al tópico literario (en muchos aspectos) sin necesidad.
Lo mejor también se percibe a distancia, porque Redondo escribe con calidad y pulcritud, tiene una pluma ágil y un lenguaje cuidado. También un contenido preciso (aunque no me guste) y dice lo que quiere decir, sin ambages; en todo eso sí que tiene bastante razón Dragó (persona non grata, por otras razones...), porque el lenguaje hay que saberlo utilizar, y Javier lo domina con suficiencia.
Para ser una ópera prima no tiene tacha la obra, sobre todo porque con lo anteriormente dicho está más que claro que tiene todo un futuro por delante para deleitarnos, y los pedrocheños estaremos encantados de leer y verle madurar en su obra.Enhorabuena.
La ópera prima del autor se presenta al lector con los oropeles del prologuista –Sánchez Dragó– y de los correspondientes reclamos de las subsiguientes presentaciones. La obra de Redondo Jordán se plantea en principio, desde su formato y propio título, como un cuaderno de viaje, con un presumible contenido que avalará el viejo género literario. Lo empecé a leer desde que tuve noticias de la obra, sobre todo por los exornos y las prédicas tan positivas que dimanaban del autor novel. Realmente lo hubiera leído de todas formas, porque me interesa saber qué y cómo se escribe en nuestra comarca (aunque mis apetencias son plurales); las inquietudes y la creatividad que despliega nuestra tierra en tantísima gente que proyecta, hace, escribe, lee, pinta, etc. (que creo que es mucho más de lo que en realidad emerge a la superficie, y que desconocemos). Con este libro me ha pasado lo que suele ocurrir con las obras (de cine, literatura, etc.)que se encumbran en demasía y en los que estás condicionada para esperar grandes resultados. Pues bien, a veces a realidad es otra, o en todo caso no es lo que una presumía. En esta hay de todo, bueno y menos bueno, certezas en los halagos pretéritos y esperanzas defraudadas. Jordán se esfuerza por perseguir los tópicos del viajero solitario, asocial, introspectivo, bohemio, reflexivo y meditabundo, afecto a la muerte y comprensivo con el viaje de la vida..,etc. Esta perspectiva me agobia de verdad, sobre todo por ese esfuerzo tan cargado de voluntad por parecer raro, distinto y distante..., y creérselo. En cuanto al género está claro que no es solamente un libro de viaje, sino que hay más y menos en cuanto a ello se refiere. Mirada la obra en conjunto a nadie le pasa desapercibida la mezcolanza (Madrid, Burgos..), porque sí es verdad que hay viajes, pero también otras muchas cosas. La trama me parece un tanto deshilachada, porque el hilo quiebra en numerosas ocasiones; y el lector a veces (muchas) tiene la sensación de que son historias trabadas y urdidas con una artificiosa unidad. El propio género (literatura de viaje) se pierde desde el inicio, porque el autor nos sumerge en un Madrid que el viajero conoce de cabo a rabo, y está desencantado con sus miserías, cotidianidad, el desengaño del que lo conoce bien, etc. Como lectora (de un viaje de otros) me gusta que el viajero se sorprenda, que descubra realidades, que se deslumbre (o lo contrario) con razones y verdades inéditas; aquí no hay perplejidad que valga, porque lo que se traduce es el desencanto de una mirada sedimentada en las percepciones diarias (no de un viajero). En su descargo está, tal vez, que el viaje aún no había comenzado. Bueno. El viaje propiamente dicho no desdice para nada lo anterior, porque el París que nos retrata poco tiene de novedoso, ni de sorprendente más allá de los cuatro tópicos; tampoco entiendo muy bien la insistencia por sumirnos en el romanticismo al ultranza de visitar varios cementerios a pesar de sus atinadas reflexiones; vaya dispendio necrológico. Igualmente me parece Benarés, con la traducción simple y llana de la visión estereotipada del turista trasnochado, de las estampas tan reiteradas de una civilización tan alejada de la nuestra (pero de todos conocidas).
Los últimos capítulos me parecen un añadido sin argamasa al proyecto del libro, y no dejan de ser reflexiones interesantes –que lo son–, aunque para mí acaban siendo una pesada losa con cierta carga de culpabilidad. El escritor puede escribir lo que quiera (y así lo hace, sin discusión), pero no debe de olvidar (porque también lo hace) que luego entrega sus reflexiones a la imprenta, y el fin último somos los lectores.
Bueno, que tal vez me exceda, pero me ha parecido un poco desfragmentada y tópica la percepción del viajero, y muy severa y desmedida la adscripción al tópico literario (en muchos aspectos) sin necesidad.
Lo mejor también se percibe a distancia, porque Redondo escribe con calidad y pulcritud, tiene una pluma ágil y un lenguaje cuidado. También un contenido preciso (aunque no me guste) y dice lo que quiere decir, sin ambages; en todo eso sí que tiene bastante razón Dragó (persona non grata, por otras razones...), porque el lenguaje hay que saberlo utilizar, y Javier lo domina con suficiencia.
Para ser una ópera prima no tiene tacha la obra, sobre todo porque con lo anteriormente dicho está más que claro que tiene todo un futuro por delante para deleitarnos, y los pedrocheños estaremos encantados de leer y verle madurar en su obra.Enhorabuena.
miércoles, 26 de enero de 2011
Hija de Sexto Mario
Acabo de leer la obra de María Antonia Rodríguez de Pozoblanco, que ya tenía ganas, y veo que en la comarca hay buena veta literaria (al menos en este caso). La novela retrata muy bien el contexto de la Roma imperial de Tiberio, las cuitas e intrigas de un mundo corrupto que transita por los senderos de la degeneración política y social, las conspiraciones del poder e insidias de un demente en el Imperio. La trama se focaliza en un círculo próximo al poder, protagonizado por una hija adoptada por el poderoso Mario Sexto (El hombre más rico de las Hispanias), desarrollándose una historia de amor en una secuencia de peripecias e intrigas de aquel contexto romano e hispano.
La obra es de fácil lectura y amena, con una pluma muy fluida y precisa en la utilización del lenguaje; bastante bueno, por cierto, con riqueza formal (en el léxico y en la semántica) y un sentido muy fino para buscar la expresividad. Tal vez la trama resulte un tanto insulsa y poco prieta, pero no carece de argumento, aunque aparece un tanto fragmentario a veces. La caracterización de los personajes es atinada, y aunque no se profundiza en exceso en ellos, sí que adquieren la suficiente consistencia para dotar a la trama de contenido, y en ocasiones no le faltan matices desde un punto de vista psicológico. La mayor virtud de la obra, y tal vez el mayor defecto, lo encuentro en la contextualización. Es una componenda literaria muy bien arbitrada en el marco histórico de Tiberio, y se retrata con bastante verdad esa esfera densa de Roma tanto en el marco político como en el contexto vital; sin embargo, encuentro que la autora extrema en exceso la contextualidad en las formas, en la utilización de un lenguaje de cartilla, presentándonos con insistencia discipular el contexto (con nombres, lugares, instituciones..., etc.) para demostrar un asentamiento espacio-temporal que no es preciso. El lector comprende (debe comprender) el contexto sin tanta minucia que parece buscar la aquiescencia y aprobación de que se conoce el período, los detalles, etc. Nadie duda de que su documentación ha sido abundante y existen datos más que sobrados para situarnos en el espacio-tiempo.
Mi enhorabuena para la escritora, que día a día se consagra en su capacidad y personalidad literaria, y sobre todo, en escribir novelas más que aceptables, que de estar apoyadas por otros emporios editoriales alcanzarían la debida resonancia y notoriedad que se merece a nivel nacional. Esta novela me parece de cierta altura (muy aceptable), sobre todo porque disfrutas leyendo, más allá de los recursos, del género, de las múltiples cuestiones con que se puede enriquecer o criticar, etc. Esta es al menos mi opinión (en todo caso discutible).
La obra es de fácil lectura y amena, con una pluma muy fluida y precisa en la utilización del lenguaje; bastante bueno, por cierto, con riqueza formal (en el léxico y en la semántica) y un sentido muy fino para buscar la expresividad. Tal vez la trama resulte un tanto insulsa y poco prieta, pero no carece de argumento, aunque aparece un tanto fragmentario a veces. La caracterización de los personajes es atinada, y aunque no se profundiza en exceso en ellos, sí que adquieren la suficiente consistencia para dotar a la trama de contenido, y en ocasiones no le faltan matices desde un punto de vista psicológico. La mayor virtud de la obra, y tal vez el mayor defecto, lo encuentro en la contextualización. Es una componenda literaria muy bien arbitrada en el marco histórico de Tiberio, y se retrata con bastante verdad esa esfera densa de Roma tanto en el marco político como en el contexto vital; sin embargo, encuentro que la autora extrema en exceso la contextualidad en las formas, en la utilización de un lenguaje de cartilla, presentándonos con insistencia discipular el contexto (con nombres, lugares, instituciones..., etc.) para demostrar un asentamiento espacio-temporal que no es preciso. El lector comprende (debe comprender) el contexto sin tanta minucia que parece buscar la aquiescencia y aprobación de que se conoce el período, los detalles, etc. Nadie duda de que su documentación ha sido abundante y existen datos más que sobrados para situarnos en el espacio-tiempo.
Mi enhorabuena para la escritora, que día a día se consagra en su capacidad y personalidad literaria, y sobre todo, en escribir novelas más que aceptables, que de estar apoyadas por otros emporios editoriales alcanzarían la debida resonancia y notoriedad que se merece a nivel nacional. Esta novela me parece de cierta altura (muy aceptable), sobre todo porque disfrutas leyendo, más allá de los recursos, del género, de las múltiples cuestiones con que se puede enriquecer o criticar, etc. Esta es al menos mi opinión (en todo caso discutible).
lunes, 24 de enero de 2011
Enero camina por sus fueros
Pasa raudo Enero, como casi siempre, y camina por sus fueros climatológicos. El frío del pasado fin de semana, que aún persiste con mayor moderación, revive para mí tiempos pasados; al menos este es el panorama que más recuerdo de mi infancia, con frío cortante, ambiente gélido en el campo con las vacas y carámbanos hasta en los charcos. Se te congelaba el aliento cuando salías de madrugada a echar de comer al ganado, que casi siempre estaba cobijado en lo mása abrigado de las vaguadas, apiñados y con la mirada quieta (como himnotizdas). Hoy día les ponemos cubiertas y naves a la menor, y apenas si se observan las estampas del ganado totalmente campero. La verdad es que el frío invernizo de rigor, después del tempero de los meses anteriores, se ha suavizado bastante en los tiempos que corren. Creo que no solamente es una apreciación superficial mía, porque los hombres del tiempo vienen registrando alzas considerables en las temperaturas; y vale simplemente como ejemplo los pasados días de Enero, que en buena parte de España (y aquí también) alcanzaron temperaturas inapropiadas. Me decía Marío (el de la Vera, de Extremadura) que hasta el almendro estaba confundido y había abierto antes de tiempo. Pues eso deja claro el asunto. Con todo y con eso el frío que pasé ayer en la talanquera del bajuelo me dejó helada la sangre. Mi hermana decía que somos ya unos flojos, y no le falta razón.
viernes, 31 de diciembre de 2010
Feliz Año Nuevo 2011
Ya está aquí el nuevo año. Felicitar a todos el Año Nuevo es quizás la frase más manida, pero de verdad os deseo a todos que entremos con nuestros mejores deseos. Creo que todos y cada uno de nosotros debemos no solamente felicitarnos, sino hacer todo lo que esté en nuestras manos para facilitar la convivencia a los demás. Desear, sí, pero también poner nuestro empeño en mejorar y corregir errores; en mirar la vida con el mayor de los optimismos y no ver siempre la botella medio vacía. Las cosas salen mejor cuando deseamos que vayan enderezadas, cuando ponemos de nuestra parte un granito de arena y todos los demás hacen lo propio. Debemos aplicarnos el cuento en lo personal, en el entorno más próximo y en lo más lejano. A fin de cuentas, la vida la construimos nosotros y solo nosotros..., y si realmente queremos podemos caminar con mayor optimismo,avanzar y progresar, mirar en positivo y ayudar más y mejor a cuantos nos necesitan. Es tarea de todos. Feliz Año 2011, que seguro que nos dejará para la comarca grandes cambios que ya se vislumbran. Soñar..., es el primer paso para conseguir grandes realidades.
domingo, 19 de diciembre de 2010
Navidad a la vuelta de la esquina
Ya tenemos la Navidad a la vuelta de la esquina. Todos nuestros pueblos están ornados con hermosos elementos de época para ese periplo navideño y dar la bienvenida al nuevo año. Muy pronto disfrutaremos del solaz de unos días cargados de romanticismo. No sé si la Paz que se pregona y los buenos deseos, pero sí que se produce cierta laxitud sobre la tensión cotidiana. La vida se ve de otra manera y el espíritu, en general, se conmueve con buenos deseos para todos. La crisis seguirá siendo la crisis, los políticos seguirán siendo políticos y nosotros igualmente con nuestras bondades y maldades inherentes..., pero la atmósfera vital es un tanto distinta (o así la veo yo); y aunque sea un tanto superfluo y comercial, veremos la vida con otros ojos (o la queremos y deseamos ver). Las luces y esperpentos navideños son a veces un exceso (que debíeramos moderar), pero también representan un mundo de ilusión, la alegría de días distintos y algo de lo más hondo (y bueno) del ser humano que se proyecta en formas de alegría. No sé, pero vale la pena ser un poco optimistas ante tanta tristeza cotidiana, ante los malos augurios económicos, ante el horizonte poco claro...Tal vez si todos lo deseamos el mundo pueda cambiar un poco hacia formas más satisfactorias, hacia situaciones de mayor bonanza, hacia hombres más íntegros. Nuestra comarca también está inserta en todas estas dicotomías llenas de contrariedades políticas, económicas y de distinta índole, pero los distintos actos navideños nos harán soñar y vivir..., reflexionar y postular deseos para cambiar a mejor, para progresar y vivir mejor. Mis felicitaciones a todos en estas fechas navideñas.
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QUE PARE EL TREN EN LOS PEDROCHES
Vista Parcial de la Manifestación en la Estación de Villanueva